El miedo se clasifica en dos ramas.
Un miedo real y otro imaginario.
Un miedo objetivo y otro subjetivo.
Un miedo inherente y otro impuesto.
Un miedo aprendido y otro creado.
Un miedo concreto y otro abstracto.
Un miedo interno y otro externo.
Un miedo sincero y otro hipócrita.
Un miedo sencillo y otro complejo.
Un miedo claro y otro borroso.
Un miedo exclamativo y otro interrogativo.
Un miedo de alarma y otro alarmante.
Un miedo constante y otro instantáneo.
Un miedo individual y otro social.
El miedo al rechazo social: Prólogo.
Parásito de la consciencia humana que inocula un veneno supresor de la personalidad propia. Entonces la esencia del individuo se vuelve difusa y su comportamiento viene determinado por un patrón constante. Un chip alojado en la masa encefálica que responde de forma distinta dependiendo de la situación. Y todo esto por miedo. Miedo a no ser aceptados tal como somos o a la creencia de no ser aceptados. Entonces llega el momento de inventarse el personaje, de ponerse una careta para jugar al juego de la vida. Algunos llevarán el disfraz completo, mientras que otros se mimetizan con un promedio dando un efecto camaleónico. Y los que van sin careta quedan marginados, por miedo a que esto ocurra, todos a comprar caretas.
El miedo al rechazo social: Las redes sociales.
La degeneración o "desvirtualización" del concepto de red social en Internet sigue el mismo patrón de otros tantos inventos. Estos hábitos en el uso inadecuado se aceleran de forma vertiginosa, dando como fruto un abuso empresarial y publicitario. Escudándonos en la necesidad de encontrar un método de distracción, fomentamos esta mala utilización y cedemos al abuso a regañadientes. Pasamos de una distracción que debería tomar forma de divertimento, a la distracción como desvío de atención de cosas que realmente importan y caen al vacío. El problema del que se aprovechan las denominadas “redes sociales”, está en la necesidad de establecer lazos sociales a cualquier precio, ya que es más importante el cuánto que el cómo. Y descuidamos la caracterización fundamental de la unidad social, el individuo. Por tanto, sería lógico pensar que antes de formar lazos sociales insustanciales, habría que formarse como individuo, individualmente. En definitiva, formar tu personalidad y no ser un ente camaleónico de recipiente vacío. Para no dejarse arrastrar por una corriente en la que tienes una sensación ficticia de formar parte de algo o vagar hipnotizado por las voces de la uniformidad. Hay que conseguir establecer unas prioridades fuertes y unas convicciones firmes. Para poder aportar lo personal y diferente, arrimar el hombro, en vez de ser mecido por el día a día intrascendente.
Extra: De miedo, minimalista.
- Mamá, mamá. Que voy a tirarme de un puente con mis amigos.
- Pero, ¿tú qué pasa, que si tus amigos se tiran...
... me apunto, hijo.
Viendo cómo andaba la situación en el sistema nervioso central, el hígado de aquel individuo abandonó permanentemente su puesto de trabajo.
¿Dónde va Vicente?
Donde va la gente.
Gracias por servirme de ejemplo, Vicente.

PD: Sin que sirva de precedente, he de decir que estoy contento con la entrada. Puede ser la primera vez que consiga unir la temática de tres textos que no van juntos y que tenga sentido la concatenación de cada parte. Que estoy satisfecho, vaya. Y qué a gusto me he quedado.






