sábado, 7 de abril de 2012

Tríptico Hexadecimal.

El Día del Idiota.
En los albores del cuarto milenio, la ciudad de Nueva York seguía conservando su prosperidad. El progreso era notable aunque imperceptible para los habitantes de aquella época. La información era enviada vía Wi-Fi a las redes sinápticas neuronales, conectando directamente con el cerebro. Enviando así imagen y sonido de manera cognitiva, pudiendo almacenar el contenido imprescindible. La descarga de información que recaía sobre el individuo, era gestionada según sus preferencias, tanto públicas como privadas. De la misma manera, podía compartirse información o comunicación interpersonal de manera telepática, ya que cada ser humano era receptor y emisor Wi-Fi. Consiguieron que el cerebro no recibiese una sobrecarga, liberándole de gran parte de la pesada carga del control fisiológico. Microchips biológicos eran los encargados de la gestión eficiente del mapa celular y la transformación de materia por parte de los diversos órganos que conforman el cuerpo humano. De esa manera se detectaban y eliminaban con instantánea rapidez la aparición de mutaciones celulares y se remediaba el mal funcionamiento de cualquier área anatómica. El transporte y los viajes se realizaban a través de agujeros de gusano estables en células de teletransporte. Existían tres tipos de teletransporte: el dimensional, el multidimensional y las máquinas del tiempo. Cada uno tenía su señalización, así como terminales de entrada y salida, que se mostraban con discos nano-LED verdes y rojos, respectivamente. Ahí encontramos a nuestro personaje, en dirección a uno de los portales de acceso dimensional. La mala suerte hizo que cruzase por error un terminal de salida justo en el momento en que otra persona hacía uso del correspondiente terminal de entrada que se encontraba en el otro extremo. La consecuencia de juntar materia al mismo tiempo y en el mismo lugar, era letal. Poco podía hacer el microchip biológico ante tamaño error. La optimización de los recursos en toda escala, gracias a la síntesis de átomos por fusión nuclear como máximo exponente y la expansión tecnológica basada en biorobótica, hizo que los años se alargasen varios meses. Debido a que se encontró una posición más adecuada en distancia con respecto al Sol por su expansión de tamaño, pequeña pero perceptible. Eran necesarias nuevas efemérides que colocar en los días extensivos para su conmemoración. Así nació el Día del Idiota, dedicado a dicho sujeto, usuario del teletransporte. Había sido el primer y último accidente en el viaje dimensional, ya que a las horas siguientes se había creado una aplicación de alerta y de inhibición muscular en la aproximación a un terminal de salida dimensional, emitida vía Wi-Fi, por supuesto. Como era costumbre, la conmemoración idealista duró poco, ya que el Corte Inglés, actualmente conocido como Wal-Mart, la convirtió en una fiesta comercial y consumista. Después de todo, no había avanzado tanto…

El convencimiento del amor o el amor racional.
El amor es un gran conocido emocional pero un sinsentido racional. ¿Existe el amor racional? La respuesta, aunque subjetiva, sería un rotundo sí. Ya que ese sí responde a la pregunta, ¿tiene sentido amar? Evidentemente, un sentido emocional que encierra un sentido racional subjetivo. Transmutemos el amor en algo racional, dotemos al amor de objetividad pura. Siendo así, las palabras pueden ser necesarias pero no fiables. Cuando se quiere a alguien, aunque sea necesario, no tiene sentido decirlo. Decir “te quiero”, cuando el amor es verdadero, es insignificante para expresar verdaderamente el sentimiento. ¿Cómo explicar aquello que te hace hervir la sangre en las venas? ¿O que llega congelártela? ¿Cómo explicar esa explosión de vida? ¿O esa descarga de energía? ¿Cómo explicar ese desconcierto del raciocinio exacerbado? ¿O ese éxtasis mental? ¿Cómo explicar esa apoteosis? ¿O ese éxito absoluto? Bueno, explicarlo puede ser sencillo. Pero, ¿cómo hacerlo entender? Lamentablemente, no se puede. No se puede en los mismos términos en los que lo entendemos nosotros, pero sí pueden ser lo suficientemente próximos. Las palabras se quedan pequeñas y los hechos, aunque menos incontestables, tampoco son capaces de llegar a la verdad certera y suprema. El amor significa hacer partícipe a la persona amada de nuestra objetividad a la hora de querer estar con ella. Por lo tanto, es necesaria la confianza. La confianza en la objetividad ajena, en una razón extraña y no propia. Podría ser equiparable a la fe religiosa, aunque considero el amor una razón infinitamente más poderosa. Justo esta razón, por su condición, genera todo lo contrario, desconfianza. Es más fácil creer que no nos quieren, a todo lo contrario. Pero es un gesto de valentía poder aceptar el amor que nos profesan. Así como la inteligencia de saber compartir nuestra objetividad. Saber compartir el amor, lejos del pronunciamiento de un simple “te quiero”, que resuena a banalidad. El amor es racional.

Edit: "La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco".
PLATÓN

La letra con sangre, entra.
Hay una corriente de pensamiento popular que postula la posibilidad en la que los demás tienen que entender la esencia de un dogma de una forma determinada (si quiere ser de manera rápida y efectiva se hace uso de la violencia, de cualquier tipo de ella) sin dar más oportunidades para la comprensión. Dicen, “las cosas son como son”, bueno, ¿y cómo son? Es despreciable la intención de no hacer partícipe al prójimo, sino súbdito. La gran irracionalidad reside de la misma forma en aquel que lejos de indignarse, se siente cómodo en dicho papel. Cualquier concepto debe ser asimilado, entendido y analizado. Para que de esa forma, se cree opinión. Sin opinión se crea un dogma, con ella se crea razón. La diferencia está en la paradoja de basarte en ti mismo como propio fin, o en algo externo a ti. Si te basas en ti mismo, eres responsable de lo que decides. De lo contrario, ¿qué se es? Llegaría más lejos, ¿se es algo? También es cierto que en el mundo actual hay gestores de ignorancia y creadores de la misma. Son los mismos que manejan los hilos del dogma. El dogma no tiene porqué ser malo, pero de primeras debe generar la confianza suficiente como para intentar transformarlo. Pasar de dogma a razón, o dejarlo por imposible como algo con nulo poder de convencimiento. El análisis conlleva implicación. Quiere decir que te importan las ideas lo suficiente como para tenerlas en cuenta y al final desecharlas o aceptarlas. Compartirlas o no, pero siempre con el pensamiento del respeto a la idea, por alejada que pueda estar de nuestro raciocinio. El progreso en la gestión de la ideas sería de gran impacto a nivel social, o no.




PD: - Pero vamos a ver, chaval, ¿qué haces volviendo por aquí? Ya te dije que te estabas buscando un problema...
- Venía a darle una vuelta al binario. Y de paso felicito al blog, que cumplió años el 7 de Marzo. Doy entrada a la primavera. También felicito a mi hermana que cumplió a fin de mes. Todo esto a tiempo, sin lugar a dudas. Saludo a mis padres y pido la paz en el mundo, un Mikolápiz y un vasito de gazpacho. La cuenta, por favor.
- Le va a salir todo por ojo y medio y un beso.
- Tú si que sabes, bribón...
(Efectivamente, por si no se han dado cuenta, he dejado la medicación. Malditas sean las ganas de escribir).
¡Un abrazo!

lunes, 5 de marzo de 2012

Cumpleaños, ¡TaChán!

Marcial Básico, anciano sabio.
Un hombre bastante viejo dejó un legado de eterno conocimiento. Había convivido hasta el fin con sus ideas, le dio tiempo a transmitirlas con mayor o menor acierto y a inmortalizarlas bajo escrito. Curiosamente, un pequeño escrito con algunas frases quedó en el olvido. Por suerte, el escrito se recuperó y esa pieza de saber fue desentrañada. Condensó parte del pensamiento en siete frases. La primera rezaba, “se buscan pretextos para hacer cosas y para no hacerlas”. Según el resto del escrito, podemos adelantar que el anciano pretendía cambiar los pretextos por las convicciones. La segunda frase continuaba así, “no creo que algo sea importante porque yo lo piense, sino porque estoy convencido de ello”. Anteponer la idea a la consciencia del propio ser. Las frases seguían, “entender que lo que es bueno para uno mismo puede no serlo para los demás y respetarlo”. De esta manera hace una llamada a la empatía. La cuarta decía lo siguiente, “intentar transmitir una idea desde la soberbia es inútil, cada persona es capaz de sacar conclusiones propias. Debe transmitirse desde la humildad, sin ninguna pretensión de ensalzar tu propia idea”. Es posible que nuestra idea no sea la mejor pero al menos abre la puerta a la reflexión. La quinta frase tiene relación directa con la anterior, “si alguien sabe lo que quieres decir, podrá ayudarte en ese propósito”. Esto pone de manifiesto la dificultad existente entre lo que se quiere decir y lo que finalmente es entendido. La penúltima tiene una connotación bastante genérica, “el fin no justifica los medios, pero la intención debería ser capaz de justificar a ambos”. Parece complicado ya que esa intención nunca es una certeza, sólo lo es para uno mismo. La última frase parecía ser su pretexto, “hacer algo en lo que crees no es merecedor de premios, ni reconocimiento, se hace sin mayor pretensión que la de que pueda valer para uno mismo y si en el camino puede valer para algo o alguien, no podría entonces ser mejor premio (en cambio, siempre estará sujeto a castigo)”. Concluía que la realización del propio ser era razón suficiente para el impulso de efectuar una acción. Después de aquello, parece que aquel abuelo murió en paz. ¿Estaría o no en lo cierto? Tal y como decía él mismo, puede que para unos sí y para otros no. Y en el fondo, eso no debería ser problema.

Reencuentro.
El escenario mezcla de melancolía, que amargaba una estruendosa felicidad enmascarada, desbordaba en aquella sala. El silencio se quebraba en las palabras de un hombre.
- Gracias por volver.
- …
- Por volver después de acabar con aquel chaval repetidas veces. Después de haberle dejado sin aliento en infinidad de ocasiones.
- …
- Gracias a las personas que te han dejado volver. Las que han propiciado que ahora estemos cara a cara después de tanto tiempo.
- …
- ¿Por qué todo esto? ¿De qué ha servido?
- …
- Bueno, supongo que ha servido para traerte de nuevo hacía mí y eso es lo importante.
- …
- Puede que sea egoísta, pero necesitaba verte de nuevo. Necesitaba volver a verte, hablar contigo, saber de ti.
- …
- Seguramente, para mí ha sido difícil de comprender. Pero así es. Ya no hay miedo.
- …
- He suprimido el miedo lo suficiente como para volver a tomar riendas de mis propios actos. De esa manera soy responsable de sus consecuencias, ya que éstas no son producto de esos miedos. Y aunque aún flaquee a veces, he ganado un trocito de libertad.
- …
- Sé que después de tanto tiempo esto es difícil de creer. De hecho, soy incapaz de demostrarlo, salvo con mi voluntad. Esa voluntad llena de cabezonería, terquedad y tozudez.
- …
- Tampoco pretendo que lo creas. Sólo que te quedes el tiempo que consideres preciso, deseando que eso mismo fuese la eternidad. Aunque ya sé lo que es perderte y también la forma de volver a buscarte y finalmente, si hubiese suerte, encontrarte.
- …
- Sin miedo te digo que… Bueno, lo sabes.
En ese momento alzó la cabeza y con ella la mirada, hasta encontrarse con los ojos que esperaban justo en frente. Justo en ese momento, se dio cuenta que le hablaba con el espejo. La situación pareció no extrañarle, al revés, fue reconfortante.

Whenever, wherever, whoever? Forever.
Lo sabes sin saberlo realmente, es una sensación extraña. Una especie de paramnesia del pensamiento. Una idea que se aloja en la inconsciencia esperando a salir. Esperando el turno y que la llamen. En el plano consciente todo transcurre bajo la mayor de las normalidades. No obstante, en las profundidades esa misma consciencia no tiene la menor idea de la hecatombe que está por acontecer. La idea en estado latente espera, formando una crisálida perfecta. Necesita transformar su cuerpo en alas majestuosas con las que poder volar. Llegado el momento, siempre incierto, el receptáculo que la confina se funde, liberándola. De esta forma, bate las alas para llegar de una vez por todas a la ansiada consciencia. Al principio sufre un calor extenuante pero poco a poco cae en el abrigo de una calidez templada. Al final, con descuido, cae al frío olvido. Sabiendo que esa situación aproxima su muerte, vuelve a extender las alas. Regresa al mundo que la vio nacer, el mundo de las ideas. Regresa al estado inicial con ayuda del tiempo que no tiene inconveniente en dar marcha atrás. Ahí espera de nuevo la llamada.



PD: Ya que es mi cumple voy a dedicarlo, ¿no? Bien, se lo dedico a Antonio y Árbol, por leerme en silencio, mi gratitud. También a Yo y a Vick-al, por hacerlo con bastante más ruido, mi más sincero agradecimiento. De alguna forma, le dais sentido a mi juego particular de escribir. Y por último, me nomino con 3 puntos a mí mismo. Que me perdone aquel al que le hubiese gustado ser mencionado... En fin, otro año más y el blog también cumple años pronto... Cumpleaños, tachán.

domingo, 26 de febrero de 2012

Silogismo Prosaico.

El bosque no deja distinguir los árboles.
Históricamente se nos enseña a combatir por las ideas. Ponernos del lado de lo que consideramos el bien y luchar por ello con uñas y dientes. Como si nada más existiera, como si no hubiera mañana. Lamentablemente para todos los que seguimos esta doctrina, no es así. Luchar por tu verdad, no crea más que violencia. Cada persona tiene un punto de vista más o menos voluble, pero firme en según qué cuestiones. Intentar cambiar eso, es una insensatez. Hay que generar un ambiente sano para las ideas, para que puedan ser expresadas sin prejuicios, para que nadie tenga derecho a juzgar por como pienses. Hay que crear un ambiente de respeto y tolerancia. En el que la realidad se decida por mayoría, como no puede ser de otra forma. Pero en la que esa mayoría no esté controlada por el miedo o por la ignorancia. Una mayoría que tenga herramientas suficientes para crear su propia opinión. Ydejar de imponer, dejar de prohibir, dejar de atar las alas de quienes quieran volar libres. ¿Por qué se criminalizan algunas ideas? Ideas que no son violentas, ideas que pretenden un avance social y de pensamiento. ¿Por qué nos hacen creer en algunas ideas como malas? La razón está clara, por avaricia, egoísmo y deseo de poder. Deseo de seguir explotando al débil, a quien tiene menos recursos. Aprovechándose de su miedo, miedo que ellos controlan a su antojo. Y a partir de la ignorancia, tienen la certeza de poder controlar a esas personas. Hay que repartir cultura para poder abrir los ojos, para poder pensar por uno mismo y no por lo que te dicen. ¿Por qué cuando una persona se da cuenta de las maldades de unos pocos, tiene que tener miedo a que le barran?¿Por qué se acalla a la verdad? ¿Por qué se la mata? Por el interés de unos pocos, de los que tienen el poder. ¿Por qué estas palabras en cualquier medio relevante, serían tachadas de ingenuas, de locas, o de rojas? ¿Qué hay de malo en expresar una idea? Pues el miedo de que sea verdad y que la gente acabe creyendo en ello. Mientras tanto, estas palabras no valen de nada y tampoco pretenden hacerlo.

¿Venden amor en los aeropuertos?
Brian Dudley era un gran escritor de novelas románticas. Eran tan grande su conocimiento sobre el amor que despertaba en aquellos que le leían una gran explosión de ese sentimiento. Su conocimiento no era científico, se basaba en la experiencia de haber convivido con el amor desde que tenía uso de razón. No podía demostrar nada de lo que decía, pero sus palabras guardaban una verdad profunda para sus lectores.
Hacía varias semanas que Brian había culminado su última novela. Estaba esperando por un vuelo en el aeropuerto, le tocaba hacer promoción de la novela. Detestaba tener que hacerlo pero parecía que la concepción de aquel momento lo exigía. Así pues, esperaba paciente, sentado en uno de aquellos incómodos asientos del aeropuerto, mirando al techo y pensando en cada una de las pamplinas que se le pasaban por la cabeza.
De pronto, una muchacha le reconoció y se acercó a él corriendo. Para cuando se pudo dar cuenta, la chica ya estaba al lado, hablando.
- Ho… Hola – acertó a decir la muchacha.
- Buenos días – dijo Brian mientras sonreía.
- ¿Usted es…?- Un pasajero más de este gran aeropuerto – cortando así la pregunta de la muchacha, intentado bromear sin que pudiera parecer maleducado.
- Pero, usted es Brian Dudley, ¿verdad? – acabó la chica, decidida dentro de la timidez del momento.
- Sí, también soy Brian Dudley, encantado – soslayó condescendiente.
- Tengo que decirle algo – concurrió avergonzada.
- Te escucho y por favor, tutéame – continuaba Brian, con suavidad.
- Te quiero, Brian Dudley – sentenció la joven.
- ¿Cómo? – exclamó sorprendido el escritor.
- He leído todas sus obras y sé que le quiero – explicaba la muchacha – es imposible que no me enamore de alguien así.
- No puedo aceptarlo – espetó el autor sin reparos.
- ¿Por qué? – preguntó la muchacha desesperada.
- Primero, porque no estás enamorada de mí, sino de lo que escribo. Y luego, porque no sería justo que aceptara. Imagínate que lo hiciese y llegara a enamorarme de ti. Si me enamorase de ti, ya no tendría remedio. Llegaría un día en el que te darías cuenta que no soy las cosas que escribo y acabaría abandonado. Y llegado ese momento, yo estaría destrozado. ¿Tienes algún interés en acabar conmigo?- Ehm, no… - susurraba la chica, apenada.
- No te preocupes. El mundo es grande, encontrarás a alguien a quien querer y que te quiera a ti – concluía el escritor.
- ¿Podría, al menos, firmarme el ejemplar de su último libro? – pedía la muchacha, confundida.
- Con mucho gusto. ¿Tu nombre es…?
- Verónica…
Mucho antes de aquella conversación, Brian, había decidido dejar de escribir novelas de amor. Por esa misma razón, decidió compartir con aquella chica su última frase. Un nuevo capítulo se abría en la escritura de aquel hombre. Pero aquella muchacha siempre recordaría aquella frase.
Si tuviera que buscar alguna razón para quererte, no te estaría queriendo.

Tu Piedra Filosofal.
¿Saben la historia de la Piedra Filosofal? En los albores de la química, época de los llamados alquimistas, se intentabadar con ella. Los alquimistas eran personajes extraños, huraños y medio locos que vagaban por el mundo en busca de la Piedra Filosofal. La alquimia pretendía la transmutación de la materia, poder transformar sustancias en otras, a través del cambio de su estructura elemental. Esto era algo posible a través de reacciones entre diversos elementos en la proporción adecuada. Pero la Piedra Filosofal era algo mucho más poderoso. Capaz de transformar cualquier tipo de metal oro. Convertir algo sin valor en lo más valioso. Valiéndose para eso de la codicia humana. Ésa es la leyenda y desde entonces, nada ha cambiado. Todos buscamos la Piedra Filosofal pero no como algo capaz de transformar metal en oro. Sino para transformar las cosas, aparentemente, sin valor en algo valioso para nosotros. Cada uno busca la razón de su felicidad, y su infelicidad se basa en la falta o el defecto de esa misma cosa. La Piedra Filosofal nos proporcionaría abundancia de eso que tanto nos importa, de eso que consideramos tan valioso. La Piedra Filosofal existe y está más cerca de lo que parece. Cada uno llevamos una Piedra Filosofal dentro, somos poseedores de nuestra propia felicidad o infelicidad. Darse cuenta de esto no es sencillo, de hecho, saberlo, no arregla nada. El truco reside en hacer uso de nuestra Piedra Filosofal. La infelicidad jamás podrá proporcionar felicidad. Hay que procurar ser feliz concosas pequeñas, para que así nuestra Piedra Filosofal surta efecto. No busquemos más…



PD: A ver si me centro un poco...

domingo, 12 de febrero de 2012

Cúpulas Bulbosas.

La historia del Caballero Melaza.
El Caballero Melaza recorría agrestes tierras en busca de su doncella. Caminaba aprisa con su pesada armadura. Divisó en la lejanía un torreón derruido, ¿estaría allí su dulce damisela? Se aproximó tan rápido como pudo. Allí estaba ella, custodiada por un fiero dragón. Lleno de convicción, pretendía embestir contra aquella bestia. Sorprendentemente, éste le hizo un gesto y el Caballero Melaza se paró. Fue entonces cuando el dragónhabló:
- No te entrometas, ella es mía. Si valoras tu vida, márchate de aquí –sentenció el dragón.
Intimidado y sin mediar palabra, el Caballero Melaza huyó despavorido. Cabizbajo, reemprendía de nuevo el viaje. No cejaría en el empeño de buscar a la dueña de sus sueños. Volvía a encontrarse con otro torreón. En este caso era resplandeciente y acogedor. Entró sin pensarlo dos veces, pudiendo así oír los gritos desesperados de su enamorada. Subió de dos en dos los escalones del torreón, los chillidos eran cada vez más intensos. Arremetió contra la puerta de madera que se abrió estrepitosamente y en la confusión del momento, sólo acertó a ver unas sábanas moverse en una cama. El movimiento cesó y dos cabezas salieron entre ellas. Los ojos de una pareja se encontraron con los del Caballero Melaza. Sin más dilación dijeron:- Márchate de aquí y cierra la puerta – susurraron entre los dos.El Caballero Melaza, rojo como un tomate, salió del torreón tremendamente avergonzado. Pronto consiguió olvidar aquella escena para continuar la búsqueda de la dama de sus deseos. Optimista, iba a tentar por última vez a la suerte. Encontró un lúgubre y tenebroso torreón. Un lugar terroríficamente oscuro, un páramo desolado. El torreón era viejo y se caía a pedazos, ¿encontraría por fin recompensa por sus esfuerzos? Cauteloso alcanzó el final de la torre. Ella estaba durmiendo plácidamente y como si de un cuento se tratara la despertó con un beso. Abrió los ojos y sonriente dijo:
- Ahí estás – con un dulce timbre de voz.
- Sí, por fin estoy aquí – contestó el Caballero Melaza.
- No hablo contigo, estúpido. Aparta de mi camino – respondió ante la sorpresa del Caballero Melaza.
La muchacha, incorporándose, se abalanzó a los espectrales brazos de un fantasma. El Caballero Melaza
quiso hacer intento de separarles. El fantasma le advirtió antes de que se arrepintiese:
- No tienes nada que hacer, ella está bajo el influjo de mi hechizo. Así que si noquieres acabar
convertido en rana, esfúmate – reprendió con dureza.
Pobre Caballero Melaza, estuvo tan cerca. Hubiese querido ser dragón, amante o fantasma, pero sólo sabía
ser caballero. Derrotado y sin esperanza, el Caballero Melaza colgó su armadura. No tenía nada que
proteger, ni nada por lo que luchar.
El mensajero del miedo.
Los hechos se estancan, en ocasiones, bajo la calma de una falsa incertidumbre. Se produce una inhibición que crea como consecuencia una estabilidad de la situación que acaece. Despejar ese velo arroja la certeza suficiente para devolver la realidad. ¿Por qué cuesta tanto ser claro y tajante? Tenemos miedo de que la otra persona no nos entienda o sentimos lástima y la protegemos del posible daño que podamos ocasionarle. Actuar por miedo o pena es lamentable. Quizás no se haga conscientemente, pero el fin es el mismo, aunque bien es cierto que el fin no justifica los medios. El miedo a no entenderse es inútil. Si alguien no comprende una decisión, no esculpa de quien decide. Pero someter esa decisión a incertidumbre es perverso. Teniendo esto claro, desaparece el miedo. Ocultar para proteger del daño es una herramienta contradictoria. Extender una verdad dolorosa en el tiempo, sólo la hace más dolorosa por momentos. No existe tal protección, sólo más daño. Sabiendo esto, esa necesidad de protección desaparece. No hay que temer cuando es inevitable causar dolor. Hay que tener valor suficiente para explicar nuestras decisiones o pensamientos. Sinceridad y honestidad serán virtudes que valorarán los justos. Por otra parte, siempre habrá gente despreciable que lo utilice en nuestra contra. Aún así, nuestra integridad debería estar siempre por encima de esto, siempre y cuando no se vea confrontada alguna necesidad básica. Con todo se juega hoy en día.
¿Adiós o Hasta Luego...?
Las despedidas presentan un compromiso no escrito que depende de la concatenación de las palabras pronunciadas en la misma. Generalmente, una despedida produce miedo. Este miedo viene generado por una pérdida, la pérdida de la compañía de una persona, compañía a la que nos acostumbramos. Entonces surge la pregunta de qué hacer en ese momento. Las posibilidades dependen de la ocasión, como de costumbre, estamos sujetos a nosotros mismo y las circunstancias que nos rodean. Se presenta una batalla entre un Hasta Luego… y un Adiós. ¿Qué decir? Puede que nuestra reacción o la de la otra persona sean indiferentes en la despedida, pero cada una de ellas,tiene un significado propio. Hasta Luego… se convierte en una promesa al ser invocada. Nos comprometemos a volver a ver a esa persona e infringirlo tiene como consecuencia la ruptura de esa promesa, que a su vez conduce a posibles reproches, sean estos merecidos o inmerecidos. Adiós por el contrario está libre de ataduras, es tajante y conciso. Puede dar lugar a incertidumbre, pero como tampoco existe compromiso, la certeza reside en estar apartados, hasta que algunas de las partes decidan romperla. Irremediablemente, todo acaba. Todo tiene un final, final que podemos variar a nuestro antojo en ocasiones. Que ese control no nos haga ruines, que podamos acabar algo y sin hacer más daño del necesario, decir adiós.

PD: Se acerca el Carnaval peligrosamente...

jueves, 2 de febrero de 2012

Electricidad Plástica.

Aurora polar.
Boreal o austral, ¿qué más da? La realidad reside en una historia mitad aleatoria o quizás premonitoria. Apenas basta la vieja gloria de unas palabras ajenas e ilusorias. En una canción se dibuja la espectral figura de la aurora color esmeralda. El amor que cruza el cielo en zigzag, inundando la atmosfera de te quieros. Quizás el magnetismo explote en un mar que tiña entero el firmamento de cristal. Hasta los recuerdos arrancan sonrisas de vez en cuando. El truco está en controlar la prisa con la que pudo llegar la primera lágrima a regar aquella enmascarada agonía. Y el telón verde del cielo desaparece para dejar lugar a la oscuridad. Oscuridad interrumpida por puntos centelleantes. Mística o dañina, ¿qué más da? Una nube en flash, una imagen a punto de acabar y que no puedes tocar. Un surco estelar en medio del cosmos eterno, congeladopor el frío glaciar. Tomar como cierto un atisbo de deidad en la magia de una ignorada realidad. El ectoplasma vuela libre entre piedras que parecen diamantes. Mientras, bailan sin remedio las sombras solares en una tormenta que espera un nombre. ¿Boreal o austral?, pues dará igual, ¿no?

La dignidad de la arruga.
Radicales libres, terroristas del organismo. En un papel mitad héroe, mitad villano. Utilizados para el exterminio de los microorganismos que desencadenan enfermedades. Bombas inestables que arrasan su alrededor. El peligro reside en su incontrolable producción. ¿Acaso podríamos dejar de respirar? ¿Ocultarnos de todo tipo de radiación, decirle al Sol que no? ¿Contactar con todas y cada una de las células del cuerpo para sugerir que paren el metabolismo? “Chicas, ya es suficiente. Veamos hasta cuándo podemos llegar”. La energía de un solo electrón produce la masacre de miles de microorganismos que son reemplazados en una sistemática finita. Envejecimiento lo llaman. ¿Cómo combatir esta cruel dinámica? La existencia de un radical libre es efímera. En principio es algo inerte, que necesita de un detonador para ponerse en marcha y su vorágine destructiva parece infinita de no ser por la actuación departículas defensoras. El equipo de artificieros toma el nombre de antioxidantes. Envejecer y oxidarse parecen no ser cosas demasiado distintas. Es tan impactante esto para el aspecto que comercializamos productos para acabar con el terrorismo que ocurre por fuera, mientras sigue ocurriendo pordentro. Menos crema y más tomate.
Talibán de lo artificial.

Tú eres Napoleón.
Segismundo: En el país de los locos, Napoleón es el rey.
Rigoberto: Yo soy Napoleón.
Claudio: No, yo soy Napoleón.
Ernesto: ¿Napoleón tiene novia?
Arcadio: Locos, aquí no hay más que locos. Los cuerdos estamos todos metidos en el manicomio. Fuera no hay más que locos.
Enfermera: Bueno, chicos, a callar. Seguid andando y disfrutad de la visita.
Segismundo: Gober, ¿sabes que soy pariente de Napoleón?
Rigoberto: ¿De verdad, Segis?
Segismundo: Sí, pero a ratos sólo.
Rigoberto: Muchachos, Segis es Napoleón.
Claudio: No, yo soy Napoleón.
Segismundo: Tú eres un maldito loco.
Arcadio: No, los locos están aquí fuera. Como el que te pinto en ese cuadro.
Rigoberto: Es verdad, Segis. Mira, eres Napoleón.
Claudio: No, yo soy…
Segismundo: Oye, Claudio, ven. Tómate esto anda, con esto podrás ser quien quieras.
Claudio: Soy Napoleón.
Segismundo: Sí, sí, ven y verás cómo vas a ser Napoleón.
Claudio: Arg…
Rigoberto: Bueno, Segis. Tampoco tenías porqué hacérselas tragar tú. Se está poniendo azul.
Segismundo: Dentro de poco se va a parecer al Napoleón de verdad.
Rigoberto: Pero, si Napoleón eres tú.
Enfermera: ¿Qué pasa aquí? Dios mío, ¿por qué está así Claudio?
Segismundo: Se ha atragantado con unas pastillitas de nada. Eso le pasa por tomarlas fuera de casa…
Enfermera: Pero, ¿de dónde las ha sacado?
Rigoberto: Se las ha dado Napoleón.
Ernesto: Enfermera, ¿usted tiene novia?
Enfermera: Ahora no, Ernesto. ¿Quién me mandaría rodearme de estos locos?
Arcadio: No, los locos están fuera. A los cuerdos nos encierran…
Ernesto: Oye Arcadio, ¿los locos tienen novia?
Segismundo: No, sólo Napoleón tiene novia.
Rigoberto: Tú eres Napoleón.
Ernesto: Entonces, tengo que matarte.
Segismundo: No, porque Napoleón no está loco.
Arcadio: Es verdad, a Napoleón también le encierran. Los locos están por todas partes.
Ernesto: Segis, ¿los cuerdos tienen novia?
Segismundo: Los cuerdos no saben lo que es el amor pero tienen novia, Ernesto.
Ernesto: ¿Y el amor tiene novia?
Segismundo: No lo sé, soy Napoleón.
Rigoberto: Napoleón no está loco, la novia del amor es la locura.
Arcadio: Todo locos, aquí no hay más que locos.



PD: La época de exámenes siempre suele ser más prolífica... Será la inspiración o la falta de ella.

sábado, 28 de enero de 2012

Oxímoron Embriagado.

Sueño sugestionado.
Allí estábamos todos en clase o al menos eso parecía porque las caras eran confusas. Acababa de dejar el aula el profesor y se formó un gran bullicio en aquel rincón del instituto. De repente, llega una profesora, la conozco pero no debería estar en ese lugar. Es de una ciudad distinta pero su actitud hizo que no me preocupara por ello en ese momento.Entró histérica y dando voces. Hacía referencia a algún suceso que aconteció en un baile. No lo recuerdo con claridad y en aquel momento no me sonaba nada de ningún baile. Bajando la tarima avanzaba gritando hacia la puerta, amenazando con las repercusiones que traería todo aquello. En los pasillos una compañera intentaba entrar en clase y la profesora lo pagó con ella. Se la llevaba para incurrir en algún tipo de castigo disciplinario. Curiosamente era una de las niñas que de pequeño no me dejaban estar solo. Ante ese sinsentido me levanté y corrí a por la profesora. Un gran grupo de profesores permanecían estáticos observando la escena. Enfadado me enfrenté a ella dialécticamente. Intentaba hacerle entrar en razón mientras volvía al aula. Ella empezó a dar vueltas entre las mesas que llevaban encima, colocadas patas arriba, las sillas en lasque nos sentábamos. Con cuidado de no tirar ninguna de ellas la seguía, pidiendo explicaciones. Sin tiempo para reaccionar volvía a abandonar la habitación en el mismo momento en el que otro profesor entraba en escena. En medio de aquel disparate, el profesor no era otro que MacGyver. Defendió a la profesora que visiblemente sufría alguna especie de crisis. Intercambié algunas palabras con él que se perdieron en el olvido y él también se contagió de la histeria.
Si quieres explicaciones, entonces explica esto - me dijo, borrando la pizarra. La pizarra estaba completamente llena de anotaciones. Para mi sorpresa, borró el hueco justo en el que aparecía un mensaje de tiza que no era posible borrar. El mensaje no estaba en un idioma concreto y a pesar de que en mi cabeza era borroso, lo entendí. Denunciaba unas desapariciones. Quería saber más pero MacGyver estaba confuso. Parecía saber algo pero era incapaz de recordarlo. Salimos una vez más del aula. Hablábamos, intentaba hacerle recordar. En el fondo del pasillo aparecieron dos figuras vestidas de blanco. Dos hombres calvos con gafas de sol. Cuando llegaron hasta nosotros, increparon al héroe de los 80. Querían saber lo que recordaba y uno de ellos se lo llevó ante su negativa, creyendo que escondía algo. El otro me miró y me hizo la misma pregunta. Respondí que no tenía nada que ver, también quería saber qué estaba ocurriendo exactamente. Aquel personaje me agarró para llevarme con él, tampoco me creía. Sin pensarlo,empecé a golpearle. Comenzamos a pelear y aquel hombre sacó una cerbatana blanca. Agarré su brazo para impedir que hiciera uso de ella mientras seguía golpeándole. En un descuido, consiguió clavarme un dardo. Caí inconsciente, me derrotó y procedía a llevarme con él. Y en ese preciso momento desperté.
Montañas rocosas.
Aquel viejo gringo sabía disfrutar de la vida. Vivía en su pequeño rango del desierto americano. Le asolaba el peor de los calores posibles cuando el Sol le pegaba directamente a la cara entre peñascos rojizos. Movía su mecedora de forma acompasada, lentamente, para poder así relajarse. Tenía siempre a su lado un viejo rifle con el único propósito de asustar a los forasteros. Siempre lo llevaba descargado pero se divertía al verla cara de miedo que se le ponían a los encañonados. Aplacaba el calor con un vaso helado de su mejor whisky añejo. Lo colocaba en una pequeña mesa que se encontraba al lado de su mecedora. Su vieja casa de madera retumbaba en el sonido de su inseparable banjo. Como buen yankee sureño, acariciaba aquellas cuerdas para que sonara la música celestial. Con una voz ronca pero clara, cantaba con fuerza. Le cantaba a las conquistas gloriosas del pasado, a las batallas victoriosas. Le cantaba a los amores perdidos y a las lágrimas arrancadas. Le cantaba al duro labor de su trabajo campestre. Mientras hacía todo eso, sonreía a la venida de su inminente muerte sin miedo alguno. Con tranquilidad la esperaba para dedicarle una última canción.
Cause I give you all the white blank pages.
La intranquilidad de no encontrar la respuesta se alojaba en la sangre que corría por sus venas. Se preguntaba desdichado dónde se encontraba su error. ¿Acaso el amor estaba carente de recompensa? Así parecía ser. Como si de una razón matemática se tratase, amar era una condición necesaria pero no suficiente. ¿Por qué? La pregunta delmillón y así seguiría siendo. Le costó comprender que no había reglas fijas. Eso le tranquilizó para poder continuar con su vida. Aquella razón fulminante se difuminaba en el infinito. Una vez más, regaló un pedazo de su vida y pudo aceptarlo. Se enfrió el desconcierto iracundo de aquella intranquilidad. La trivialidad del atronador tormento terminó haciéndose palpable. Porque la verdad no se decanta de parte de nadie y de todos. Porque no existen la victoria o derrota absolutas. Porque las palabras vuelan sin peso y las acciones cayendo por la misma razón, son igualmente insignificantes. La realidad idealista puede mantenerse sin ingenuidad de la misma manera que el romanticismo. Y es por eso que siguen habiendo páginas en blanco. Aunque, lamentablemente, otras se borren sin remedio y ya no tengan opción de ser reescritas. La esperanza sigue estando en las páginas enblanco.



PD: Ha sido un gran descubrimiento esto de Mumford & Sons. Gracias a Anita...

domingo, 22 de enero de 2012

Tablas Dodecaédricas.

Triple A.
Comprador 1: Maldita sea, esto es un despropósito.
Vendedor 1: No se altere, por favor. Ya verá como aquí le confirmarán mis apreciaciones.
Comprador 1: Espero que por lo menos aquí haya algo de cordura. Caballero, atiéndanos que es una cuestión importantemente urgente.
Calificador: Buenos días, ¿en qué puedo ayudarles?
Vendedor 1: Haga el favor de aclararle a este señor la excelencia de la calidad de mi producto.
Calificador: ¿Pueden decirme qué se traen entre manos?
Comprador 1: Por supuesto, es fácil de explicar. Me levanté esta temprana mañana, plácidamente, cuando de pronto, un hambre vorazmente intempestiva me asaltó. Cuando procedía a aplacar esa mala costumbre estomacal, tuve un gran contratiempo. No había qué echarle al pan. Contrariado después de buscar bastante, decidí ir por algo que no me dejara con aquella comida de tonto. Cuál fue mi infortunio al encontrarme con este vendedor abusivo que quiere colarme estos tomates podridos como productos de calidad suprema. Vengo aquí con el propósito de que me ayude a denunciar esta situación.
Calificador: ¿Podría ver los tomates de la discordia?
Vendedor 1: Aquí los tiene. Como podrá comprobar, en perfectísimo estado.
Calificador: Estoy totalmente de acuerdo con el vendedor, lo siento. Estos tomates son AAA.
Comprador 1: Pero, ¿qué dice, insensato? ¿Cómo van a ser estos tomates un producto perfecto?, tengo riesgo de intoxicarme comiéndome esto. Mire ese color putrefacto y el olor nauseabundo que desprenden. ¿En qué se basa usted para emitir esa calificación?
Calificador: No se altere, por favor. Tenemos un riguroso proceso de calificación que se somete en el estudio de una serie de parámetros muy ajustados. Usted puede comprobarlos si quiere, son consideraciones abiertas a todo el mundo. Lo que está claro es que según esos dictámenes, los tomates deben tener la calificación más alta.
Comprador 1: Voy a echarle un vistazo. Veamos, “el producto se analizara conforme a su ser estructural, teniendo en cuenta el origen conceptual de la forma que construye la imagen concebida desde el comienzo de los tiempos”. Vamos, que ustedes se aseguran de que lo tomates sean redondos y punto.
Calificador: No exactamente. Son un compendio de medidas que nos ayudan a determinar si pudiera existir riesgo en el producto que usted quiere adquirir. Evidentemente, hay que ser conciso a la hora de adquirir aquellos datos que tengan suficiente relevancia para establecer un proceso de selección más sencillo. Y no es algo fácil de llevar a cabo, tenemos un gran grupo de analistas que se encargan de evaluar cada uno estos aspectos para optimizar cada una de nuestras decisiones.
Comprador 1: Pero no se da cuenta de que a eso ya no se le puede llamar tomate, por el amor del hambriento ayuno que padezco.
Calificador: Bueno, nosotros sólo emitimos opiniones acerca del producto. En última instancia es usted quien decide. No le vamos a obligar a tomar una decisión.
Vendedor 1: Me está haciendo perder demasiado tiempo, señor. Hágame saber su decisión, si es tan amable.
Comprador 1: Hombre, teniendo en cuenta la hora que es, me tomaré un café y punto.
Vendedor 1: Pues nada, otra vez será.
Comprador 2: Perdonen, ¿qué calificación tienen esos tomates?
Calificador: AAA.
Vendedor 1: Eso es, AAA.
Comprador 2: Me los quedo.
Vendedor 1: Y yo que me alegro.
Comprador 1: No entiendo nada…
...
Comprador 1: Maldita sea, esto ya es de chiste.
Calificador: Buenos dí… Pero bueno, ¿qué hace usted aquí de nuevo? ¿No le quedaron suficientemente claras las calificaciones emitidas ayer?
Comprador 1: Verá, resulta que me he levantado esta temprana mañana, plácidamente, cuando de pronto, un hambre…
Calificador: Sí, me acuerdo de su historia. ¿Dónde están los tomates?
Vendedor 2 (antes conocido como Comprador 2): Aquí los tiene. Son los mismos que compré ayer.
Calificador: Lo siento mucho, estos tomates son basura.
Vendedor 2: ¿Cómo? Pero si ayer eran AAA.
Calificador: Es lo que hay.
Comprador 1: Manda cojones, lo que hay que ver. Menos mal que me he pasado al pan sólo con aceite para el desayuno. Se preguntaran porqué mi lenguaje ha ido vulgarizándose a lo largo de la conversación. Es que ante este panorama es imposible guardar la compostura. Ustedes disculpen…

¿De dónde vienes y adónde vas?
Desde niño tuvo suerte porque siempre estaba acompañado. Entonces seguía siendo igual de despistado, pero más cándido y crédulo. Se rodeaba de sus amigos y se ponía a jugar a todo tipo de juegos absurdos. Pero, ya fuera por enfado o por la necesidad de estar un rato a solas, se marchaba en aquel inmenso patio sin más compañía que su propia sombra. Era en ese preciso momento en el que tres inseparables compañeras de clase se acercaban a él para que las acompañara. “No estés solo”, le decían. La idea no solía atraerle demasiado pero después de que insistieran un par de veces aceptaba sin más remedio. Más tarde comprendería que ellas le salvaron de sí mismo en todas aquellas ocasiones. Y así de fácil, reían y por un momento eran amigos, gracias a la volatilidad que tiene la amistad en la infancia. Él siempre reía y quería hacer reír con sus pamplinas a los demás. Con ellas lo conseguía en ese rato que debía haber sido de soledad. Los años pasaron y estuvo solo demasiado tiempo. Solo y rodeado de gente, era terrible. Añoraba esa sensación de su niñez. Pero era complicado porque con la madurez llegan los prejuicios que hacen imposible conseguir esa compañía con tal facilidad. La sinceridad pasa a ser un arma de doble filo con el que podía salir mal parado. En principio su testarudez le hacía ser incapaz de ir en contra de lo que pensaba, por estúpido que fuese. Aún así, el tiempo una vez más suaviza las posturas y con él se aprenden técnicas de hipocresía y cinismo. Con ellas tenía la posibilidad de estar en compañía de personas que no le interesaban pero que en momentos puntuales le hacían pasar el rato. Esta relación simbiótica parecía ser mutua en esos casos. Pero, poco a poco iba forjando su personalidad en los demás. Se abría a cualquiera, hablaba con todo el mundo, como había hecho siempre. No se escondía, daba la cara. Sabía que la gente de su alrededor necesitaba conocerle para poder derrumbar aquellos prejuicios de la apariencia. De esa forma, el azar conseguía con frecuencia que no estuviera solo. En aquella parada de autobús tan conocida está esperando mientras piensa todo esto. Las circunstancias, una vez más, le dejaron solo. Pero ahora la fortuna le sonreía y pese a no haber nadie más en aquella parada de autobús, un compañero apareció de improvisto. Se alegró de verle, porque por diversos devenires no tenían oportunidad de disfrutar de una conversación. Llegaron ambos a casa, casi sin darse cuenta. Y además disfrutó de su compañía y de una estimulante conversación. Las cosas de estar acompañado...

PD: ¿Dejará Enero frescura a mis neuronas para algo más? Ya veremos...