lunes, 5 de agosto de 2013

Prisa Retrospectiva.

Sunflower.
- Mírala, ahí sentada. Pasando desapercibida entre la multitud y el bullicio. Tan hermosa, tan elegante que hasta al aire embelesa con su presencia.
- Pero, si es la primera vez que la ves.
- ¡Qué vas a saber! Si ni siquiera conocerás el amor platónico.
- Pero, eso pasa con personajes famosos o de ficción, ¿no?
- No lo entiendes. Es disfrutar cada segundo al contemplarla en silencio con discreción. Admirar sus gestos, su sonrisa, su forma de caminar. Escuchar su voz en la lejanía, oler su perfume. Algo real y palpable, sin intermediarios. Y con suerte, poder perderme en un cruce de miradas.
- En el fondo es lo mismo.
- ¿A qué te refieres?
- Tal y como lo cuentas parece algo inalcanzable.
- ¿Y qué si lo fuese?
- Pues, que está sólo a unos pasos.
- A los pasos suficientes para que la magia siga surtiendo efecto.
- Entonces, si te acercas, ¿todo se desvanece?
- No lo sé.
- Y, ¿por qué no lo compruebas?
- Me gusta así, en la distancia en la que no me vuelva vulnerable.
- Lo que hay que aguantar. En fin, parece que se le acerca alguien. Se dan un beso, se ríe y se van juntos. Bueno, ¿qué te parece?
- Lo que te decía, una como otra cualquiera.

Confusión.
Abres los ojos sin saber dónde estás. Poco a poco reconoces tu habitación y la cama sobre la que estabas tumbado. No recuerdas que día es ni tampoco la hora a la que estás. La situación empieza a impacientarte, mientras tienes aún la cabeza embotada. Consigues olvidarte de tu propio nombre y te supone un esfuerzo volver a acordarte de él. Te incorporas lentamente sin dejar de encontrarte espeso tanto mental como físicamente. Con cada paso compruebas que las paredes a tu alrededor se van derritiendo Algo falla, muchacho. Te frotas los ojos y en el intento todo vuelve a la normalidad Te acercas a la ventana deslizas tímidamente la cortina para observar el exterior. Fuera no para de caer una lluvia de tuercas y tornillos. Mejor no haberse levantado. Al dar media vuelta ves como la habitación se alarga interminablemente. La ansiedad se apodera de ti ante la imposibilidad de ser capaz de vivir en medio de aquel caos. Cierra los ojos y tíñete de oscuridad. Espera que en el siguiente intento no siga gobernando el desconcierto. Rem.


PS. Mientras no haya mejor idea, con tal de no perder el hábito, prefiero renegar de mi grafía antes que volver al dique seco. Tampoco me voy a sulfurar, no se vayan a poner en huelga las pocas neuronas hábiles que me puedan quedar. Fin de la cita.

domingo, 21 de julio de 2013

Placer Robusto.

Muerte al Rey.
Precipitan cristales en las concavidades oculares de aquella calavera que acalla un clamor colérico con cautela. Mientras, las musas muestran miradas confusas y enmudecidas meditan meticulosamente mirando al mundo ir deprisa. Toma los trozos del tiro traidor que tritura el torso en su trayectoria. Los huesos huecos exhalan humor por hendiduras inhóspitas, dejando un polvo putrefacto pendiente de un plano perverso que prueba el pavor permanente. Fuera fuertes fuerzas forcejean forjando frenéticas secuelas que se enfrentan contra su fortaleza. La coraza cruje quebradiza carente de coraje creando costra en la carcasa. La desazón disipa la desidia de la distancia en un desinteresado desenlace. Divisa así el discurso demente de un desorden disonante y disuelto en el silencio. Viendo el viento virar violento, verbaliza la voluntad de volar siempre en verso. Mi reino por un verso.

Revuelto de refranes.
Si a quien madruga buena sombra le cobija, entonces quien a buen árbol se arrima dios le ayuda. Pero no por mucho madrugar, recoges tempestades, ni por sembrar vientos amanece más temprano. No obstante, más vale pájaro en mano que cuchara de palo porque en casa del herrero hay cientos volando. Aún así, más sabe el diablo si la dicha es buena si nunca es tarde para que se acabe la rabia cuando muerto el perro sepa más por viejo que por diablo. Cuando el río suena al final se rompe porque tanto va el cántaro a la fuente que agua lleva. A los árboles les llega su San Martín siempre que cada cerdo no te deje ver el bosque. En el país de los ciegos con sangre entra la letra del rey tuerto. Dame pan y desespera que quien espera me llama tonto. No dejes para mañana lo que por bien no venga, si no hay mal que no puedas hacer hoy. Ojos que no ven la viga en el propio, ven la paja en el ojo ajeno y corazón que no siente. Por eso recuerda, en abril no quites el sayo que hasta el cuarenta de mayo aguas mil.




PS. Si es que de donde no hay no se puede sacar...

lunes, 15 de julio de 2013

Miss Understanding

Dame la mano.
Mira hacia un lado, nadie. Mira hacia el lado opuesto, solo.

Felonía Disonante.
La risa se escapa engañosa de una boca dulce y hermosa, 

Destino Sureño.
Los sureños no vienen solos.




PD: Para más información, pulsar el link de cada título. En caso de accidente cierren la ventana, con tal de no coger un resfriado. Si hubiese alguna otra consulta, consulta con tu médico.  Lo que me molesta una frase huérfana. Quien me iba a decir a mí, que a ratos iba a saber rimar. Y que algunas de mis líneas me llegarían a gustar.

viernes, 28 de junio de 2013

Trendy Gloss.

Manolete, si no sabes...
- Esto que hacemos carece de propósito claro.
- ¿A qué te refieres?
- La conversación…
- Bueno, es una forma de abstraerse de lo que nos rodea.
- Con el pretexto de dar solución a problemas.
- Solucionar es una palabra que se me antoja grande para tal cometido. Más bien, atiende al alivio o a la reflexión en voz alta, además del intercambio de pareceres.
- ¿Y si no hay conexión?
- Ensayo y error.
- No lo entiendes, me refiero a una incapacidad recíproca.
- Nadie ha dicho que haya que insistir con la misma persona.
- Te lo explicaré. Imagina que cuando hablas te oyen pero no te escuchan. Dices cualquier cosa y de repente el tema de la conversación cambia, quedando tu intervención en anécdota. O peor aún, que te dejen con la palabra en la boca. Es el momento que más detesto, me embarga una sensación de desprecio que desemboca en el convencimiento de que aquello que querías decir carece de importancia. Y con toda seguridad, así será en términos absolutos, pero en ese preciso instante te parece la cosa más importante del mundo. Todo por no poseer un carisma impactante.
- Será por momentos…
- O cuando simplemente no consigues conectar. Cuando habláis distinto idioma empleando la misma lengua. Mientras, la morfología, la gramática y la sintaxis os unen, el contexto os separa sin remedio.
- Vaya, pero hay que ponerle un poquito de tesón, algo de ganas, por favor.
- No concedo derrota. Aunque es triste observar la distancia que separa las formas de pensar que pudiendo ser complementarias en su distinción, en cambio, parecen ser excluyentes.
- Te estás poniendo cansino, Si esto es mucho más fácil, sólo hay que dejarse llevar.
- ¿Hasta dónde?
- En tu caso a la marginación, en el mío a buscar otro interlocutor.
- Ya me lo temía…
- (Al menos, mientras no dejes esa obsesión por denigrarte.)

Perfecto es cuando te pisas los cordones, te caes sobre una losa de mármol y al alzar la vista ves una pared de piedra ostionera (también conocido como Mr. Gardemio o Estracto nº 87 de la Ópera "Perfezione e altre cose da mangiare").
Era tan perfecto que se le aplicaba el comparativo y el superlativo. Era tan perfecto que temían hacerle saber de sus equivocaciones, únicamente por ese halo de perfección que le envolvía. Era perfectísimo, perfectérrimo, diría más, perfectoide. Era tan perfecto que acertaba en sus fallos y destacaba en sus defectos. Era tan perfecto que una palabra suya bastaría para callarte. Era perfectísimo, perfectérrimo, diría más, perfectoide. Tan perfecto que deshacía lo que aún no estaba hecho. Tan perfecto que no había que pedirle opinión porque era conocida sobradamente de antemano. Era perfectísimo, perfectérrimo, diría más, perfectoide. Tan perfecto que llegaba a aborrecerse por completo y a la perfección. Tan perfecto que todo lo conocía, todo lo entendía y todo lo sabía. Don perfecto, perfectísimo, perfectérrimo, incluso más, perfectoide. Era perfecto hasta en el fracaso, generando el mayor de los fiascos. En el fondo era una pose, un farsante, una estafa. Era patético, diría más, patetiquísimo, incluso más, patetiquérrimo, definitivamente, pateticoide. Si coincides con un perfectoide, no te molestes, el interés no será recíproco y mucho menos, honesto.

La entrevista innecesaria.
- ¿Cómo se ve?
- Generalmente, con los ojos a través del espejo y directo a ellos, por algo dicen que son el espejo del alma.
- Bien, formularé la pregunta de una manera más precisa. Como autor…
- Pero, por favor. Menudo despropósito. Imagínese el agravio comparativo con respecto a un verdadero autor. Le ruego que no me insulte de esa forma.
- Correcto, retomando el tema en cuestión. ¿No cree…
- Yo creer, creo poco y cada vez menos. Podría llamarme incrédulo y no me molestaría.
- Bueno, espero poder conseguir terminar una frase.
- Seguro que sí. Crea a partes iguales tanto en sus posibilidades como en usted mism*.
- No quedamos en que es usted incrédulo.
- Más bien ateo, pero no hemos hecho referencia a ese aspecto, todavía.
- A lo que iba. ¿No le parece que sus diálogos son totalmente anodinos?, es decir, no tienen un contenido definido. Es un hablar por hablar inconexo.
- Es posible.
- Al leerlo deja una sensación similar al de ver una película en la televisión ya empezada. Es complicado entrar en situación y cuando se consigue, la conversación termina. Y en la mayor parte de los casos sin cerrar el argumento.
- Tengo que confesarle que no estaba escuchando. Supongo que le ocurrirá con frecuencia, porque es tremendamente difícil seguirle el hilo.
- En fin, ¿ha pensado en algún gag definido?, ¿un escenario bien ideado y mejor redactado?, ¿alguna situación cómica, una escena trágica, algo de tensión?
- Pero, ¿no puede dejar de hablar de usted por un momento?
- Si son todo preguntas reiteradas sobre su escritura.
- Que me hable de tú, hostia. Que queda demasiado solemne.
- ¿Y bien?
- No me interesa.
- ¿A qué se refiere?
- A la comedia, la tragedia y el suspense. A las estructuras bien formadas y definidas con su introducción, cuerpo y desenlace. A los escenarios precisos. A los argumentos finalizados. A cerrar siempre el maldito círculo. Lo que no comprende es que es una gran mentira. El círculo es un hilo que no se cierra. Ha llegado a una película empezada, lo hace cada vez que cruza la mirada con unos ojos extraños. Pero, usted no lo entiende. Quiere un final de cuento, de esos caídos del cielo en forma de meteorito y la realidad es que tienes que tirar del asteroide hacia ti para que caiga. Y no me interesa. Vivo entre paréntesis y eso es lo que escribo. No trate de sacarme de ahí para tener que comprarme uno nuevo, ése es mi colchón de seguridad. La magia no existe, la magia la crean los magos. Es una ilusión en la que puedes querer dejarte engañar y tener esa red de seguridad. Pero ése no es mi paréntesis, es una red rota. Una seguridad quebradiza, puede que agradable, pero quebradiza. Y no me interesa. Aquí tiene la replica que quería, cerrada, clara y diáfana. Pero tan sólo es el síntoma de la victoria de una batalla ganada en una guerra perdida desde el principio.
- Y eso, ¿a qué se debe?
- ¿Quién se esconde tras el telón?
- ¿Nadie?
- Ahí tiene su respuesta.




PS. Me pitan los oídos y la verdad que no lo entiendo.

lunes, 10 de junio de 2013

Diamante Mate.

Tropocientos % de interés.
La crítica es anecdótica, la protesta, paliativa y la acción es ignorada. Instalados en un clima de corrupción que se generaliza en prácticamente la totalidad de las instituciones. Una corrupción dueña de un sistema que deja fuera al inconformismo, ansiando éste que algún día se vuelvan las tornas. Al menos, después de patear la calle en busca de trabajo o del ejercicio de activismo solidario o reivindicativo, tienes la satisfacción de llegar a casa y poner la tele, encender la radio o navegar entre redes cibernéticas. La satisfacción de sufrir el bombardeo de una incesante publicidad que promocione multitud de artículos mientras no recibes ningún ingreso, ni siquiera en diferido o en forma de simulación. Servicios y comodidades de apariencia cautivadora que te dejan embobado en el mismo momento que entran por la puerta de tu casa y te invitan a abandonarla. Y sintiendo un frío metálico en el espinazo te ofrecen una sudadera de puta madre para calentarte con un diseño único a ultra corto plazo, cosido en un taller de Bangladesh por algún autóctono o autóctona que trabaja a toda prisa rezando para que la estructura que les cubre aguante un día más. Esperando a que nos vuelvan a vender una buena guerra, mientras le volvemos la mirada a Siria. Vislumbrando futuras o presentes promociones en el tráfico de órganos, de estupefacientes o de ambos a la vez. Por favor, póngame cuarto de ilegales, medio de clandestinos y un kilo de sin-papeles. La crítica se puede alargar y profundizar casi interminablemente, la protesta debería tener un efecto puntual al ser palpable el toque de atención y la acción siempre pretende una mejora en un sistema que no le da cabida. Situándote en la crítica continua caerás irremediablemente en una brecha de hipocresía, situándote en la protesta continua acabarás sumido en la resignación venidera de la inefectividad. La acción, desde cada posición, con cada contribución, mayor o menor, en general intrascendente, en particular fundamental, es el único atisbo de esperanza. No se puede esperar que el mundo cambie, ni forzarlo a ello, únicamente somos capaces del auto-convencimiento. La metamorfosis siempre ocurre desde dentro.

Cinco tenedores.
Hierático movimiento en una mesa para dos de un restaurante. Se cruzaban una mirada fija y penetrante con otra vaga e imprecisa. Una sonrisa se desdibujaba en una atronadora carcajada, enfrentada a un rostro severo sin el menor resquicio de mueca. La mano apretando el pico de esa mesa, del otro lado, aplausos descompasados. La sala enmudeció intensificando la escena que centraba la atención. Rodeados de observadores, los vasos seguían llenándose. Los platos permanecían limpios, al contrario que a su alrededor donde daban cuenta de ellos con paciencia mientras presenciaban lo que acontecía. Se levantaba agarrando la mesa en un intento por no dar un paso en falso con el que acabar besando el suelo con fuerza. Erguiéndose a un lado se llevaba las manos a la cara escondiendo el llanto que previamente fuera risa. Esa pose se rodeó de unos brazos dejando una postura estática. El abrazo les fundía ante decenas de ojos curiosos que no podían explicarse la situación. Sólo la música da respuesta cuando todo lo que existe alrededor está sellado por un profundo silencio.

Falta de costumbre.
Mi dolor no es como el tuyo, pero a lo mejor se conocen. Mi dolor está en las olas del mar que rompían en un tragaluz mientras dormía. Está en las voces difuminadas de unas caras lejanas que se pierden en el tiempo que transita en mi memoria. Mi dolor lanza una piedra que impacta en la frente que más desgarra. Lanza una bofetada que acierta en el rostro de mi condena. Mi dolor viaja cientos de kilómetros para reabrir los viejos cortes que me cercenan. Viaja en la sonrisa más dulce que jamás pude haber probado. Mi dolor miente durante años, resguardando el miedo equivocado. Miente ignorando ingenuamente la realidad aplastante.  Mi dolor se queda solo, a la intemperie. Se queda agazapado, preparando la emboscada. Mi dolor muere matando en cada intento. Muere matando, sin miramientos. Pues abre la ventana, sal a la cornisa. Prepara la acrobacia, pero sin prisas. Ojea la bajada, a ver, si te tiras. No está tan alto, pero no insistas. Da un paso en falso, menuda ruina. Los cordones desatados, ya lo sabías. Átatelos corriendo, qué tontería. Ponte un poco de ungüento, para las heridas. Tienes el suelo impreso en toda la crisma. Vuelve a intentarlo en otro momento, deja estos versos para los perros. Recoge tu dolor y acaba este texto que me estás poniendo de los nervios. En realidad, no estás tan mal, ¿o es sólo en sueños? Para qué dar más importancia a unos recuerdos…


PS. Volviendo al formato reducido que es lo que da de sí una libreta. Voy a procurar publicar más seguido, ya sea por mi salud ortográfica. No se me vaya a olvidar esto de escribir...

sábado, 13 de abril de 2013

Isla Decadente.

Cuento XLII, de la colección "enajenaciones clásicas".
Había una vez una famosa plaza de pueblo con forma triangular. En cada uno de sus vértices había una salida que desembocaba en larguísimas calles angostas. Al lado de una de estas salidas había un puesto de información turística. El recepcionista era algo peculiar, no por haber pasado por multitud de centros psiquiátricos, sino porque tenía la costumbre de dar conversación a las personas que atendían su puesto hasta la extenuación. Esta es la historia de un yankee que requirió sus servicios sin saber lo que le esperaba. - Buenos días, amigou. ¿Podría ayudarme?
- Atiendo.
- Necesitou uno mapa.
- Eh, que sí, claro que sí. Tome, uno mapa, instrucciones para saber cómo utilizar el uno mapa e instrucciones para saber cómo utilizar las instrucciones. Conociendo su país de procedencia, en el que se cobran indemnizaciones milenarias por no advertir del exceso en la temperatura del café en su correspondiente vaso por parte de una conocida franquicia de comida rápida, de la cual no daré nombre, Sr. MacDonald’s. Usted podrá comprender, que no pienso jugármela.
- Yo no entender mucho, pero gracias por lo mapa.
- Espere, ¿se acuerda de lo de Wikileaks?
- ¿Wikileaks?, yep.
- Que por culpa de unas filtraciones, toda esa mierda. Que tú dices, pero, ¿qué mierda es esto?
- Sí, mucho mierda.
- ¿Se acuerda…
- No enteramos de mitad de cosas que pasan.
- Conoce usted, un programa de televisión que se llama “¡Ahora caigo…”.
 - Noup, amigou.
- Pues verá, tuve una idea para completar el título del programa. Lo hubiese llamado, “¡Ahora caigo a un tanque de tiburones!”…
- Auh, ahora caigou teburones.
- … pero ahora que hay tanto programa de famosos que se tiran de un trampolín, estoy replanteándome el concepto.
- Yo me gusta teburones, cuento con mi apoyo.
- Por cierto, lleva aquí un rato. ¿Quiere algo más?
- Yo estoy mucho sed. ¿tiene para beber?
- Por supuesto. Tome, Juvita.
- ¿Nou, agua?
- No, no. Tome, Juvita.
- Uhm, okey.
- Okey, no. Juvita.
- Mm, not mal.
- Ahora, repíta conmigo. ¡Viva el vino!
- ¡Viva el vinou!
- Pero así no, hombre. Esto hay que beberlo con la retransmisión, escuche.
- Ouh, golassou. Un gol de puta madre.
- Amigo, gringo. ¿Qué piensa usted de Twitter?
- Twitter es good.
- ¿Piensa usted, que es microblogging…
- Ouh, microblogging, yeah.
- … cuando en realidad es microhostias en vinegar?
- YEAP, VINEGAR.
- Ahora tengo que interpretar que está usted gritándome, máster.
- What, master?
- Es una ofensa que no puedo tolerar y menos aún dejarla pasar. Así que tome aquí, este folletito, de cohetes de viaje sin retorno.
- Ouh, mucho gracias.
- El placer ha sido mío.
Y así acabó la historia del guiri y el politoxicómano en los servicios de la estación de metro de una famosa ciudad de cuyo nombre no cuesta olvidarse.

Busca el drama.
Ninfómano: Podría parecer trivial, pero cuento con argumentos para continuar con la búsqueda.
Misántropo: Cuando hablas de argumentos, ¿te refieres al pensamiento racional?
Ninfómano: ¿A qué si no?
Misántropo: Yo una vez tuve uno y lo perdí.
Ninfómano: ¿Un argumento?
Misántropo: Sería casualidad. No queda voluntad para elucubraciones cuando se cotiza en dados de casino.
Ninfómano: Es una necesidad promulgar el pensamiento a uno mismo para poder reafirmarte cayendo en el error o vislumbrar la deficiencia de la pseudo-consciencia.
Misántropo: Aún así, el pesimismo es legítimo.
Ninfómano: Pero tú, además de contigo mismo. ¿Con quién hablas?
Misántropo: Con el espejo.
Ninfómano: Entonces, ¿qué opción queda de cambio?
Misántropo: El tiempo hará mella en el reflejo.
Ninfómano: ¿Qué ocurrirá mientras?
Misántropo: Sería necesario robar bolígrafos de los bancos.
Ninfómano: Ése es tu argumento
Misántropo: ¿Dónde?
Ninfómano: En los bolígrafos.
Misántropo: No, eso es lo que estás buscando.
Ninfómano: ¿Lo qué?
Misántropo: Un bolígrafo, la necesidad en la promulga de tu argumentario.
Ninfómano: Hay una catástrofe en el instrumento de la distribución de mi ideario.
Misántropo: Lo que a ti te pasa es que tienes muy pocas ganas de efectuar la ejecución de tu escritura.
Ninfómano: Lo que a mí me pasa es que estoy falto de tinta.
Misántropo: Ahí está mi argumento.
Ninfómano: ¿En la tinta?
Misántropo: No, en el pretexto.

Des-Mitología para visitantes.
Imagina que cuando escribo un diálogo con personajes estrafalarios capaces de representar cualquier despropósito, en realidad no existen y estoy yo detrás de ellos. Imagina que para mí sí existen y que a veces me confundo con cada uno, sin saber quien soy entre todos, sabiendo que no puedo serlos a la vez. Imagina que ninguno de ellos volverá nunca a darme las gracias por haberlos parido. Imagina que a la mayoría los detesto no menos de lo que me corresponde recíprocamente. Piensa que cuando escribo que “llegados al punto en el que no hay lágrimas que arrancar, porque ya no quedan. Tiempo en el que tapamos la tristeza con sonrisas. Intentamos mirar para otro lado inútilmente, porque nuestra mirada queda vacía en el pensamiento.” no está representada más que una ínfima parte del sentimiento que intenta ser descrito. Piensa que seguramente sea una exageración y me reía angustiosamente con cada palabra. Piensa que realmente soy un hipócrita y la gran mayoría de mis comas están sobrevaloradas. Sabes que el protagonista de frases y acciones, fracasará en su propósito al final de la película del negro sobre blanco, en el negativo de esa escena. Sabes que no hay predilección por los finales de cuento. Sabes que cuando escribo, el cliché siempre gana la partida. Pero quiero hacerte ver que la torpeza que desembocará en el fracaso no es fingida. Que no hay motivos ocultos que descubran una mente brillante detrás de estas palabras. Que no hay razones desconocidas que otorguen una controvertida victoria. Que no hay afán por dejarse ganar, que no hay nada que leer entre líneas. Que por decadente que pueda parecer, ese personaje, al final simplemente, pierde.


PS. Me enorgullece comentar que por mi cumpleaños recibí el mejor regalo hasta la fecha y es tener "Lágrimas de Caramelo" en forma material y para la posteridad. Las imágenes de tal fechoría hecha realidad las colgaré en nuevas entradas. No pierdo ocasión para felicitar al blog que cumplió años el mes pasado y que pese a los achaques, sigue adelante. No osaré llamar innovación a los cuentos interactivos. Ni tampoco quitaré hierro a la tensión sexual del diálogo. Ni dejaré de desmontarme siempre que haga falta. Vivan los mocos verdes.

viernes, 1 de marzo de 2013

Cabina Tumultuosa.

El lago de los cisnes. (El Periodista - Primera Parte)
El despertador que coronaba la cómoda situada junto a la cama empezó la ceremonia que cada mañana interrumpe mi letargo. Me levanté con dificultad notando los huesos plomizos. Tenía la cabeza algo anestesiada mientras me dirigía a la cocina para desayunar. Como de costumbre mi primera acción al entrar fue encender la radio. Coloqué sobre la encimera de granito el correspondiente plato sobre el que dejar descansar mi taza, del estante que se alza de inmediato a la superficie mineral. Cogí mi bolsa con granos de café de la despensa y estuve moliendo una cantidad prudencial al mismo tiempo que el aroma que desprendían me devolvía a la realidad. La radio sonaba de fondo pero mi atención se centraba en el borboteo de la cafetera al fuego hipnótico de la candela. La atmósfera que envolvía a aquella mañana era taciturna. Le daba vueltas al café una y otra vez con la cucharilla de aluminio y la mirada perdida. Empezaba a escuchar la noticia, la noticia que confirmaba el estatus de aquella mañana. El asesinato era real según las palabras del locutor. El mismo crimen redactado el día anterior para la sección de sucesos. El bombazo mediático del periódico para el que trabajo cuya repercusión sitúa a la publicación en récords de venta. Una historia anónima de la que se desconoce por completo su procedencia, un material digno de un periodista de segunda. Ningún nombre había trascendido tras lo ocurrido, el mérito de la incompetencia policial pareció ser atribuida a la dirección. Pero esto era distinto, el caso finalmente sucedió. Un sudor frío me recorría la espada a la vez que sentía una pequeña descarga metálica en el espinazo que dejaba mi cuerpo rígido. La mano que giraba la cucharilla en el café quedó paralizada y los ojos que miraban el infinito ahora estaban petrificados. Durante el estupor estático que me controlaba el teléfono comenzó a sonar. Alcancé el teléfono sin pestañear y sin más descolgué.
- Buenos días – acerté a decir meramente.
- Buenos días. Le habla el inspector M. responsable del caso de asesinato de una joven sin identificar… - explicaba mi interlocutor.
- Ha pasado – balbuceé confundido.
- Me temo que sí. Es usted el periodista, ¿cierto? – preguntó sin rodeos.
- Me temo que sí – sentencié con sinceridad utilizando sus propias palabras, ya que apenas podía articular algo coherente.
- Si no tiene inconveniente me gustaría visitarle para hacerle algunas preguntas – propuso con rudeza.
- Le estaré esperando en mi domicilio, inspector – contesté. - Gracias, estaré allí en pocos minutos. Hasta entonces – concluyó.
- Estoy a su disposición. Un saludo – colgué.
Aquella conversación acabó dejándome un nudo en el estómago. No tenía sentido seguir con el desayuno. Decidí ir a darme una ducha antes de que llegase el inspector para aclarar el pensamiento. Aparentemente el suceso se asemejaba al trasvase de un río que irrumpiendo con fuerza volvía por su cauce original. El cauce que brotó de la tinta de mi artículo. La tensión me hacía notar cada latido, el ambiente era inquietante y para colmo ahora sonaba el timbre.

Mitología para expertos.
Estamos en la era del Parlamento Troll. La democracia son siglas de partidos políticos, si te posicionas en contra de cualquiera de esas siglas, irremediablemente, estás en contra de la democracia. En el Congreso Troll hay aplausos de cinco minutos para mostrar aprobación sobre el argumentario del semejante y exabruptos, exclamaciones, risas o carcajadas para expresar contrariedad ante el extraño. Esa contrariedad no se sustituye por un aplauso irónico de diez minutos, tampoco la aprobación provoca risa, no obstante, sí la sonrisa velada de pensamiento macabro. En la Sesión de Control Troll, todos están atentos, tomando más importancia el acto de presencia que el contenido brillante en ausencia. Más valdría la ausencia en el acto de presencia y la contraria para el contenido, pero de ser así, la sala se vería mayoritariamente vacía. Un hombre, un voto y este último legitima cualquier acto, por encima de ese ser, ser humano. Los trolls pueden trasgredir con impunidad la totalidad del código penal, mientras que el ser humano necesita de su ingenio para progresar. Un troll puede recibir la hipoteca de un palacete y pagarla con negocios ilícitos sin ánimo de lucro, a un ser humano le desahucian porque no tiene trabajo legal con el que pagar su hogar. Un troll esquía, viaja y vuelve para hacer peinetas con una cuenta rebosante en un paraíso fiscal, mientras se revisa con lupa cada declaración tributaria de un ser humano. Podría ser menos sangrante, podría esconderse con habilidad, pero los trolls son incompetentes en el arte de la mentira. Los trolls se traban entre simulaciones en diferido, despidos improcedentes o pseudónimos. Los trolls a veces no se ponen de acuerdo, ni tienen límite para su sed de venganza y casi siempre dejan de contrastar datos porque es más importante decir lo que piensan. Los trolls son repugnantes hasta la arcada, es por eso que yo desde aquí te animo, querido ser humano. Píntate de verde y hazte troll.

Tertulia Improcedente.
Sr. Despreciable: Creadores de polémica, así me llaman.
Teletoxicómano: Será, nos llaman, ¿no?
Sr. Despreciable: Exacto, a mí y a mi personalidad múltiple.
Criterio Impropio: Joder, me llamo como el posible título de una entrada. ¡Qué denigrante!
Teletoxicómano: Yo también quiero ser famoso, coño.
Sr. Despreciable: Hablando de entradas, es la hora de la crítica.
Criterio Impropio: ¿Qué crítica?
Sr. Despreciable: Tema de hoy arcadas que succionan.
Teletoxicómano: Ejem, que nos estamos repitiendo. La palabra arcada ya salió en esta entrada.
Criterio Impropio: Me temo que se refiere a arcadas como estructura, no a eso de la comida revoltosa.
Teletoxicómano: Alusiones diáfanas, por favor.
Sr. Despreciable: Django Unchained.
Teletoxicómano: Pero, eso no son arcadas. Son quicios, puertas, entradas.
Criterio Impropio: No, entradas son otra cosa que se dividen en tres partes, generalmente. Que tienen una frase en negro en cada una de esas partes, muy lamentables. Que acaban con dibujos muy bonitos, muy bonitos y una post data de mierda. Por no hablar del título, hostia, y yo con nombre de título.
Sr. Despreciable: ¿Quiere ver puertas que succionan, balas con exceso de kilopondios, galones de hemoglobina sintética, trailers ambiguos que superan un largometraje, tertulias sobre capuchas mal agujereadas, clases de doma equina, excesos en la compra de carrete de película? Si todo esto no le convence, me quedan dos palabras. Unchained Django, una película de puta pena.
Criterio Impropio: Pues a mí me ha gustado.
Sr. Despreciable: Tú cállate que tienes nombre de entrada.
Teletoxicómano: Un tráiler es como un anuncio, ¿no?
Sr. Despreciable: Un tráiler es un puto camión. Un anuncio es ir a Media Markt con un frigorífico lleno de plomo.
Criterio Impropio: Eso es una promoción.
Sr. Despreciable: Pero, que te calles, hostia. Qué pesado, joder…
Teletoxicómano: Perdón, pero, ¿esto cuándo acaba?
Criterio Impropio: Hay que buscar un final apropiado.
Sr. Despreciable: A ver, ¿esto lo lee alguien?
Criterio Impropio: Lo dudo.
Sr. Despreciable: Pues a tomar por culo.




PS. Sí, es una mierda de esas que no puede pasar desapercibida. ¿Quiere leer el intento de lo que pretende ser una historia de intriga, mitología cómica carente de humor, títulos de entrada en textos, en personajes de diálogo, trolls desubicados, chistes sin gracia? No lo dude, dese el gustazo de cerrar la pestaña y mandarme a...