viernes, 24 de enero de 2014

Castillo Onírico.

Lluvia de meteoritos.
Luna nueva
y un cielo de estrellas
en el que todos esperan
un cuarto creciente.
Y las calles se encienden,
sales al instante
para ver entera
la Luna llena.
Veneno en las venas
de luz rutilante
y es que no hay quien me aguante
en cuarto menguante.
La luz parpadea
y en mi cabeza se apagan
un sinfín de ideas
con la Luna nueva.
Y un cielo sin estrellas
en el que no entiendo
que el ciclo se estanque
y siempre viva en cuarto menguante.

Catalepsia.
Gotean ideas de una gotera en la cabeza y forman un charco por el que pasan un trapo. Se afeita en asfalto y con espuma de mar, aunque hace tiempo que aprendió a dejarlo. Camina desgarbado, encogido y despistado pero nunca se pierde o cuando lo hace no se acuerda. Las tripas empiezan a helarse. Un frío que congela los latidos del corazón. Las venas se agrietan en sangre seca. Seco por dentro. El alma hecha jirones de rabia. La consciencia en plena demolición. La cordura de baja por depresión. Los ojos escondidos en la sombra, se apagan por morosidad. Ilusión de contrabando y esperanza en prisión. Mira esas manos haciendo un gesto gamberro. Que secuestren la calma y la entereza. Un edificio aguanta sin pilar maestro. Fingir indiferencia sin chaleco antibalas. Que el primen impacto le recuerde a un beso. Le pedía consejo a una estatua. Se perdía en las palabras. Ni siquiera era capaz de conservar lo que quería. Y la idea existía pero no se materializaba. Con un chasquido de dientes se prendió fuego a la boca. Era una posible solución. Cuando extinguieron el incendio le devolvieron los restos. Su forma de ser defraudaba a Hacienda. ¡Qué complicación! Demasiado orgulloso para pedir limosna. Ni siquiera conseguía que leyeran unas líneas. Se olvidó de sí mismo. No recordaba quién era. De esa forma llegó a ser nadie. Era extraño y a la vez fantástico. Lúgubre y desconcertante. Inquietante y exiguo. Era descorazonador y ruinoso. Catástrofe en las pupilas que brillaban grises. Una sonrisa aniquilada. Las manos rebosantes de aire. Y un teléfono comunicando.

Plano ventral.
¿Alguna vez te has preguntado por qué te duele el cuerpo al despertarte? Abres los ojos y empiezas a correr en un pasillo extrañamente iluminado. No percibes tu respiración pero te sientes fatigado. Corres bajo la sensación de estar siendo perseguido. No aprecias ningún movimiento pero de alguna forma eres capaz de sentirlo. De repente, el suelo desaparece. Caes por unas escaleras. Te rompes un brazo, pero no paras de correr. Sales del edificio. Entras en un coche. Todo en blanco y negro. Arrancas con nerviosismo. Abandonas el aparcamiento rozando a otro coche. Unos faros te iluminan por la espalda. Aceleras tanto como te deja el coche. Esquivas lo que encuentras a tu paso. La velocidad empieza a ser frenética. Tu alrededor se deforma, alargándose. La sensación de velocidad disminuye. Unos faros te ciegan. Abres los ojos. Por alguna razón te duele el brazo y sientes las piernas entumecidas. A eso lo llaman descansar.



P.S. Si los espejos del salón no están rotos, no estoy yo.

martes, 17 de diciembre de 2013

Conquista Individual.

Las pésimas lenguas.
- Buenas noches a todos y bienvenidos a su programa favorito. Soy Marvin Oscar Augusto Osvaldo Williams y esto es “Abre las nalgas que preparo El Objetivo”. Tenemos una serie de invitados que no presentaremos porque están invitados a marcharse.
- Ya que estamos aquí, me gustaría decir…
- Me comunican que nuestros invitados a marcharse formaran parte del nuevo programa de la cadena que se titula “Splash en aceite hirviendo!”.
- Gracias Melissa Fowler von Cattenburg, por tus siempre maravillosas noticias. Continuamos con nuestra tertulia antihoraria. El tema de hoy es, ¿pueden los faros estrobocópicos de última generación provocar ataques a un conductor epiléptico? Damos paso al grupo de expertos que arrojarán luz sobre esta cuestión. El primero es profesor heráldico de la Universidad Politoxicómana de Arkansas, el señor Little Rock. Su respuesta profesor…
- Sí.
- Magnífica exposición, Sr. Rock. Puede salir del retrete cuando desee. Nuestro siguiente contertulio es un autoretrato del museo Kartoffel de Arkansas en Tasmania Oriental. Su aportación, por favor.
- Claro.
- Podemos transmitir la conclusión gracias a la traducción metafísica, por cortesía de Farlopa Cola. Por último, como no podía ser de otra la opinión de mayor rigor. Madre, cuando quiera.
- Hay que ver niño, siempre haciendo tonterías. Si ya te lo dijimos, haz algo de provecho con tu vida. Hubieras opositado para cajero del Pryca en vez de hacer esta mierda. ¡Qué disgusto!
- No te preocupes, mamá. Ahora vendrá un señor muy bueno a darte unas pastillitas mágicas que me convertirán en la hija ganadora de concursos de belleza que siempre quisiste, tú tranquila. Hasta aquí el debate de hoy titulado, “¿pueden las luces de un club de alterne incitar al deseo cópula de un conductor epiléptico? Les dejamos con unos comerciales, esperamos que no les hagan vomitar.
“- Están hartos de que les salga espuma por nariz y ojos, sin remedio…”
- Has metido un anuncio de Arkansas.
- Lo siento, a ver ahora…
“- ¿Nunca les ha ocurrido que han tenido visitas indeseadas en casa y no han tenido una calavera que enseñarles?
- Estoy harta de vivir esas situaciones Maik, pero nunca encuentro una calavera que quepa en mi zulo de 5 metros cuadrados.
- Eso se acabo. Galería del Psicoanalista les presenta el set Calaveras de Pigmeos. Con este de cinco calaveras será la envidia de sus seres más denostados.
- Oh, Maik. Lo has conseguido como siempre jamás.
- Efectivamente, Carolain. Y a las 7/3 primeras ejecuciones le regalamos la colección Jardines Imperiales del Mundo. Contacte ya y consiga estás impresionantes ventajas.”
“- Ya sabe que no podrá disponer de sus bombones en verano para poder garantizar su perfecta conservación. Es por eso que les ofrecemos el sustitutivo perfecto para el verano. Disfruta de los mejores mantecados, Polvorones Rocher.”
“- ¿Cansado de la nueva moda del humor negro? ¿Cansado de esas bromas que nunca entenderás a las que llaman humor inteligente?, piensa en verde, kulunguele. ¿Cansado del humor original, el de toda la vida? Tenemos lo que necesitas. Nuevo Humor Sin, por el culo te la hinco.”
- Ya estamos de vuelta. La receta de hoy, tortilla de diazepam con té de viagra
 - Gracias Carolain, por tus siempre maravillosas noticias.
- Soy Melissa.
- Hoy me importa todo un carajo, Melinda. Da paso a nuestro concurso.
- Hoy sorteamos una patada en los cojones con destino, la entrepierna de Marvin “me importa todo un carajo” Willia…
- Gracias Miranda… Seguridad, llévense a esa jodida esquizofrénica, por favor. Después de este momento Tarantino, volvamos a lo que importa. Tenemos hoy para ustedes un testimonio de excepción. La sustituta de Melibea les dará más detalles, adelante.
- Me llano Carolain.
- Ya, ya, ya. Eso dicen todas.
- Bien, comience con su testimonio.
- Dejo como herencia todos mis bienes a este programa.
- Ah, que venía a hacer testamento. Qué bien.
- Gracias Merilyn, por tus siempre maravillosas noticias. Cerramos nuestra emisión de hoy con una entrevista a un ex-indigente de Benidorm. Buenas noches.
- Gud morning. Primera pregunta, ¿a qué hora se come aquí?
- Joder, viva la anarquía. Un bocadillo de tortilla de diazepam para este gilipollas.
- Gracias. Ea, a tomar por culo la entrevista, esto se acabó pringao.
- No tenemos tiempo para más. Esperadnos la semana que viene y que os den mucho por el objetivo. Hasta nunca.

Sueños de menta.
Calle Real a la altura de un colegio carmelita. Estoy con mi hermana en una entrada excesivamente ornamental de una casa del lugar. Perdido entre mis palabras alzamos la vista para ver a un grupo de gente congregada en las inmediaciones de la calle perpendicularmente más próxima. Para nuestra sorpresa se trataba de un concierto. La calle estaba cortada con el tipo de cintas que se usan en las entradas de las salas de cine, pero éstas eran bastante más pomposas además de ser de color marrón claro (podrían ser beige, pero los tíos no sabemos de colores). Disfrutábamos de la música, mientras la banda vivía en una intermitencia en la que se situaban indistintamente detrás de unas vallas o en una especie de púlpito alargado sustentado por columnas dóricas. La situación cambiaba cada vez que volvíamos a mirar a los músicos. Realmente disfrutábamos, cuando de repente la gente se agolpaba a las vallas de espaldas al grupo. Me di cuenta de que iban a hacer una foto grupal y agarré a mi hermana corriendo para situarnos entre ellos. La música seguía sonando aunque los componentes de la banda posaban para la foto. En ese momento mi mirada se desvía de la mujer que programaba cámara para poder salir de la foto. Veo una especie de señal de patrocinio en la que figura la Universidad de Cádiz, concretamente las carreras de ADE y Medio Ambientales. Era extraño, pero pasó desapercibido. Parecía tan real como cualquier tarde de 1999. Fantástico.



P.S. Esto es homeopático. Ahora explícame cómo se receta esto. La catarsis es impredecible y es efecto placebo. Gracias.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Desesperación Ignorada.

Le Chocolat.
Eres como el chocolate puro, una amargura profunda. Ese sabor que te intriga probar y que en un principio gusta pero que con el tiempo lamentas por completo. Una amargura que te seca el alma, dejándote vacío por dentro. Encuentras el interior frío, agrietado e inhóspito. Una oscuridad total en la que no se produce ni un solo destello. Una mueca que pretende conseguir como defensa el miedo, cuando lo único que inspira es pena. Una amargura incorregiblemente autodestructiva. Sin ánimo para reconocer la realidad, sin ánima. Eres como el chocolate puro, un espesor eterno. Arenas movedizas que impiden el movimiento. La fuerza no hace más que provocar un efecto adverso. Una presión que aumenta y aplasta. El aire se vuelve más denso y es casi irrespirable, lo suficientemente viscoso como para ahogarse con él. Sentir ardiente cada inspiración, quemando por dentro. Notar una sensación a metal frío en las manos. Ese tacto pegajoso y pesado que machaca las yemas de los dedos. Áspero, todo lo que tocas es áspero. Amargo, todo lo que pruebas es amargo. Espeso, todo lo que vives es espeso. Eres como el chocolate puro, áspero, amargo y espeso.

Toma número 357.
Tener un momento de revelación elocuente en el que las palabras broten espontáneas de tu boca como si tuvieran vida propia, o más que eso, el deseo de poder tenerla. Ese instante en el que hablas sin pensar y aún así con acierto. Ya sea para explicar algún concepto abstracto que consigues traer a un plano concreto. Ya sea para hacer una crítica con la proporción adecuada de construcción y destrucción. Lo preciso para abrir un camino y despertar una mirada perdida. O bien podría ser para hacer reír, tarea que requiere del mayor de los de los ingenios con el que simplificarlo todo. La claridad, el ingenio, la elocuencia, se encuentra en la capacidad de hacerlo todo simple. ¿Qué querría decir con todo esto? Seguro que era algo simple, pero ya no lo recuerdo. ¿A qué viene todo esto? Seguro que era algo simple, pero ya no lo recuerdo. ¿Por qué no acabar con esto? Eso puede ser complicado, mejor dejarlo para el momento de revelación elocuente. A la interacción de las palabras no le importa nada de lo que dices.

Me gusta cuando callas...
Encuentra una mente aislada sinérgicamente con la que poder expresarte sin tapujos, sin miedo a tu ser más íntimo y profundo. Abriendo la morada donde se aloja el miedo. Obtener de vuelta una respuesta de complicidad. Ganar así una dualidad en porcentaje de carga que resuelva los problemas de sobrepresión de la maquinaria. Desliza las manos hacia las teclas y que los dedos pulsen para escribir con notas musicales las líneas que dejaran la existencia. Que todo confluya en el silencio, en la oscuridad, en la soledad, en la nada. En el eco de una voz hueca que despedaza los sueños con el pretexto de que no son reales. En una mañana de lluvia ácida y muda. Salgamos de dudas, acabemos con esto. A la interacción de las palabras sólo le importa lo que no dices.




P.S. A veces tengo una sensación en la que esto pierde el sentido. A veces pienso que realmente nunca lo tuvo. A veces creo que esto no estaba hecho para mí desde un principio. A veces me veo como a un ingenuo jugando a algo de lo que no tiene real conocimiento. Otras ni siquiera me veo. Siempre quedará esa terquedad insatisfecha.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Vidrio Austenítico.

El autocrítico.
El tiempo en el que una frase hilaba otra frase se consumió. La retórica se quedó perdida en el destierro. Los eslabones de la coherencia se separan uno a uno, resquebrajados por el óxido. En esa concatenación se encontraba el sentido de verter una pizca de tinta en el papel. Esa unión representaba la fuerza del pensamiento que se diluye con cada palabra. Llego al punto en el que todo resulta extraño. Cada trazo, cada surco, cada idea, cada impacto. Todo se vuelve confuso y espeso. Aparecen lagunas donde el terreno era ágil. Todo acaba en un quiero y no puedo. Ya no me abro las tripas para sacar lo que había dentro. Ya no vomito las vísceras para reflejar el interior. Quizás porque no quede nada, quizás porque lo que quede en mi interior no valga la pena. Lo único que queda es la trivialidad como respuesta. Que hace que no me esconda o que haya olvidado cómo hacerlo. Que me encadena al sentido literal, dejando mi refugio desprovisto. Lo detesto. Detesto no sellar hasta la última letra con el alma, detesto encontrarme alejado de mis palabras, de no sentir estas líneas. La forja de un compromiso personal me arrastra a seguir intentándolo, a propiciar el reencuentro. Y poder decir sin fundamento alguno que no me gusta lo que escribo.

Cirugía de salón.
Me dan ganas de extirparme el corazón aún latente y comprobar que sigo vivo y que no es algo aparente. Después de un viaje sin propósito de retorno, llego a un punto en este instante en el que si vuelvo soy tonto o un cobarde. Es difícil mirar hacia delante por miedo a lo incierto, ignorarlo es un ultraje y una pérdida de tiempo, lo mejor es afrontarlo y acabar con el sufrimiento. A pesar de que no llegue a tu puerta ese momento, no lo aguardes. Se impaciente y se distante. No regales ni un reojo, ni te hagas un reproche, muestra las manos vacías de un rebelde. Que sin buscar más causa justa que la pérdida del juicio, encuentra en el reflejo cristalino la prueba del propio vicio. La ilusión por una revolución que se erige en los cimientos de la sinrazón que conlleva unos excesos que precisan la exclamación de un continuo perdón. No quiero mirarme en la mentira y la traición de una confianza rotunda, reniego del exilio de mi conciencia. No desespero porque encuentro en el pasado una victoria con la que continuar presentando batalla hasta alzarme con la gloria. Tomarme un respiro, estar sereno. Y poder gritar sincero que mi corazón se queda en las entrañas de quien lo quiera.

Profeta sin tierra.
El pánico consistía en saber que estaba ahí cuando hiciera falta y por esa razón no contar con su presencia. La irracionalidad de la incondicionalidad asusta y hace aparente la situación de abuso. En caso de que la culpabilidad no se encuentre en el yugo, excusado como pretexto, puede que los fines sean crueles o, quizás, que sean inciertos y debidos a la falta de constancia de la consecución del hecho. Es irónico que el silencio de no decir nada, sea más revelador que las palabras. Y entonar las líneas de la canción que dice: “Si te he hecho daño, perdóname. Si al hablar no te entiendo, perdóname. Si quiero estar sólo, perdóname. Pura sangre sí, pero de ley”. Lo maravillosamente decadente que es saber que ante la indiferencia no hay posibilidad de sufrir daño. Que la ausencia de palabras no preserva del malentendido. Que querer estar solos es la patraña que inventamos para ser dueños absolutos del daño que recibimos, para encontrar un culpable sencillo y acusable. Ser pura sangre consiste en encontrar el equilibrio entre nobleza y bravura para que no te entre el pánico ante la incondicional irracionalidad de una decadente indiferencia sin ausencia de malentendidos sobre la que inventamos nuestra culpa.


P.S. Más de lo mismo... Madre mía, ¡pero qué horas son! Que mañana (hoy) hay que currar.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Nitrato Robot

Trastorno del pensamiento.
- Hubiese estado bien escribir algo con frases de cine o títulos de canciones.
- Eso requiere talento.
- Con convencimiento al menos podría hacerse un intento.
- Tiene que estar en mente para que siga la ilusión.
- La realidad lo superaría.
- Llamar realidad a lo inexistente suena pretencioso.
- Me refiero a pequeños gestos. Como la satisfacción de andar de manera extravagante, pareciendo una burda parodia del Flying Circus.
- Diarrea mental.
- Seguro que tienes ideas más descabelladas. O manías peculiares.
- Para nada, me estanco en la normalidad.
- No te creo. Seguro que encuentras inspiración en la música pero no la pones demasiado alta para poder escuchar bien lo que piensas.
- Frío.
- Es posible que te guste llamarte de usted. Además puede que al entrar al autobús tengas preparada siempre la tarjeta en la mano y buscas el asiento al lado de la puerta de salida. Te resulta cómodo porque no hay asientos delante que reduzcan el espacio y prefieres situarte junto a la ventanilla porque así te distraer con el paisaje si no llevas música contigo.
- Ni de lejos.
- Entonces conduces despatarrado con el brazo izquierdo sosteniendo el volante y el derecho apoyado en el reposabrazos mientras agarras la palanca de cambio. Miras a los retrovisores compulsivamente y siempre detectas un coche que parece seguirte. Aunque en otras ocasiones te sientes perseguidor.
- ¿Y voy sin cinturón?
- ¿Para que se te caiga el pantalón? Podría ser decididamente sugerente.
- Humor de altos vuelos.
- Estoy convencido de que bailas cuando sabes que no te ve nadie, proyectando la melodía directamente de tu cabeza.
- Eso es estúpido.
- Entonces, piensas en escenarios futuribles y completamente incoherentes. Pero lo haces al detalle, imaginas el diálogo completo y lo representas mentalmente como una proyección astral. Imaginas incluso el lugar, vagamente, de forma borrosa. También la vestimenta y la gente que pasea alrededor.
-¿Qué clase de enfermo eres?
- Tengo la impresión de que detestas las pequeñas lagunas. En general, tienes el cuidado necesario como para repetir ordenadamente los pasos necesarios para evitar esas situaciones, aunque alejarte de esa liturgia provoca los equívocos. Escribes las ideas que te parecen interesantes en papel para un desarrollo futuro. Es la manera de preservar tu olvido.
- Háztelo mirar, en serio.
- Necesitas distracciones para llevar a cabo cualquier tarea. Cualquier sonido medianamente armonioso de fondo que te ayuda en el funcionamiento del ritmo sináptico y al mismo tiempo te hace disfrutar.
- No lo estás entendiendo. No estás bien, necesitas ayuda profesional.
- Bueno, mi última carta. Te gusta escribir para liberar tus ideas y tu mente en general. Para hacerlo necesitas parte de las peculiaridades anteriormente descritas. Tienes predilección por los diálogos. Te camuflas en ellos sin querer y aunque lo intentes disimular siempre le hablas a una mujer. En realidad, es un icono femenino que te da la tranquilidad suficiente como para desarrollar tu sinsentido.
– Ahí me has dado. Chapeau.



P.S. Más desvaríos... Escribir en un estado neutro es como el café descafeinado o el cine sin palomitas. Un quiero y no puedo. Y fíjate que cualquier texto podría empezar así, y así se queda.

lunes, 28 de octubre de 2013

Agua Terrosa.

Fin de la Cita.
Comienza el festival de las sonrisas furtivas. La melodía desfila por el recinto, llenando los vasos de júbilo y alegría a su paso. Explosiones de color tiñen los alrededores en tonos caóticos y desordenados. Los escombros de la felicidad saltan por los aires. El olvido guarda turno para ser recordado. Una señal catódica recuerda la decadencia del raciocinio. Entramos en una etapa sin mayor censura que a la crítica. Perder el control es la única opción. Estallar en mil pedazos, caer y hacerte añicos. Mientras, los trozos te miran con desprecio y te gritan pidiendo tu condena en el infierno. El estoicismo pasa a ser la prueba de fuego que purifica el purgatorio de una futura morgue. La aspiración por la supervivencia supera a la vida. La voluntad se desploma y con ella todo acaba. Un final para el festival que no volverá la próxima vez.

Telegrama sin telegrafista.
Eclipse de pupilas frente a la esfera nacarada. Al acecho, la bestia espera su momento. Hay mil maneras de corromper una ilusión. Adeptos de la secta de la devastación. Sembradores de caos se acercan en movimientos al borde del colapso. La necesidad del saber instantáneo empuja a la vileza. Respuestas, respuestas rápidas a preguntas inconclusas. Tranquilidad quebradiza. El paréntesis del tiempo es el que permite admirar la belleza durante el sufrimiento que supone el transcurso de cada segundo. La agonía se transforma en el placer de escuchar una canción en tu cabeza. Mantener una conversación que se repite sin cesar en bucle constante. La agarras con la mano, acercas tu cabeza a la suya y al juntar los labios quedan separados por el magnetismo. Luego dirán que no había química, pero tampoco había física. Ciento treinta palabras, quizás más, probablemente menos. ¿Qué queda? Nada. Ni una idea remota. Desorden y dispersión. ¿Dónde se perdió tu elocuencia? Implora por lo menos un rescate. O incluso, intenta tirarle los tejos. Pero, por favor, que vuelva para quedarse. Y que este mensaje se autodestruya en cinco, cuatro…

Tempus fugit.
Tiempo y espacio son hermanos bivitelinos. Quizás por eso el deseo de control de dichas magnitudes está regido por el sometimiento de ambas. Un día se alcanzará el concepto de paréntesis temporal. Así, se podría congelar una fracción del tiempo. Sería útil en aquellos momentos que disfrutamos y no queremos que acaben nunca. Esto puede variar de manera que corra deprisa durante un mal trance. Pero podríamos llegar más lejos y congelar o adelantar fracciones del espacio y no todo en su conjunto. De esa forma podrías dejar objetos inalterados. Incluso podría hacerse en una misma persona, preservando órganos vitales, recuerdos o habilidades. La posibilidad de jugar a los viajes en el tiempo y no sólo eso, sino tener la capacidad de poder desordenar su transcurso lógico. Vivir un día y saltar varios hacia delante dejando un periodo en espera y volver hacia atrás para repetir un suceso, para finalmente rellenar los huecos temporales. Combinar los viajes para convertirlos en espacio-temporales. Cambiar ubicación y momento simultáneamente. Cuándo y dónde dejarían de ser un interrogante. No obstante, ¿quién sabe qué depararían cambios tan fantasiosos y al mismo tiempo impracticables?



P.S. Utilizo el espacio que me queda para felicitar a Tú por su cumpleaños. Pensaba que era el día posterior a esta madrugada, gran error. Del 27 al 17 hay un salto como el que te tengo dado en la cabeza. Dicen que mejor tarde que nunca y que la intención es lo que cuenta. Lo que no dicen es que son todo escusas. Pues nada, que cumplas muchos más ;)

martes, 20 de agosto de 2013

Maravedí Delincuente.

Sota de oros.
Cuenta la leyenda que hubo un guerrero solitario, implacable en batalla. Vagaba por el imperio protegiendo a los débiles contra la tiranía del emperador. Con su espada atravesaba los corazones rivales de una estocada. Los soldados comprobaban como uno a uno sus compañeros caían en una agonía irreversible. Para mantener este don, el guerrero practicaba un ritual nocturno en el que ofrecía la sangre de sus contendientes para seguir matando un día más. Vertía la victoria de un pequeño frasco de cristal a un cuenco de metal. Limpiaba la espada con un trapo que arrojaba también al cuenco. Colocaba el cuenco en un altar mientras afilaba su espada. El cuenco comenzaba a arder, permitiendo descansar al guerrero. No pasó mucho tiempo para que el emperador se enterase de las hazañas del guerrero y menos aún para ordenar una audiencia con él. El guerrero accedió cortésmente a visitarle. En su visita, el emperador intentó corromper al guerrero de innumerables maneras con el propósito de obtener una tregua. El guerrero contestó que sólo abrían dos formas para aceptar una tregua, un profundo cambio de conducta del emperador hacia el pueblo o el abandono de su posición como emperador. El emperador consideró intolerable la proposición del guerrero a lo que éste le contestó que la solución pasaba por ver quién de los dos sería el primer cadáver. La reunión acabó de forma abrupta y dejó contrariado al emperador que no concebía no haber llegado a un acuerdo. El emperador era un hombre taimado y sabía que aunque no había encontrado ningún punto débil en el guerrero durante su conversación, sabía que lo mejor era perseverar y concentrar las fuerzas de sus hombres en el espionaje, más que en la confrontación. Siendo así, llegó a oídos del emperador que el guerrero se desviaba frecuentemente a un poblado entre las montañas. Allí visitaba a una humilde y joven campesina, sencilla y muy hermosa, de la que estaba completamente enamorado. El emperador urdió una habilidosa artimaña con la que distraería en combate al guerrero mientras el paso fundamental del plan se centraba en raptar a su amada. El guerrero comprobó desolado el éxito del emperador con aquella treta. Sin más remedio, el guerrero volvió a ver al emperador. En esa situación, el emperador ofreció un nuevo trato al guerrero. Intercambiaría la vida de su amada por su espada y medio brazo. El guerrero sin pensarlo dos veces arrancó una antorcha de las manos de un soldado con un fuerte tirón, blandió su espada, cortó su brazo, cauterizó la herida con la antorcha y entregó su parte del trato. El emperador complacido con el resultado cumplió su parte. Loa amados volvían por su camino cuando el guerrero se dio la vuelta y arrojó un cuchillo. El cuchillo atravesó el corazón del emperador. Según las reglas del guerrero la tregua se saldaría por encima de alguno de sus cadáveres. Perder medio brazo le supo a la mayor de las victorias. Desde entonces, no se volvió a saber del guerrero y la campesina.

¿Coco, o no coco?, ésa es la cuestión.
- Compadre, cómprame un coco.
- ¿Cómo?
- Como, no. Un coco.
- ¿Por qué?
- Porque el que poco coco come…
- Espera, espera, espera.
- ¿Sí?
- Esto es lo mismo de siempre y no voy a caer.
- Vaya…
- Empty your mind.
- Vacía el coco.
- Be formless, shapeless. Like water.
- Sé fuerte, cháfalo. Saca el agua.
- You put water into a cup, it becomes the cup. You put water into a bottle, it becomes the bottle. You put water into a teapot, it becomes the teapot.
- Ponlo en un recipiente fresquito.
- Be water my friend.
- Bébete el agua, compadre.
- Imparable.
- Compadre…
- Dime.
- Cómprame un yogur de coco.
- ¿Un yogur de coco?
- Sí.
- ¿Por qué?
- Porque el que poco yogur de coco come, poco yogur de coco compra.
- ¿Sabes qué es lo mejor de la amistad?
- Nop.
- La seguridad de poder llamarte cabrón teniendo la certeza de que no te sentirás ofendido.
- Ay, sangría…
- ¿Sangría?
- Sangría Don Mamón, piribiribirí. Ven vamos a disfrutar con sangría Don Mamón.
- Ah, claro.
- El otro día entré en un bar, había alguien sentado en mi lugar habitual y me fui.
- Muy interesante la anécdota.
- No había acabado. Al rato, vuelvo y le pregunto a la camarera cuál es su anuncio favorito.
- Una pregunta un tanto extraña.
- Y me contesta que no tiene televisión.
- Vaya…
- Le digo que esa no era la respuesta a mi pregunta.
- ¿Y qué te contestó?
- Nada, me subió la medicación.
- ¿Lo suficiente?
- Al menos para tener que usar la escalera. Ahora estoy con antiestamínicos.
- Será antihistamínicos, ¿no?
- ¿Y tú que tomas?
- ¿Yo?, nada.
- Y no te apetecería sangría con agua de coco.
- No es el momento, ni el tema.
- No lo hagas.
- ¿Hacer qué?
- No intentes razonar.
- ¿A qué te refieres?
- Abramos un paréntesis y ahora seguimos nuestra conversación porque me he dado cuenta de algo importante.
- Tú dirás.
- Este cuaderno tiene notas.
- ¿Cómo?
- Pues eso, notas. Frases cortas a modo de consejo.
- Muy interesante, sí.
- Por ejemplo, en esta página pone “No pre-calientes el horno”, palabras textuales. Así en tono imperativo, pero si no precaliento el horno no puedo hacer las galletas de coco.
- Vaya…
- Éste es un cuaderno inquisidor.
- Lo que tú digas.
- Agotemos este paréntesis y volvamos de nuevo a nuestro punto neurótico.
- Será neurálgico, ¿no?
- No intentes razonar.
- ¿A qué te refieres?
- Las apariencias engañan.
- Explícate.
- ¿Cuántas personas interactúan en esta conversación?
- No lo sé.
- No lo sabemos, esa es la clave. Podríamos ser multitud o uno sólo. Pero, en el fondo, lo desconocemos.
- ¿Y por qué no razonar?
- Déjame que te lo explique. Al perder la referencia del número de interlocutores, pierdes el contexto y con él la posibilidad de establecer un razonamiento certero.
- Me gusta más la parte de los cocos.
- Me lo he perdido, rewind.
- Tengo sed.
- Pues cómprame el coco.

Psicosis.
Te oigo por todas partes y en todo momento y no lo soporto. Y es paradójico porque cuando te veo no me regalas ni siquiera una sílaba. ¿Tanto me detestas? Es posible que viva sumido en una idolatría insulsa pero créeme que es mejor que esa fría pose estática que te esfuerzas por mantener. Y que aún así es tan bella, tan delicada, tan femenina. Porque aunque me niegues el placer de tu palabra, obtengo el beneficio de poder contemplarte. Y mirar esos ojos oscuros e introspectivos que me engullen, paralizándome. Y esa mirada furibunda al leer en mis labios estas palabras y penetrar con ella en mi interior para helarme el alma. Pero puedo cerrar los ojos y seguir viéndote. Es una visión permanente que aparece de la fragancia con la que colmas mi estancia y con la que constantemente me envenenas. Bajo mis sentidos bascula la sangre confundida en un trayecto de locura y perdición. Y aún así no lo soporto. Sería capaz de aguantar infinidad de castigos pero no puedo con esa pose. No resisto tu indiferencia. La misma que erosiona mi corazón y desgasta mi locura. Porque bien me voy dando cuenta de la locura que es amarte. Pero ya no lo soporto. Y moriría por tu renuncia. Y mataría porque alguien me dijera que dejara de hablarle a una silla vacía. Pero, qué difícil es abrir una puerta cuando estás acostumbrado a tumbar muros a cabezazos.




P.S. Es posible que debiera pedir perdón por la extensión megamórfica de los escritos, pero me niego rotundamente. Se me va la olla pero me quedo muy augusto.