miércoles, 17 de junio de 2015

Gran Fábula.

Fariseos.
Hermanos, nuestro tiempo de adoración llega a su fin. Han sido largos años de espera en los que la televisión ha difundido un dogma que seguimos como doctrina. Enseñaron que se pueden rescatar bancos por algo que pasaba con una prima. Las comisiones son el pan nuestro de cada día. Fomentaron la movilidad exterior e incurrieron en una regularización fiscal. Hoy es el día de nuestra revelación. El periodismo no es sensacionalista en busca de un titular con el que llamar la atención, ni parcial al desviar el foco de atención de asuntos relevantes. Ni siquiera comen de los rescatados. Que otras opciones no son posibles, no os dejéis contaminar por predicadores del caos. Lo público es ineficaz, la banca no tiene que estar controlada por políticos, el comunismo es utópico, el anarquismo es utópico. No sembraremos la calle de miedo, ni haremos cazas de brujas. Somos plurales y mayoritarios. Somos ejemplo a seguir y somos espejo de la sociedad. Por eso, hermanos, en este glorioso día de la revelación podemos decir que somos una gran mentira.

El nuevo.
Buscas algo por terminar, ¿no es así? Algo inacabado, que por algún motivo quedó varado en el tiempo. ¿Por qué ahora? ¿Acaso te sientes con fuerza o con la lucidez necesaria como para enfrentarlo? Es ingenuo pensar en la pretensión de compensar la agonía del tiempo con buenas palabras. Pero no te equivoques, sé que en tu cabeza ahora todo tiene sentido como si de resolver un rompecabezas se tratase. Y la realidad es que no hay ningún enigma y nunca lo ha habido. Sólo un esfuerzo innecesario de poner obstáculos por medio. No vuelves por cobardía y por desidia. Miedo a lo desconocido cuando es más dañino no saber. Y es preferible saltar al vacío que al suelo según tu razonamiento. Pero no te preocupes, que se acaba el monólogo y como cuaderno tuyo te digo que dejes de buscar. Que no hay textos por acabar en un afán por acabar uno nuevo. Te toca mover ficha en un tablero nuevo, pon las neuronas a funcionar. Escribe, que entre tanto desatino, un día, acertarás.

Al final, nada.
- ¿Y cómo acaba?
- Pues mal, ¿cómo va a acabar?
- Tus historias siempre acaban mal.
- No, no siempre.
- Bonito punto de vista…
- Fíjate que últimamente casi ni acaban.
- No sé qué es peor.
- Sí, yo sí lo sé.
- De alguna forma utilizas esas situaciones para reconfortarte, como un bálsamo.
- Probablemente, sea más como expiación.
- ¿Y no te das por satisfecho?
- Eso parece.
- Es un alivio.
- Es basura.
- La neutralidad que pervive es agotadora. Y a la vez ser consciente de lo anodinas que son cada una de las palabras que pronuncio. Estoy cansado de no sentir y no saber escribirlo. Que la asepsia me mate las ideas y las convierta en nada. ¿Qué pasa? Nada. No pasa nada. Y esa nada me engulle mientras se hace cada vez más grande. Sin aspavientos, en silencio, en calma. No me da la gana.
- ¿Y cómo acaba?
- No lo sé. Antes todo era visceral, todo estaba a flor de piel. La intensidad era fortísima. Todo era relevante y especial. Inevitablemente desembocaba en una ira fulgurante. La rabia toma el control y te lleva hacia delante porque dejaste el valor olvidado. Lo hace todo por ti, hasta que te das cuenta. Entonces, todo cambia y todo se relativiza.
- ¿Y luego?
- Luego, nada.




P.S. Mejor no acostumbrarse a este derroche de... lo que sea.

lunes, 15 de junio de 2015

Costa Clarividente.

Música y letra.
La música distorsiona el tiempo acelerándolo o ralentizándolo. No obstante, en ciertas ocasiones es el tiempo quien consigue distorsionar la duración de una pieza musical. Esa duración es algo medido, conocido, que podemos observar y comprobar. Pero cuando nos abstraemos, una canción puede durar para siempre o acabarse fugazmente casi cuando había comenzado. Esta puede ser una propiedad única y que se dé exclusivamente en dicha interacción con connotaciones simbiontes. Y es que algo ocurre con nuestra percepción bajo el embrujo de un sonido melódico que altera por completo nuestra dimensión temporal. Y aunque no te des cuenta, necesitas la música para escribir. Encuentras en esa armonía la inspiración de tus historias, tus reflexiones, tus preguntas y el sinsentido que con soberbia quieres poder explicar. Al final, quedan unas pocas frases que perdieron su música.

Me atas, con eme.
¿Me ves?
Ya no me ves.
¿Me ves?
No me ves.
Encaja la puerta,
no la cierres.
Con un poco de suerte
seguirá abierta.
¿Me miras?
No era a mí.
¿Me hablas?
No era a mí.
Conoces mi nombre,
me llamas por él.
Lo olvidas de golpe
y lo escribes en papel.
¿Me recuerdas?
Memoria hostil.
¿Me olvidas?
Mente gentil.
Compruebas la hora
y se ha hecho tarde.
No queda nadie
y la calle está sola.
¿Me crees?
Ya no me crees.
¿Me requieres?
No, ya no me, nunca.
Una fina línea
del delirio te separa.
Y aún no te libras
de preguntas muy raras.
¿Me importas?
Ya no importa.
Me apetece,
decir que me...

Línea 806.
- Necesito ayuda.
- Ha llamado al sitio correcto. Nuestro quiromante echará sus cartas sobre la bola de cristal para adivinar su futuro. Aunque debido a la esfericidad de la misma, esto sea algo estúpido porque al final las cartas se resbalan y acaban desparramadas por la mesa…
- Póngame con él y tómese algo, por favor. Que hay gente con problemas de verdad.
- Al habla el adivinador, ¿en qué puedo ayudarle?
- Necesito ayuda.
- Para eso estamos. Hágame su petición.
- ¿Estamos? ¿Cuántos son ahí? En cuanto a las peticiones, ¿eso es que puedo pedir deseos?
- Ehm, parece que es el típico personaje con severos problemas de comunicación. Cuénteme que le ocurre.
- Tengo un problema.
- Ya lo sabía.
- Claro, es usted quiropráctico de esos.
- No, sé que tiene problemas porque ha llamado. De lo contrario, dudo que se le hubiera ocurrido.
- Digo, ni yo me creo mi nivel de desesperación.
- Bien, display, por favor.
- No sé morirme.
- Me pregunta usted por salud, espere que le eche las cartas, un momento.
- No, no me ha entendido. Le digo que no sé morirme. Qué hacer, cómo actuar. Probablemente, no estaría a la altura.
- Ha salido la carta del loco…
- Tampoco sería buen acompañante. No entendería la necesidad de mi compañía por la falta de tiempo.
- Y aparece ahora el colgado…
- Preferiría no acudir a mi funeral, no me gustan las ceremonias protocolarias.
- Sota de copas, se me han mezclado las barajas.
- Me defraudaría llegar a un estado aquiescente cuando la indiferencia fuese total.
- Un comodín, no te lo pierdas.
- Lo peor sería no cumplir con las expectativas, eso no me lo perdonaría. Se supone que uno debe saber afrontar esa situación.
- Para dejarlo claro, es evidente que estamos a otro nivel. No alcanzo sus pretensiones.
- Definitivamente, no estoy preparado. Perderme para siempre de mi mismo. No es por narcisismo. Total, lo mismo da si te empiezas a acostumbrar o hace tiempo que te aburre. Es irónico como todo lo que nos envuelve es tremendamente transcendente durante tu tiempo y tan efímero después de él.
- La última carta, la muerte.
- ¿Eso qué quiere decir?
- Siguiente llamada, por favor.




P.S. Cuando me da por leer textos de tiempo atrás me da la sensación de que esto es de cara a la galería. Que lo que tenía ya lo he dado. Que lo de ahora es postureo. No suelo leer lo antiguo por lo mismo. Seguramente no será algo tan exagerado. Pero siento que he perdido frescura y que no va a volver. Podría entrar más en detalle, pero me da pereza.

viernes, 8 de mayo de 2015

Letrina Privada.

El anarquista.
Tira al cura del campanario
y reza por la mañana.
Abre más tarde el relicario
y recoge una hostia temprana.
Roba también el cepillo,
gástalo todo en manzanas.
Dáselo a un monaguillo
y que lo reparta entre las damas.
Recreando el pecado original,
echan a las parejas del piso.
Habiendo cometido un acto criminal
al pagar la letra a mes vencido.
Cortando agua, luz y gas,
volver esta prohibido.
Cobrando la mendicidad
del pan que tienen cautivo.
Es cuestión de educación
aprender a sumar
y así de mayor con devoción
poder portar una tarjeta black.
Y no es corrupción
pasar sobres sin sellar
o violar a una menor
si el Domingo vas a comulgar.
Sería lógico pensar
y además recomendable
¿criticar una cierta doble moral?
Como si fuese cuestionable...
Cruza la frontera de la humanidad
hasta que seas irreconocible.
Inventa un nuevo orden social,
no me jodas con imposibles.
Y que el orden sea ficción
y la ley la libertad
y la única verdad el amor
y un sueño de realidad.

Cuadro cínico, con ele.
- Como usted sabe bien, doctor, acudo en busca de su ayuda profesional para lidiar con mis flaquezas intelectuales y mis luchas internas de poder.
- Le agradezco que venga aunque le agradecería verdaderamente que viniera menos, ya que no se toma siquiera la molestia de pagar las horas de consulta privada.
- ¡Qué ocurrencias, doctor! Claro que me tomo la molestia, por eso no lo hago.
- Bien, ¿qué le trae por aquí?
- Esta vez no tiene nada que ver con mi problema con las turgencias.
- ¿Qué problema de turgencias?
- Ya decía que no vengo a hablar de eso.
- Nunca hemos hablado de un problema de turgencias.
- Ni vamos a empezar ahora tampoco.
- Siendo un tema que me interesa tanto.
- Es sobre una disfunción en la orientación temporal.
- ¿De qué proporción?
- A corto plazo.
- ¿Días?
- Incluso franjas horarias.
- ¿Quiere decir que en un mismo día es capaz de saber qué día es y confundirlo?
- Exacto.
- Es más grave de lo que pensaba. ¿Algunos síntomas paralelos?
- Déjà vu e interpretaciones oníricas de hechos reales.
- ¿Y cómo sabe que existen como tal?
- No lo sé hasta que compruebo lo sucedido.
- Como por ejemplo…
- El otro día descubrí que tenía una cuenta en un paraíso fiscal.
- ¿Y no me paga la consulta?
- Desconozco su origen y procedencia. De todas formas es irónico, preferiría estar en un paraíso a que lo esté mi dinero. No entiendo esa concepción.
- Habla como un político, viste como un político, incluso huele a político, eso explicaría la gravedad del caso.
- Créame en 1992 me indujeron un coma que duró hasta el 2012.
- De ahí las secuelas mentales, ¿a qué se debía ese coma inducido?
- Me aburría.
- ¿No se le ocurrió echar una cabezada en lugar de una decisión tan desproporcionada?
- He dicho que me aburría, doctor. Dormir implica una actividad y necesitaba la ausencia completa de consciencia.
- Bien puede marcharse. Tome esta receta, si alguna vez más se encuentra en esa situación son unos comprimidos de cianuro que sin duda le ayudarán a su propósito. Tómelos cada 24 horas. Siguiente…

Cuando haces pop, creyendo que es rock.
Deja la mente en blanco. Es imposible, comparable a querer escuchar el silencio. Para todo hay remedio y en este caso es el papel. Ese papel que te deja en blanco, permaneciendo de esa manera el mismo. Te deja en evidencia por inoperancia. Dando cabezadas en el intento de buscar la palabra con la que comenzar una nueva frase. Y al cerrar los ojos ya no la recuerdas y la mente se tiñe de negro inconsciente. Los ecos admiraban tu destreza y esa manera peculiar de hilar el argumento aunque fuese indescifrable. La maquinaria neuronal funciona surcando el aire en una abstracción permanente para una reflexión incompleta al estar delante de una hoja de papel. Deja la mente en blanco.




P.S. Podría parecer que me haya puesto a escribir en estos días, nada más lejos de la realidad. A saber cuanto hace que estaba esto por un cuaderno. Meter el papel en el ordenador y que se calque lo que está escrito lleva más tiempo de lo que pensaba.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Anticuentos II

La pareja perfecta.
La cordura es un bien escaso. Estaban juntos innecesariamente. Juntos para hacerse daño. Los gritos y peleas daban paso a períodos de silencios incómodos que desembocaban en más riñas. El amor era una palabra que carecía completamente de significado. Se detestaban hasta tal punto que no podían estar sin el otro. ¿Cómo iban a separarse de la única persona a la que sentían así? ¿Dónde iban a encontrar alguien igual? Esa manera de despreciarse, de resaltar los defectos del otro, las miradas de odio, los comentarios mordaces, las bromas pesadas, los golpes bajos, la indiferencia premeditada. Era tan perfecto, tan mágico. Tan claro y diáfano que no podían dejar que pasase desapercibido. Se detestaban como nadie más en el mundo y eso para ellos era suficientemente importante como para seguir juntos. Lo que buscaban era algo que nadie más les pudiera dar. Algo inequívoco en un mar de incertidumbre.

El cuentatiempos.
El cuentacuentos viajaba de un lugar a otro con sus historias a cuestas que intercambiaba por alojamiento y comida allí donde pasaba. Eran historias alegres de personajes humildes y finales felices. Al poco tiempo el cuentacuentos aprendió a utilizar como protagonistas a los oyentes de sus historias y veía perplejo como sus relatos se hacían realidad, llenando de júbilo y gozo a todos aquellos con los que interactuaba. Al ver cómo esto sucedía, pensó que podía ser él, protagonista de una historia y de esta manera poder beneficiarse de lo ocurrido en el transcurso de uno de sus cuentos. Así lo hizo y para su desgracia la recompensa fue una amnesia absoluta. Olvidó todos y cada uno de sus cuentos, su profesión, incluso su identidad. Olvidó su nombre, su origen y sabía reconocerse ante un espejo. Nadie volvería a disfrutar de sus relatos y las buenas consecuencias que éstos traían.

Ver, viendo, visto. Visionario.
O blanco o negro. Habiendo una variedad de tonos entre ellos en una escala de grises prácticamente infinita. Para qué quedarnos ahí pudiendo hacer uso de colores en la amplia gama que nos proporciona la combinación del arcoíris. Eso es lo establecido, pero lo realmente transgresor sería romper la escala cromática que es una ínfima fracción del espectro. Y aunque surquemos el infrarrojo en longitudes de onda mayores en busca de calor o viajemos del ultravioleta al X o al gamma en frecuencias extremas, abarcando por completo este espacio, aún es insuficiente. Porque lo realmente transgresor sería buscar lo desconocido para que al verlo, podamos llamarnos visionarios.

Insert coin.
Aquella mañana no despertó. Echa una moneda. Sirvió el desayuno con leche en mal estado. Echa una moneda. Salió a la calle y le atropelló el autobús. Echa una moneda. Llegó tarde al trabajo, le despidieron y se tiró del último piso. Echa una moneda. A la hora del almuerzo se ahogó con una aceituna. Echa una moneda. Eran las cinco de la tarde y se murió de aburrimiento. Echa una moneda. Metió un tenedor en un enchufe. Echa una moneda. Se cayó por las escaleras. Echa una moneda. Le quemaron en una hoguera. Echa una moneda. Se bebió un vaso de hipocloroso. Echa una moneda. ¡Que le corten la cabeza! Echa una moneda. Cumplió cadena perpetua. Echa una moneda. Volvió y la casa se le echó encima. Echa una moneda. No comía hacía año y medio. Echa una moneda. Se pegó un tiro al ver a su mujer acostándose con otro hombre. Echa una moneda. Se durmió para siempre. Game Over.

domingo, 15 de febrero de 2015

Marquetería Silvestre.

La cuenta macarra.
- Una vez vi a un mendigo durmiendo en la entrada de una sucursal bancaria y por la mañana cuando fueron a abrir, le quisieron vender participaciones preferentes.
- Pero, ¿cómo puedes burlarte así de miles de personas que lo están pasando mal?
- Eso mismo es lo que dijo el mendigo.
- En cualquier caso, no sé cómo hemos acabado hablando de esto.
- Qué preferirías ser, ¿genocida o masoquista?
- Masoquista.
- ¿Por qué?
- Por empatía, supongo.
- Reformularé la pregunta. Qué preferirías, ¿tener que ver todo el repertorio de Lina Morgan en bucle o pulsar el botón que active un ataque nuclear que acabe con dos tercios de la población mundial?
- Le daría al botón aunque fuese sólo tener que verlo durante un par de minutos.
- Es ese tipo de reflexiones que no necesita consulta con la almohada.
- Además se arreglaría el problema del mendigo.
- Hombre, aquí quien más quien menos querría ser como el pequeño Nicolás.
- ¿Conseguidor?
- No, agente secreto y deportista de élite.
- Ya, a veces me planteo si en los libros de historia del futuro las guerras púnicas figuren como si hubiesen sucedido en Madrid.
- Sí, Aníbal Granados atacaría Madrid en elefantes bajo comisión.
- Corrupción en Miami.
- En Miami, por la mañana la corrupción está generalizada, por la tarde nadie prodrá, podrá probar que no son inocentes y por la noche todo es falso, salvo alguna cosa.
- It’s very difficult todo esto.
- ¿Y cuánto dinero? ¿Y cuándo la cárcel?
- La segunda ya tal y en cuanto a la primera pues es que la indemnización que se pactó fue una indemnización en diferido y como fue una indemnización indifi, en diferido en forma, efectivamente, de simulación, de simulación, o de lo que hubiera sido en diferido en partes de una, de lo que antes era una retribución, tenía que tener la retención a la Seguridad Social.
- Realmente había venido buscando otra cosa. No es que tengamos mucho tiempo porque apenas nos estamos tomando un relaxing cup, ¿verdad? Pero tengo tantas cosas que decirte que no sabría por dónde empezar y…
- Fin de la cita.

Luciérnagas.
La memoria es tan necesaria,
tan honrosa y a la vez tan honrada
y a la que honrar
recordando el suceso
que siendo presa del olvido
hemos rescatado en nuestro recuerdo.
El orden, el caos, da igual,
lo importante es el sitio.
Sin la ubicación se pierde la esencia
y se cae en el ostracismo
y no hay nada tan devastador como eso.
Pese a llevar en mi interior
aquello que más quiero
sé que el final no es un misterio
y eso me hace presa del miedo.
En el tiempo todo es efímero,
en el tiempo todo es pasado,
en el tiempo habrá un futuro,
en el que nadie te haya recordado.

Entimema.
Cuenta tres palabras a la izquierda. Comienza a leer desordenado. Sin que el sentido importe. Sólo palabras sueltas. Inconexas. Paradójicamente se forma una historia. Y vuelan las suelas del este de Macedonia. Empujando la cumbre del trono en la charca. El sonido parte el espacio de un cuarto de siglo. Toman marcapasos que reptan en las cabezas de unos marcianos. Un limón besa la córnea viscosa que mece la fuente del deseo. Las siluetas manejan la ley del infortunio. Y vivir en la niebla del bucle electrónico. Más no sufres cuando atraviesas el fragor de la lujuria. Y cuentas las sillas en contra. Una fragancia se trenza en el escenario. Se rompe el absurdo. Realmente, ¿te estremeces al oír una canción? Entras como en una especie de posesión en la que te evades del mundo y el sonido te transporta a una realidad distinta en la que todo fluye y cobra un sentido inexplicable. Y, ¿por qué no?, mejor. Te hace sentir bien, te hace sentir vivo. Y eso cobra importancia cuando vivir pasa a ser un acto tan inconsciente como respirar. Cuenta tres palabras atrás. Y todo volverá a comenzar.




P.S. Que no quiere decir que esto esté bien. Ni con coreografía tampoco...

lunes, 26 de enero de 2015

Anticuentos I

Viaje de ida.
El plasma sanguíneo empezó a dar señal televisiva. Aparecía una chica guapísima que vestía una sonrisa que le quedaba estupendamente hasta que se la borraron de la cara. Una bomba y mil luces que explotaban por la mañana. El periódico envuelto en piedra atravesaba las ventanas. Los billetes catódicos compraban suerte en la ruleta. Unos botes de pastillas que no aparecen, que no existen, que al final resulta que son invisibles. La mente en blanco, el corazón en la mano y cientos volando. Y la esfera rodando tiñe de dorado la mierda que has pisado. Cuenta atrás al año pasado y ahí se quedaron. La mentira mil veces repetida ya no es verdad sino indiscutible y es que el disfraz es impresionante. Se hace cirugía estética y qué importa si es natural o artificial, lo indudable es que ahora impresiona aunque puede que mañana no haya nada y que la verdad sea por fin mentira, pero ahora realidad.

Viaje de vuelta.
Hay una mano que deja la droga encima de la mesa. Luces de neón que iluminan a los proxenetas antes de salir de la habitación. El cañón escupe balas que cruzan el tórax y salen diciendo adiós. De tinta carmesí se pintan ahora las paredes en los moteles sin pedigrí. Firmado con agujero humeante en la sien del verdugo de cadáveres andantes queriendo huir. Ser trofeo exultante en vitrinas translúcidas al ser pasto de la taxidermia. Y dibujando en el rostro la silueta de una sonrisa en el horror de un segundo que dio la vuelta a la cara. Y el dinero se trafica en casinos de trasplantes y gritos. Se quema las córneas para ignorar lo que había visto. Aunque la lengua trae más desgracias, cuando la clave está en seguir la máxima en la que el olvido es tu aliado.

Fracasa, Moraleja.
Moraleja era sin duda un tipo peculiar. Conocía los bajos fondos como la palma de su mano, el ambiente que se respiraba y cada esquina en la que el peligro acechaba. Frecuentaba los típicos bares de mala muerte en los que las historias fluían tanto como el alcohol, siendo prolíficas para sus investigaciones. Estaba enamorado de Rosalín, una bailarina de un club nocturno a la que acompañaba a su apartamento cada vez que terminaba su turno. Pero nunca avanzaba más allá de la entrada donde siempre la despedía. Desconocía si el sentimiento era recíproco, pero parecía que su compañía le agradaba. Una noche unos matones salieron a su paso. Moraleja defendió a Rosalín con su directo de derecha, pero no pudo evitar que le apuñalaran repetidamente en el costado. A Moraleja le esperaban varios meses de hospital y rehabilitación. Tendría secuelas de por vida que limitaban su capacidad para caminar. En cuanto a Rosalín, abandonó la ciudad y nunca más supo de ella. La mañana de la salida de Moraleja del hospital, éste se despertó y encontró una fotografía de Rosalín en la mesa al lado de la cama. Tenía la silueta en carmín de un beso en el reverso.

Triunfo yermo.
Se levantaba con energía cada mañana. Antes de salir de casa se miraban en el espejo para comprobar si iba guapa. Hoy tenía una entrevista de trabajo que consiguió sin muchos problemas. Esa noche saldría con su chica para celebrarlo. Sí, era lesbiana y estaba conforme con su cuerpo y su sexo. No había perdido un ápice de feminidad en su forma de actuar, no obstante, sentía una gran atracción por las personas de su mismo sexo, en aquel momento una mujer en particular. Esto tuvo como consecuencia que su familia se apartase de ella con el mayor de los desprecios. No entendía cómo su manera de sentir podía provocar tanto rechazo, pero aprendió a vivir con ello. Un mal día a su chica le visitó su ex novio. Escopeta en mano la abatió a bocajarro. Luego se metió el cañón en la boca y apretó el gatillo. Ella se quedó congelada para toda la vida cuando al volver del trabajo se encontró con lo sucedido. Se llamaba Silvia y le faltaba la vida.

lunes, 19 de enero de 2015

Disfraz Dance.

Satélite.
Miro la Luna y pienso en el espacio que nos separa. Esa distancia la hace parecer irreal. Y ahí está, brillando como un espejo de luz nacarada que refleja la verdadera luminosidad. A veces, me pierdo en mi pensamiento y no me encuentro. La Luna parece ser un cruel artificio en el cielo. Quizás porque se vislumbra su forma y esos característicos cráteres. Es curioso pero veo la Luna y siento que al mismo tiempo me estoy mirando desde ella. Flotando ingrávido y respirando aquello que la envuelve. Cae constantemente sobre la Tierra de manera infinita. En ocasiones se deja ver aún siendo de día más triste y apagada, sin ese resplandor casi místico con el que ilumina los anocheceres. Y no obstante, en ese instante, es real y verdadera sin ese halo de misterio, sin el hechizo y el embrujo, sin ese manto artificial. Al dormir cumplo con el pacto de regalarle mis sueños. Después de la luna roja hay una noche azul y faroles que iluminan en blanco, pero para poder dormir debe predominar el negro. Hay ocasiones en las que la busco en el cielo sin éxito. Si no la encuentras entras en la noche eterna. La oscuridad te atrapa y no te da tregua hasta que aparece. Perdido en el tiempo de la noche eterna.

El primer verso.
Ya no te quiero,
le susurra al sordo
el viento.
Ya no te quiero
y le sabe a poco,
el gesto.
Ya no te quiero
y cuando te toco
no tiemblo.
Ya no te quiero
y reniego de todos,
tus besos.
Ya no te quiero
y aún queda algo
que no entiendo.
Ver tu cara
ausente de mueca
y una mirada helada.
Sin oír palabras
salir de tu boca
que permanece cerrada.
Y cobijarme
en los escombros
de tu derrota.
En charcos de tristeza
gotea una marea
que agota mi paciencia.
Se agolpan palabras
que desbordan mi lengua
para decir con firmeza.
Nunca te quise
y estaría mintiendo
si supiese hacerlo.
Nunca te quise,
ni estando muy cerca
de dejarte tan lejos.
Nunca te quise,
ni derramo más lágrimas
aunque te eche de menos.
Nunca te quise,
sin saber si fue cierto
el primer verso.

Fashion victim.
Son las cuatro de la mañana y me estoy preparando café. Afuera se escucha un perro ladrando. Es tarde, muy tarde. Prosigue un silencio exasperante al acallarse los ladridos. Es pronto, muy pronto. La oscuridad de la noche envuelve mi ojo derecho, encerrando en él un profundo dolor. Y el ojo llora y con cada lágrima el dolor se agudiza estando latente en toda su superficie semiesférica. Doy vueltas tumbado en la cama y el ojo derrama una cortina que escapa del párpado, mojando la almohada. La postura es estoica, soportando la adversidad, sin muecas ni movimientos, mezclado con el cansancio al no poder dormir. La taza se rompe y el café surca la mesa hasta llegar al filo donde un fino chorro se precipita al vacío. Cruza el suelo saliendo perpendicularmente a través del ojo. El chorro se transformó en un túnel por el que viajaba bajo distintas dimensiones. Escuchaba algunas voces que se repetían, a veces creía que no había pasado, otras parecían sólo un sueño. Era difícil distinguir la realidad. La verdad era esquiva y traicionera cuando lo real se volvía confuso. El tiempo se cristalizaba y podía verse como en un espejo. Pensaba en despertarme y lo hacía en bucle, dejando que la imaginación se filtrara. Era tarde, muy tarde. El café retrocedía de su camino, volviendo a cruzar el ojo que seguía doliendo y derramando lágrimas hasta que se abrió por la mañana.




P.S. La primera entrada del año con escritos del año pasado, paradójico. Si te digo mainstream, tú me dices underground. Si te digo, corazón, tú me llamas gilipollas. Qué cosas...