domingo, 17 de febrero de 2013

Saltos Temporales.

El lago de los cisnes. (El Inspector)
Eran las cuatro de la mañana y me había desplazado a un edificio de apartamentos en el centro de la ciudad. La lluvia empezaba a mojar mi gabardina al salir del coche y, tras el primer paso, pisé un charco que me empapó los pies. Los truenos enmudecieron mi exabrupto, aquel comienzo no auguraba nada bueno. Mientras subía las escaleras del recinto para dirigirme al lugar exacto, pensaba en la llamada anónima que había dado el aviso. “Hay problemas en la dirección descrita en la crónica de sucesos de la edición de ayer en el periódico local. La historia era cierta, las casualidades no existen”. En un principio, tuve mis reticencias por las burlas que había generado la noticia en el departamento. Se filtró la información de un crimen que, después de haberse investigado, resultó ser falso. Y ahí estaba yo, aproximándome de nuevo al lugar en solitario debido al descrédito de aquella advertencia. Mi cara se tornó seria cuando vi la puerta entreabierta de mi destino. En la puerta había un mensaje escrito con sangre, “Lea el periódico de ayer y nunca crea en las casualidades”, rezaba. ¿Cómo podía saber que su destinatario era una única persona? Quedaba claro que no era casualidad. Me adentré en la casa y no pasó mucho tiempo para que pudiera comprobar lo que había sucedido. El cuerpo de una muchacha joven descansaba en una especie de recipiente que se asemejaba a una bandeja. Una pierna le colgaba del techo y la otra se mantenía flexionada con cinta aislante. Estaba colocada bocabajo con la cabeza mirando hacia arriba y los brazos extendidos en cruz. Tenía un profundo corte en el cuello y el recipiente la bañaba en su propia sangre. Aquella imagen me perturbó unos minutos, cuando pude recobrar la razón hice una llamada a la central. Salía del edificio mientras mis compañeros entraban a hacer su trabajo. Justo frente al edificio había un bar abierto, entré para despejarme y hacer algunas preguntas que pudieran darme una pista. Me dirigí al dueño en la barra que, con cara de incredulidad, hizo referencia a un tipo sentado al fondo del local que podría ayudarme. Antes de que pudiera mediar palabra aquel hombre comenzó a hablar.
- Viene con malas noticias – predijo el hombre.
- ¿Cómo lo sabe? – pegunté.
- No creo en las casualidades – afirmó.
- Está en lo cierto, estoy investigando un asesinato. El dueño dice que ha estado aquí toda la noche. ¿Ha visto algo que pueda ser de utilidad? – expliqué antes de formular mi pregunta.
- Puede ser – dijo el hombre.
- Le agradecería que fuera un poco más claro – aconsejé.
- Vivo en el edificio del que acaba de salir y conozco a todas y cada una de las personas que viven en él. Y sí, he visto algo raro. Una pareja de desconocidos entraron de madrugada. Un hombre y una mujer, para ser exactos. Y lo extraño es que ambos entraron en el edificio, pero sólo salió el hombre. Puedo asegurarle que ninguno de ellos vivían allí. Espero que le resulte suficientemente claro – concluía en tono irónico.
- ¿Alguien puede corroborar su testimonio? – proseguí.
- No, la calle estaba desierta y el barman estaba en el almacén – aseveraba.
- Bien, gracias por su testimonio. ¿Le importaría que mis compañeros le tomasen declaración? – finalicé.
- En absoluto.
Me decidí a abandonar el lugar y a descansar un poco después de aquella complicada noche, cuando aquel hombre me gritó desde el fondo antes de que pudiera salir por la puerta del bar.
- Inspector, ¿cree usted en las casualidades? – preguntó.
- Si alguna vez hubo alguna posibilidad de que eso fuera así, hoy se acabaron – contesté.
Aquel caso no había hecho más que empezar.

Mitología para avanzados.
Estoy sentado frente a ti y te miro fijamente. Mi presencia pasa desapercibida. Miras a tu alrededor buscando la manzana dorada en el laberinto de papel de aquel afamado jardín. Mientras, intentas recordar cómo se llamaba. Puede que Edén, Madison Square o quizás sería Hespérides. Todo se mezcla en ese caldero de brebajes que tienes por cabeza. El ambiente es agobiante por la quietud espesa de una atmósfera en calma. El laberinto en el jardín y el jardín rodeado de metal y cristal. Las paredes se derriten y el metal comienza a combarse. No tardas en huir de aquel colapso perseguido por la música. Las escaleras te engullen en una espiral infinita de caderas que se mecen y perspectivas favorables. Muchacho, sufres de hipnosis, despierta. Queda patente la vulnerabilidad de la voluntad ante la voluptuosa magnificencia de lo sobrenatural. El vínculo se rompe con la desaparición de las manzanas en ninfa. El jardín se pudre y el laberinto está húmedo. El cristal se vuelve opaco y el metal áspero. Te diriges a la salida. Desde fuera todo parece igual que antes. Desde dentro la realidad se encuentra inmutable. Desde fuera aparecen las manzanas doradas. Desde dentro se viola la esperanza. Entonces te preguntas, ¿cuál es fuera y cuál dentro? El lugar es concreto y no depende del momento. Muchacho, sigues en tu hipnosis, despierta. No sueñes escribiendo que me derramas la tinta encima y aguanto muchas tonterías, pero en la cara no, en la cara, no.

Multiverso.
Poético: El amor es simbiosis. El-a-mor-es-sim-bio-sis.
Pragmático: ¿Simbiosis? El amor es parásito. Es-pa-rá-si-to.
Poético: Es la fusión del sentido en el reposo de la respiración de unos labios contra otros…
Pragmático: Es una yincana de unos orgasmos contra otros…
Poético: …y finaliza en la concentración del Universo. Y solapa todas las dimensiones. Y allí confluye lo real con lo imaginario, unificando razón y sentimiento. Formando un vínculo invisible y poderoso pero quebradizo y letal. Que te vuelve invulnerable y te protege, envolviendo al cuerpo en un aura resplandeciente de armonía musical. Y el susurro de su nombre en soledad. Y la imagen de su sonrisa en el pensamiento. Y el adiós que te desgarra. Y el encuentro que te da la vida. Y el caminar que te embelesa. Y los ojos que te pierden. Y la mirada traviesa. Y los labios que muerden. Y el corazón que revienta.
Pragmático: …hasta que se acaba.
Poético: ¿Esto qué significa?
Pragmático: Te has emocionado. Te has venido arriba. Y el monólogo lo va a traducir tu madre de moral frágil. Lo digo en tu idioma, para que me entiendas mejor.
Poético: Intento omitir imprecisiones y vaguedades con fin de que el resultado pueda ser un mensaje comprensible y eficiente.
Pragmático: Tengo la sensación que ese papel ya está siendo representado con mejor resultado. Es intuición, nada serio.
Poético: El resultado mina mi moral aletargada por la incompetencia de la labor que con extraordinaria lucidez manifiesta realizar, un aspecto que me es imposible apreciar.
Pragmático: El amor acaba en desprecio.
Poético: El amor termina sin acabar.
Pragmático: El amor es veneno.
Poético: El amor es la droga que no te cansas de probar.
Pragmático: El amor cansa. El amor asesina. El amor se suicida cortándose las venas o reventándose las ideas con una escopeta de caza. El amor se prostituye en palabras bonitas y vacuas. El amor trafica con tu voluntad. El amor abusa de tu físico y tu intelecto. El amor te hace preso y un completo gilipollas.
Poético: ¿Cambio de papeles?
Pragmático: No, yo sigo traduciendo.



PS. Repite contigo. Vuelves para quedarte.

martes, 1 de enero de 2013

Pompas Doradas.

Heterodoxo. 
Imagina un cubito de hielo rematado en perfectas aristas que comienza a fundirse por el centro de su cara superior. Imagina que lo que empieza como un surco va transformándose en un profundo precipicio helado y que al llegar al centro geométrico del poliedro libera una burbuja. Imagina a esa fina película de agua resbalando por las paredes frías y angostas de su cárcel de hielo. Imagina su salida a la libertad y su vuelo al aire. Imagina qué le deparará el destino…
… esa burbuja al fin libre estalló. Compartió toda la magia de su interior con aquello que le rodeaba. Aún así nada se pudo percibir, esa forma esférica que la describía, despareció fusionada con el entorno. Aquella burbuja era el universo que se diluía en la inmensidad.
… esa burbuja al fin libre se enfriaba. La delgada capa de agua se espesaba. El exterior era aún más adverso que el interior del cubo. La burbuja se congeló cayendo al suelo, no se quebró. Su voluntad seguía fuerte, pero ahora se veía convertida en su propia cárcel de hielo.
… esa burbuja al fin libre parecía inmutable. Aún así, poco a poco empequeñecía. Su tamaño mermaba mientras se consumía aquella magia. Tanto menguaba que era difícil divisarla. Esa burbuja se apagó y jamás volvería.

Mitología para principiantes.
Musa: Sonaba a despedida.
Il Uso: Y así ha sido.
Musa: Aquí ya no quedan cuentos, ni encantamientos. No quedan rimas y mucho menos risas. ¿Por qué has vuelto?
Il Uso: Quiero encontrarme.
Musa: ¿Andas perdido?
Il Uso: Ando partido.
Musa: Aquí sólo dejaste tu sombra, a veces oscura y otras luminosa. Aquí sólo has dejado lágrimas y a veces caramelos.
Il Uso: He dejado un camino que me corresponde retomar.
Musa: ¿Y cómo pretendes hacerlo?
Il Uso: Contigo.
Musa: Eso es gracioso, parece que aún te queda algo de ingenio. Al menos para hacerme reír.
Il Uso: Gracioso o ingenioso y aún así cierto.
Musa: No hay certeza en la idónea idealidad de una ensoñación.
Il Uso: Tú eres la gracia y el ingenio. Eres esa idea idónea y el sueño de mi ensoñación. Eres mi sombra luminosa y el caramelo de mis lágrimas. Eres mis palabras y el reflejo de mis ojos. Eres mi acierto y mi fracaso. Sólo tú eres mi certeza aunque estén teñidas de idea o sueño. Por esa certeza muero, por esa certeza vivo. Por esa certeza escribo lo que quiero, por esa certeza escribo que te quiero.
Musa:
Il Uso: ¿Dejar a una musa muda tiene premio?
Musa: Tendrás que aprender a vivir sin certeza.
Il Uso: Sin certeza vivo, andando partido. ¿Qué pasa con este arrojo y estas ganas?
Musa: Que no ganas. En esta batalla, pierdes. Siempre pierdes.
Il Uso: Entonces será certeza que ando perdido.

El último caso: Reloaded. 
Aquel año parecía ser prometedor. Se presagiaba abundante de ideas y delirios. De hecho, es así como comenzó. Después de quedarse a uno de cien, planeó un homenaje en forma de regalo. Con cada bocanada neumática preparaba su discurso. Un discurso vago e impreciso que versaba sobre el merecimiento de aquel honor que se le dispensaba. Entonces, recogió una postal en la estaba escrito: “Nunca te olvidaré”. La fiebre subía y creyó desmayarse. En tablas y dodecaedros recordaba su niñez. Al despertar volvía la resaca de aquel estado de embriaguez, impuesto por su predilección al oxímoron. Se creía Napoleón viajando en la electricidad plástica de una aurora boreal. Se creía caballero que intentaba derrotar al mensajero del miedo sin saber si debía decir adiós o hasta luego. Reponiendo la cordura y durante el término de su silogismo, acudió al recuerdo del hallazgo de aquel aeropuerto donde en su árbol se encontraba la piedra filosofal. Apenas tres andanzas le quedaban. Primero, ¡tachán!, se reencontraba en su cumpleaños. Dejaba testamento, aún sin saberlo, en su tríptico hexadecimal. Dejaba idiotas, sangre y su amor racional. Desde el 7 de abril hasta el 3 de junio estuvo deliberando. Finalmente, se decidió por decir hasta luego. “Se traspasa” reza el cartel. Pasaron meses de inactividad, de sequía, de ideas refugiadas. ¿Quién sabe si volverá el esplendor? ¿Quién sabe si alguna vez lo hubo?


PD: ¿Dónde estoy? Esto me suena de algo...

domingo, 3 de junio de 2012

sábado, 7 de abril de 2012

Tríptico Hexadecimal.

El Día del Idiota.
En los albores del cuarto milenio, la ciudad de Nueva York seguía conservando su prosperidad. El progreso era notable aunque imperceptible para los habitantes de aquella época. La información era enviada vía Wi-Fi a las redes sinápticas neuronales, conectando directamente con el cerebro. Enviando así imagen y sonido de manera cognitiva, pudiendo almacenar el contenido imprescindible. La descarga de información que recaía sobre el individuo, era gestionada según sus preferencias, tanto públicas como privadas. De la misma manera, podía compartirse información o comunicación interpersonal de manera telepática, ya que cada ser humano era receptor y emisor Wi-Fi. Consiguieron que el cerebro no recibiese una sobrecarga, liberándole de gran parte de la pesada carga del control fisiológico. Microchips biológicos eran los encargados de la gestión eficiente del mapa celular y la transformación de materia por parte de los diversos órganos que conforman el cuerpo humano. De esa manera se detectaban y eliminaban con instantánea rapidez la aparición de mutaciones celulares y se remediaba el mal funcionamiento de cualquier área anatómica. El transporte y los viajes se realizaban a través de agujeros de gusano estables en células de teletransporte. Existían tres tipos de teletransporte: el dimensional, el multidimensional y las máquinas del tiempo. Cada uno tenía su señalización, así como terminales de entrada y salida, que se mostraban con discos nano-LED verdes y rojos, respectivamente. Ahí encontramos a nuestro personaje, en dirección a uno de los portales de acceso dimensional. La mala suerte hizo que cruzase por error un terminal de salida justo en el momento en que otra persona hacía uso del correspondiente terminal de entrada que se encontraba en el otro extremo. La consecuencia de juntar materia al mismo tiempo y en el mismo lugar, era letal. Poco podía hacer el microchip biológico ante tamaño error. La optimización de los recursos en toda escala, gracias a la síntesis de átomos por fusión nuclear como máximo exponente y la expansión tecnológica basada en biorobótica, hizo que los años se alargasen varios meses. Debido a que se encontró una posición más adecuada en distancia con respecto al Sol por su expansión de tamaño, pequeña pero perceptible. Eran necesarias nuevas efemérides que colocar en los días extensivos para su conmemoración. Así nació el Día del Idiota, dedicado a dicho sujeto, usuario del teletransporte. Había sido el primer y último accidente en el viaje dimensional, ya que a las horas siguientes se había creado una aplicación de alerta y de inhibición muscular en la aproximación a un terminal de salida dimensional, emitida vía Wi-Fi, por supuesto. Como era costumbre, la conmemoración idealista duró poco, ya que el Corte Inglés, actualmente conocido como Wal-Mart, la convirtió en una fiesta comercial y consumista. Después de todo, no se había avanzado tanto…

El convencimiento del amor o el amor racional.
El amor es un gran conocido emocional pero un sinsentido racional. ¿Existe el amor racional? La respuesta, aunque subjetiva, sería un rotundo sí. Ya que ese sí responde a la pregunta, ¿tiene sentido amar? Evidentemente, un sentido emocional que encierra un sentido racional subjetivo. Transmutemos el amor en algo racional, dotemos al amor de objetividad pura. Siendo así, las palabras pueden ser necesarias pero no fiables. Cuando se quiere a alguien, aunque sea necesario, no tiene sentido decirlo. Decir “te quiero”, cuando el amor es verdadero, es insignificante para expresar verdaderamente el sentimiento. ¿Cómo explicar aquello que te hace hervir la sangre en las venas? ¿O que llega congelártela? ¿Cómo explicar esa explosión de vida? ¿O esa descarga de energía? ¿Cómo explicar ese desconcierto del raciocinio exacerbado? ¿O ese éxtasis mental? ¿Cómo explicar esa apoteosis? ¿O ese éxito absoluto? Bueno, explicarlo puede ser sencillo. Pero, ¿cómo hacerlo entender? Lamentablemente, no se puede. No se puede en los mismos términos en los que lo entendemos nosotros, pero sí pueden ser lo suficientemente próximos. Las palabras se quedan pequeñas y los hechos, aunque menos incontestables, tampoco son capaces de llegar a la verdad certera y suprema. El amor significa hacer partícipe a la persona amada de nuestra objetividad a la hora de querer estar con ella. Por lo tanto, es necesaria la confianza. La confianza en la objetividad ajena, en una razón extraña y no propia. Podría ser equiparable a la fe religiosa, aunque considero el amor una razón infinitamente más poderosa. Justo esta razón, por su condición, genera todo lo contrario, desconfianza. Es más fácil creer que no nos quieren, a todo lo contrario. Pero es un gesto de valentía poder aceptar el amor que nos profesan. Así como la inteligencia de saber compartir nuestra objetividad. Saber compartir el amor, lejos del pronunciamiento de un simple “te quiero”, que resuena a banalidad. El amor es racional.

Edit: "La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco".
PLATÓN

La letra con sangre, entra.
Hay una corriente de pensamiento popular que postula la posibilidad en la que los demás tienen que entender la esencia de un dogma de una forma determinada (si quiere ser de manera rápida y efectiva se hace uso de la violencia, de cualquier tipo de ella) sin dar más oportunidades para la comprensión. Dicen, “las cosas son como son”, bueno, ¿y cómo son? Es despreciable la intención de no hacer partícipe al prójimo, sino súbdito. La gran irracionalidad reside de la misma forma en aquel que lejos de indignarse, se siente cómodo en dicho papel. Cualquier concepto debe ser asimilado, entendido y analizado. Para que de esa forma, se cree opinión. Sin opinión se crea un dogma, con ella se crea razón. La diferencia está en la paradoja de basarte en ti mismo como propio fin, o en algo externo a ti. Si te basas en ti mismo, eres responsable de lo que decides. De lo contrario, ¿qué se es? Llegaría más lejos, ¿se es algo? También es cierto que en el mundo actual hay gestores de ignorancia y creadores de la misma. Son los mismos que manejan los hilos del dogma. El dogma no tiene porqué ser malo, pero de primeras debe generar la confianza suficiente como para intentar transformarlo. Pasar de dogma a razón, o dejarlo por imposible como algo con nulo poder de convencimiento. El análisis conlleva implicación. Quiere decir que te importan las ideas lo suficiente como para tenerlas en cuenta y al final desecharlas o aceptarlas. Compartirlas o no, pero siempre con el pensamiento del respeto a la idea, por alejada que pueda estar de nuestro raciocinio. El progreso en la gestión de la ideas sería de gran impacto a nivel social, o no.




PD: - Pero vamos a ver, chaval, ¿qué haces volviendo por aquí? Ya te dije que te estabas buscando un problema...
- Venía a darle una vuelta al binario. Y de paso felicito al blog, que cumplió años el 7 de Marzo. Doy entrada a la primavera. También felicito a mi hermana que cumplió a fin de mes. Todo esto a tiempo, sin lugar a dudas. Saludo a mis padres y pido la paz en el mundo, un Mikolápiz y un vasito de gazpacho. La cuenta, por favor.
- Le va a salir todo por ojo y medio y un beso.
- Tú si que sabes, bribón...
(Efectivamente, por si no se han dado cuenta, he dejado la medicación. Malditas sean las ganas de escribir).
¡Un abrazo!

lunes, 5 de marzo de 2012

Cumpleaños, ¡TaChán!

Marcial Básico, anciano sabio.
Un hombre bastante viejo dejó un legado de eterno conocimiento. Había convivido hasta el fin con sus ideas, le dio tiempo a transmitirlas con mayor o menor acierto y a inmortalizarlas bajo escrito. Curiosamente, un pequeño escrito con algunas frases quedó en el olvido. Por suerte, el escrito se recuperó y esa pieza de saber fue desentrañada. Condensó parte del pensamiento en siete frases. La primera rezaba, “se buscan pretextos para hacer cosas y para no hacerlas”. Según el resto del escrito, podemos adelantar que el anciano pretendía cambiar los pretextos por las convicciones. La segunda frase continuaba así, “no creo que algo sea importante porque yo lo piense, sino porque estoy convencido de ello”. Anteponer la idea a la consciencia del propio ser. Las frases seguían, “entender que lo que es bueno para uno mismo puede no serlo para los demás y respetarlo”. De esta manera hace una llamada a la empatía. La cuarta decía lo siguiente, “intentar transmitir una idea desde la soberbia es inútil, cada persona es capaz de sacar conclusiones propias. Debe transmitirse desde la humildad, sin ninguna pretensión de ensalzar tu propia idea”. Es posible que nuestra idea no sea la mejor pero al menos abre la puerta a la reflexión. La quinta frase tiene relación directa con la anterior, “si alguien sabe lo que quieres decir, podrá ayudarte en ese propósito”. Esto pone de manifiesto la dificultad existente entre lo que se quiere decir y lo que finalmente es entendido. La penúltima tiene una connotación bastante genérica, “el fin no justifica los medios, pero la intención debería ser capaz de justificar a ambos”. Parece complicado ya que esa intención nunca es una certeza, sólo lo es para uno mismo. La última frase parecía ser su pretexto, “hacer algo en lo que crees no es merecedor de premios, ni reconocimiento, se hace sin mayor pretensión que la de que pueda valer para uno mismo y si en el camino puede valer para algo o alguien, no podría entonces ser mejor premio (en cambio, siempre estará sujeto a castigo)”. Concluía que la realización del propio ser era razón suficiente para el impulso de efectuar una acción. Después de aquello, parece que aquel abuelo murió en paz. ¿Estaría o no en lo cierto? Tal y como decía él mismo, puede que para unos sí y para otros no. Y en el fondo, eso no debería ser problema.

Reencuentro.
El escenario mezcla de melancolía, que amargaba una estruendosa felicidad enmascarada, desbordaba en aquella sala. El silencio se quebraba en las palabras de un hombre.
- Gracias por volver.
- …
- Por volver después de acabar con aquel chaval repetidas veces. Después de haberle dejado sin aliento en infinidad de ocasiones.
- …
- Gracias a las personas que te han dejado volver. Las que han propiciado que ahora estemos cara a cara después de tanto tiempo.
- …
- ¿Por qué todo esto? ¿De qué ha servido?
- …
- Bueno, supongo que ha servido para traerte de nuevo hacía mí y eso es lo importante.
- …
- Puede que sea egoísta, pero necesitaba verte de nuevo. Necesitaba volver a verte, hablar contigo, saber de ti.
- …
- Seguramente, para mí ha sido difícil de comprender. Pero así es. Ya no hay miedo.
- …
- He suprimido el miedo lo suficiente como para volver a tomar riendas de mis propios actos. De esa manera soy responsable de sus consecuencias, ya que éstas no son producto de esos miedos. Y aunque aún flaquee a veces, he ganado un trocito de libertad.
- …
- Sé que después de tanto tiempo esto es difícil de creer. De hecho, soy incapaz de demostrarlo, salvo con mi voluntad. Esa voluntad llena de cabezonería, terquedad y tozudez.
- …
- Tampoco pretendo que lo creas. Sólo que te quedes el tiempo que consideres preciso, deseando que eso mismo fuese la eternidad. Aunque ya sé lo que es perderte y también la forma de volver a buscarte y finalmente, si hubiese suerte, encontrarte.
- …
- Sin miedo te digo que… Bueno, lo sabes.
En ese momento alzó la cabeza y con ella la mirada, hasta encontrarse con los ojos que esperaban justo en frente. Justo en ese momento, se dio cuenta que le hablaba con el espejo. La situación pareció no extrañarle, al revés, fue reconfortante.

Whenever, wherever, whoever? Forever.
Lo sabes sin saberlo realmente, es una sensación extraña. Una especie de paramnesia del pensamiento. Una idea que se aloja en la inconsciencia esperando a salir. Esperando el turno y que la llamen. En el plano consciente todo transcurre bajo la mayor de las normalidades. No obstante, en las profundidades esa misma consciencia no tiene la menor idea de la hecatombe que está por acontecer. La idea en estado latente espera, formando una crisálida perfecta. Necesita transformar su cuerpo en alas majestuosas con las que poder volar. Llegado el momento, siempre incierto, el receptáculo que la confina se funde, liberándola. De esta forma, bate las alas para llegar de una vez por todas a la ansiada consciencia. Al principio sufre un calor extenuante pero poco a poco cae en el abrigo de una calidez templada. Al final, con descuido, cae al frío olvido. Sabiendo que esa situación aproxima su muerte, vuelve a extender las alas. Regresa al mundo que la vio nacer, el mundo de las ideas. Regresa al estado inicial con ayuda del tiempo que no tiene inconveniente en dar marcha atrás. Ahí espera de nuevo la llamada.



PD: Ya que es mi cumple voy a dedicarlo, ¿no? Bien, se lo dedico a Antonio y Árbol, por leerme en silencio, mi gratitud. También a Yo y a Vick-al, por hacerlo con bastante más ruido, mi más sincero agradecimiento. De alguna forma, le dais sentido a mi juego particular de escribir. Y por último, me nomino con 3 puntos a mí mismo. Que me perdone aquel al que le hubiese gustado ser mencionado... En fin, otro año más y el blog también cumple años pronto... Cumpleaños, tachán.

domingo, 26 de febrero de 2012

Silogismo Prosaico.

El bosque no deja distinguir los árboles.
Históricamente se nos enseña a combatir por las ideas. Ponernos del lado de lo que consideramos el bien y luchar por ello con uñas y dientes. Como si nada más existiera, como si no hubiera mañana. Lamentablemente para todos los que seguimos esta doctrina, no es así. Luchar por tu verdad, no crea más que violencia. Cada persona tiene un punto de vista más o menos voluble, pero firme en según qué cuestiones. Intentar cambiar eso, es una insensatez. Hay que generar un ambiente sano para las ideas, para que puedan ser expresadas sin prejuicios, para que nadie tenga derecho a juzgar por como pienses. Hay que crear un ambiente de respeto y tolerancia. En el que la realidad se decida por mayoría, como no puede ser de otra forma. Pero en la que esa mayoría no esté controlada por el miedo o por la ignorancia. Una mayoría que tenga herramientas suficientes para crear su propia opinión. Ydejar de imponer, dejar de prohibir, dejar de atar las alas de quienes quieran volar libres. ¿Por qué se criminalizan algunas ideas? Ideas que no son violentas, ideas que pretenden un avance social y de pensamiento. ¿Por qué nos hacen creer en algunas ideas como malas? La razón está clara, por avaricia, egoísmo y deseo de poder. Deseo de seguir explotando al débil, a quien tiene menos recursos. Aprovechándose de su miedo, miedo que ellos controlan a su antojo. Y a partir de la ignorancia, tienen la certeza de poder controlar a esas personas. Hay que repartir cultura para poder abrir los ojos, para poder pensar por uno mismo y no por lo que te dicen. ¿Por qué cuando una persona se da cuenta de las maldades de unos pocos, tiene que tener miedo a que le barran?¿Por qué se acalla a la verdad? ¿Por qué se la mata? Por el interés de unos pocos, de los que tienen el poder. ¿Por qué estas palabras en cualquier medio relevante, serían tachadas de ingenuas, de locas, o de rojas? ¿Qué hay de malo en expresar una idea? Pues el miedo de que sea verdad y que la gente acabe creyendo en ello. Mientras tanto, estas palabras no valen de nada y tampoco pretenden hacerlo.

¿Venden amor en los aeropuertos?
Brian Dudley era un gran escritor de novelas románticas. Eran tan grande su conocimiento sobre el amor que despertaba en aquellos que le leían una gran explosión de ese sentimiento. Su conocimiento no era científico, se basaba en la experiencia de haber convivido con el amor desde que tenía uso de razón. No podía demostrar nada de lo que decía, pero sus palabras guardaban una verdad profunda para sus lectores.
Hacía varias semanas que Brian había culminado su última novela. Estaba esperando por un vuelo en el aeropuerto, le tocaba hacer promoción de la novela. Detestaba tener que hacerlo pero parecía que la concepción de aquel momento lo exigía. Así pues, esperaba paciente, sentado en uno de aquellos incómodos asientos del aeropuerto, mirando al techo y pensando en cada una de las pamplinas que se le pasaban por la cabeza.
De pronto, una muchacha le reconoció y se acercó a él corriendo. Para cuando se pudo dar cuenta, la chica ya estaba al lado, hablando.
- Ho… Hola – acertó a decir la muchacha.
- Buenos días – dijo Brian mientras sonreía.
- ¿Usted es…?
- Un pasajero más de este gran aeropuerto – cortando así la pregunta de la muchacha, intentado bromear sin que pudiera parecer maleducado.
- Pero, usted es Brian Dudley, ¿verdad? – acabó la chica, decidida dentro de la timidez del momento.
- Sí, también soy Brian Dudley, encantado – soslayó condescendiente.
- Tengo que decirle algo – concurrió avergonzada.
- Te escucho y por favor, tutéame – continuaba Brian, con suavidad.
- Te quiero, Brian Dudley – sentenció la joven.
- ¿Cómo? – exclamó sorprendido el escritor.
- He leído todas sus obras y sé que le quiero – explicaba la muchacha – es imposible que no me enamore de alguien así.
- No puedo aceptarlo – espetó el autor sin reparos.
- ¿Por qué? – preguntó la muchacha desesperada.
- Primero, porque no estás enamorada de mí, sino de lo que escribo. Y luego, porque no sería justo que aceptara. Imagínate que lo hiciese y llegara a enamorarme de ti. Si me enamorase de ti, ya no tendría remedio. Llegaría un día en el que te darías cuenta que no soy las cosas que escribo y acabaría abandonado. Y llegado ese momento, yo estaría destrozado. ¿Tienes algún interés en acabar conmigo?- Ehm, no… - susurraba la chica, apenada.
- No te preocupes. El mundo es grande, encontrarás a alguien a quien querer y que te quiera a ti – concluía el escritor.
- ¿Podría, al menos, firmarme el ejemplar de su último libro? – pedía la muchacha, confundida.
- Con mucho gusto. ¿Tu nombre es…?
- Verónica…
Mucho antes de aquella conversación, Brian, había decidido dejar de escribir novelas de amor. Por esa misma razón, decidió compartir con aquella chica su última frase. Un nuevo capítulo se abría en la escritura de aquel hombre. Pero aquella muchacha siempre recordaría aquella frase.
Si tuviera que buscar alguna razón para quererte, no te estaría queriendo.

Tu Piedra Filosofal.
¿Saben la historia de la Piedra Filosofal? En los albores de la química, época de los llamados alquimistas, se intentabadar con ella. Los alquimistas eran personajes extraños, huraños y medio locos que vagaban por el mundo en busca de la Piedra Filosofal. La alquimia pretendía la transmutación de la materia, poder transformar sustancias en otras, a través del cambio de su estructura elemental. Esto era algo posible a través de reacciones entre diversos elementos en la proporción adecuada. Pero la Piedra Filosofal era algo mucho más poderoso. Capaz de transformar cualquier tipo de metal oro. Convertir algo sin valor en lo más valioso. Valiéndose para eso de la codicia humana. Ésa es la leyenda y desde entonces, nada ha cambiado. Todos buscamos la Piedra Filosofal pero no como algo capaz de transformar metal en oro. Sino para transformar las cosas, aparentemente, sin valor en algo valioso para nosotros. Cada uno busca la razón de su felicidad, y su infelicidad se basa en la falta o el defecto de esa misma cosa. La Piedra Filosofal nos proporcionaría abundancia de eso que tanto nos importa, de eso que consideramos tan valioso. La Piedra Filosofal existe y está más cerca de lo que parece. Cada uno llevamos una Piedra Filosofal dentro, somos poseedores de nuestra propia felicidad o infelicidad. Darse cuenta de esto no es sencillo, de hecho, saberlo, no arregla nada. El truco reside en hacer uso de nuestra Piedra Filosofal. La infelicidad jamás podrá proporcionar felicidad. Hay que procurar ser feliz concosas pequeñas, para que así nuestra Piedra Filosofal surta efecto. No busquemos más…



PD: A ver si me centro un poco...

domingo, 12 de febrero de 2012

Cúpulas Bulbosas.

La historia del Caballero Melaza.
El Caballero Melaza recorría agrestes tierras en busca de su doncella. Caminaba aprisa con su pesada armadura. Divisó en la lejanía un torreón derruido, ¿estaría allí su dulce damisela? Se aproximó tan rápido como pudo. Allí estaba ella, custodiada por un fiero dragón. Lleno de convicción, pretendía embestir contra aquella bestia. Sorprendentemente, éste le hizo un gesto y el Caballero Melaza se paró. Fue entonces cuando el dragónhabló:
- No te entrometas, ella es mía. Si valoras tu vida, márchate de aquí –sentenció el dragón.
Intimidado y sin mediar palabra, el Caballero Melaza huyó despavorido. Cabizbajo, reemprendía de nuevo el viaje. No cejaría en el empeño de buscar a la dueña de sus sueños. Volvía a encontrarse con otro torreón. En este caso era resplandeciente y acogedor. Entró sin pensarlo dos veces, pudiendo así oír los gritos desesperados de su enamorada. Subió de dos en dos los escalones del torreón, los chillidos eran cada vez más intensos. Arremetió contra la puerta de madera que se abrió estrepitosamente y en la confusión del momento, sólo acertó a ver unas sábanas moverse en una cama. El movimiento cesó y dos cabezas salieron entre ellas. Los ojos de una pareja se encontraron con los del Caballero Melaza. Sin más dilación dijeron:- Márchate de aquí y cierra la puerta – susurraron entre los dos.El Caballero Melaza, rojo como un tomate, salió del torreón tremendamente avergonzado. Pronto consiguió olvidar aquella escena para continuar la búsqueda de la dama de sus deseos. Optimista, iba a tentar por última vez a la suerte. Encontró un lúgubre y tenebroso torreón. Un lugar terroríficamente oscuro, un páramo desolado. El torreón era viejo y se caía a pedazos, ¿encontraría por fin recompensa por sus esfuerzos? Cauteloso alcanzó el final de la torre. Ella estaba durmiendo plácidamente y como si de un cuento se tratara la despertó con un beso. Abrió los ojos y sonriente dijo:
- Ahí estás – con un dulce timbre de voz.
- Sí, por fin estoy aquí – contestó el Caballero Melaza.
- No hablo contigo, estúpido. Aparta de mi camino – respondió ante la sorpresa del Caballero Melaza.
La muchacha, incorporándose, se abalanzó a los espectrales brazos de un fantasma. El Caballero Melaza
quiso hacer intento de separarles. El fantasma le advirtió antes de que se arrepintiese:
- No tienes nada que hacer, ella está bajo el influjo de mi hechizo. Así que si noquieres acabar
convertido en rana, esfúmate – reprendió con dureza.
Pobre Caballero Melaza, estuvo tan cerca. Hubiese querido ser dragón, amante o fantasma, pero sólo sabía
ser caballero. Derrotado y sin esperanza, el Caballero Melaza colgó su armadura. No tenía nada que
proteger, ni nada por lo que luchar.
El mensajero del miedo.
Los hechos se estancan, en ocasiones, bajo la calma de una falsa incertidumbre. Se produce una inhibición que crea como consecuencia una estabilidad de la situación que acaece. Despejar ese velo arroja la certeza suficiente para devolver la realidad. ¿Por qué cuesta tanto ser claro y tajante? Tenemos miedo de que la otra persona no nos entienda o sentimos lástima y la protegemos del posible daño que podamos ocasionarle. Actuar por miedo o pena es lamentable. Quizás no se haga conscientemente, pero el fin es el mismo, aunque bien es cierto que el fin no justifica los medios. El miedo a no entenderse es inútil. Si alguien no comprende una decisión, no esculpa de quien decide. Pero someter esa decisión a incertidumbre es perverso. Teniendo esto claro, desaparece el miedo. Ocultar para proteger del daño es una herramienta contradictoria. Extender una verdad dolorosa en el tiempo, sólo la hace más dolorosa por momentos. No existe tal protección, sólo más daño. Sabiendo esto, esa necesidad de protección desaparece. No hay que temer cuando es inevitable causar dolor. Hay que tener valor suficiente para explicar nuestras decisiones o pensamientos. Sinceridad y honestidad serán virtudes que valorarán los justos. Por otra parte, siempre habrá gente despreciable que lo utilice en nuestra contra. Aún así, nuestra integridad debería estar siempre por encima de esto, siempre y cuando no se vea confrontada alguna necesidad básica. Con todo se juega hoy en día.
¿Adiós o Hasta Luego...?
Las despedidas presentan un compromiso no escrito que depende de la concatenación de las palabras pronunciadas en la misma. Generalmente, una despedida produce miedo. Este miedo viene generado por una pérdida, la pérdida de la compañía de una persona, compañía a la que nos acostumbramos. Entonces surge la pregunta de qué hacer en ese momento. Las posibilidades dependen de la ocasión, como de costumbre, estamos sujetos a nosotros mismo y las circunstancias que nos rodean. Se presenta una batalla entre un Hasta Luego… y un Adiós. ¿Qué decir? Puede que nuestra reacción o la de la otra persona sean indiferentes en la despedida, pero cada una de ellas,tiene un significado propio. Hasta Luego… se convierte en una promesa al ser invocada. Nos comprometemos a volver a ver a esa persona e infringirlo tiene como consecuencia la ruptura de esa promesa, que a su vez conduce a posibles reproches, sean estos merecidos o inmerecidos. Adiós por el contrario está libre de ataduras, es tajante y conciso. Puede dar lugar a incertidumbre, pero como tampoco existe compromiso, la certeza reside en estar apartados, hasta que algunas de las partes decidan romperla. Irremediablemente, todo acaba. Todo tiene un final, final que podemos variar a nuestro antojo en ocasiones. Que ese control no nos haga ruines, que podamos acabar algo y sin hacer más daño del necesario, decir adiós.

PD: Se acerca el Carnaval peligrosamente...