miércoles, 13 de julio de 2016

Conjura Telefónica

Onanismo.
Comenzar algo sabiendo de qué manera va acabar es por una parte irónico pero en el fondo es triste. Siempre que reflexiono sobre un tema me da miedo. Temo que mis limitaciones no me dejen abordar la cuestión con la amplitud que merece. Que no profundizo en lo esencial y que lo hago en lo superficial. En ocasiones, cuando esto ocurre, me percato de la subjetividad que tiene tanto mi reflexión como las consideraciones posteriores y eso a ratos me relaja. Aún así, pocas veces me consuela. Prefiero una posición contraria argumentada antes que dar la razón sin nada que lo sustente. No tengo afán de notoriedad y prefiero pasar desapercibido. Esto hace que me parezca insignificante mi posición aunque mis convicciones son fuertes pese a no ser populares. A veces me han dicho que invito a la reflexión pero entiendo que pudiendo ser responsable, el mérito no me es atribuible únicamente. En general, parece que adopto una postura de menosprecio a mis acciones o reflexiones. No es así, las relativizo. Para mí algo puede ser muy importante pero soy consciente de que no es algo absoluto y que sólo me atañe a mí. Mi voz no suena con más fuerza que la de las cosas que digo. Parece que no siento ni padezco y menuda fachada. Al final, consiste en adoptar mecanismos de defensa con el que aparentar indiferencia. Volverte invulnerable. Aunque cabe la posibilidad de que sea un cínico y que mi soberbia mire en silencio por encima de cada hombro. Me gustaría tener tantas respuestas a preguntas que no sé ni cómo formular…

Involución.
Sí se puede
amnistiar corruptos.
Sí se puede
ser intolerante.
Sí se puede
la expresión violenta.
Sí se puede
privatizar lo público.
Sí se puede
cultura sólo fútbol.
Sí se puede
cultura sólo toros.
Sí se puede
muy españoles y mucho españoles.
Sí se puede
los desahucios.
Sí se puede
no poder pagar facturas.
Sí se puede
a tiempo parcial.
Sí se puede
pero en otro país.
Sí se puede
el miedo.
Sí se puede
nacionalizar pérdidas.
Sí se puede
las preferentes.
Sí se puede
yo soy español, español, español.
Sí se puede
la estupidez.
El resto, el resto
no se puede.

Ruido de fondo.
- Se acabó.
- ¿Qué se acabó?
- Nosotros.
- ¿Cómo que nosotros?
- Tú y yo.
- ¿Ya está?
- Sí.
- ¿Y ahora qué?
- Me marcho.
- Huyes.
- Sí.
- ¿Hay otra persona?
- No.
- ¿Por qué no me quieres?
- No hay ninguna razón.
- No quieres decírmelo.
- De la misma forma que no tenía una razón para quererte no la tengo para dejar de hacerlo.
- Si eso a ti te vale…
- ¿Crees que es agradable?
- No lo sé pero tampoco me importa.
- No siento nada al estar frente a ti y no te mereces que no te quiera. Entiendo que es justo hacértelo saber.
- Tu sinceridad me es indiferente.
- Tampoco pretendo lo contrario.
- Te quiero.
- Lo sé.
- ¿Qué significa eso para ti?
- Frustración.
- ¿Por quererte?
- Por no saber corresponderte.
- No ha sido difícil.
- No, no lo ha sido.
- Esto es una despedida.
- Nunca me han gustado las despedidas.
- Tampoco importa ya.
- Pues, adiós.
- Adiós.
- ¿Me das un último beso?
- Se acabaron los besos.


P.S. Algo de guasa para el próximo porque esto no puede seguir así.

lunes, 20 de junio de 2016

Títulos Táctitos

En medio de ninguna parte.
En medio de ninguna parte, rezaba el cartel y era extraño porque el cartel es agnóstico. No obstante, me encontraba realmente en medio de ninguna parte. Fue una decepción porque esperaba que fuera algo literal pero era un lugar inhóspito como otro cualquiera. Había un pequeño puesto de mercadería vacío. Quedaba un viejo llavero gastado con un par de llaves. En el interior del puesto había una puerta de madera con un pomo metálico y una cerradura. Encajé la llave y la abrí. Al otro lado se salía de un frigorífico acostado en plena Antártida. El lugar estaba lleno de personas en llamas corriendo por todas partes sin rumbo ni orden. Había una ventana en medio de un bloque de hielo. La abrí y cruzándola salía de las puertas de un búnker escaleras abajo. Bajando, tres caminos que llevaban a ninguna parte. En medio de ninguna parte rezaba el cartel y era extraño porque el lugar me resultaba conocido. Me encontré conmigo mismo, esta vez sí, literalmente. Era mayor que yo. Me disparé a la cabeza para acabar cayendo al suelo. Se levantó y se marchó por donde había venido. Era extraño, me dolía la cabeza. Tanto, que me desmayé. Desperté en medio de ninguna parte y todo estaba tal y como recordaba.

El límite del humor.
El límite del humor estaría en Wisconsin. Dentro de una choza sin más electricidad que la de un motor de gasolina alimentado con combustible de contrabando, conectado a un generador. Con enfermos crónicos sin cobertura sanitaria y con la libertad para escoger entre American Express, Mastercard o Visa. Independientemente de que tengan cuenta bancaria. El tiempo es errático y convulso. La pieza fundamental del pensamiento dogmático es el humor. Un paseo marítimo en el que rompen olas de un mar de heces de gaviota. Sacralizar el dinero sin importar si es ajeno y condenar la ausencia del mismo. El tiempo va más rápido y todos tienen prisa por llegar a alguna parte. Un choque frontal con heridos y muertos. Antes de llorar rellena unos papeles y firma para poder verter algunas lágrimas burocráticamente legitimadas. La espalda acribillada por ir siempre de frente y sin cuidado. El límite del humor está en la fotosíntesis para acabar plantando unos setos de espinos y malas hierbas. En la barra de un bar y en el carrito de un supermercado, las suelas de unos pies gastados que pisan charcos de fuego. Respirar asfalto y beber disolvente. El límite del humor es decirte que te vayas para poder así cubrir mi ausencia.

Mañana.
La pinza, la pinza,
la pinza de la ropa.
¿Qué tenderá la pinza?
El blanco, el blanco,
el blanco de tu memoria.
¿Cuánto durará el blanco?
La risa, la risa,
la risa de tu boca.
¿Cuándo oiré la risa?
El espejo, el espejo,
el espejo de tu cuarto.
¿Cuál es su reflejo?
La suerte, la suerte,
la suerte de mis manos.
¿Dónde está la suerte?
El tiempo, el tiempo,
el tiempo de no saber nada.
¿Por qué el tiempo?
La pinza de la ropa tiende
el blanco de tu memoria
cuando la risa de tu boca
se refleja en el espejo.
La suerte de mis manos
recobra el sentido del tiempo
para permanecer en todo momento
agarrado a tu mirada.
Y absorto en mi pensamiento
dedicarte una palabra
que explotase con un beso
y la promesa de verte mañana.


P.S. Tampoco nos acostumbremos a este ritmo porque está tremendamente alejado de la realidad.

sábado, 11 de junio de 2016

Rumbo Norte.

Oniria.
Estamos en una ciudad italiana deambulando por sus calles estrechas, iluminadas por la luz del Sol. Entramos en un restaurante de aspecto vulgar. Alguien del grupo pregunta a un camarero si podemos pasar al museo diciendo que habíamos entrado sólo para eso. Nos invitan a entrar educadamente pero con una cortesía displicente y entramos a un gran salón por un lateral que tiene una enorme escalera central. Todo está lleno de arte, esculturas y pinturas por todas partes. El camarero aparece para hacer de guía. Comienzo a hablar con él en italiano pero me dijo que esperaba más de ese pobre intento que realicé, en aquel momento no entendía a qué se refería. Al acabar volvemos al restaurante, salimos a la calle y nos separamos en una amplia plaza. Quedamos en ese mismo restaurante un poco más tarde. Tengo buen sentido de la orientación pero en esta ocasión me pierdo. Voy hasta un sitio conocido y hago el camino que recuerdo hasta que llego al que parece ser el restaurante. Cruzo todo el comedor hasta la zona del museo. No quedaba rastro del museo, la primera sala que encuentro es un recibidor donde está el camarero preguntándome cómo osaba volver por allí. Me adentro por las salas con la idea de encontrar al grupo. En lugar de eso llego a una sala con piscinas, dejando atrás la música de un tocadiscos de una sala anterior. Había una piscina grande con un monitor en plena clase. A medida que me alejaba de las piscinas, éstas pasaban a ser individuales y en las últimas la gente estaba desnuda. Giro la pared y me encuentro en un sofá con un grupo de mujeres en una bacanal. Mientras intento procesar lo que estoy viendo me invitan a unirme a ellas. Me quedo paralizado pensando en encontrar al grupo y al mismo tiempo me arrastran hacia ellas. Me siento ligero y empiezo a levitar mientras me acarician. Todo es suavidad y placer. El tiempo se va haciendo espeso y todo se vuelve confuso en esa maraña de brazos y piernas. Una presión espesa y pesada que se colapsa y me despierto.

El tesoro del bosque.
La bruma del bosque causa que el paisaje se vuelva lúgubre y tenebroso. La luz se filtra entre las ramas de los árboles pero no es suficiente para compensar el efecto de la niebla. El bosque murmulla urdiendo un plan contra molestos invasores. En esa niebla que se mueve lentamente y con delicadeza se cree que descansan los seres vivos que una vez caminaron por el bosque. Ahora lo custodian silenciosos bajo la protección de la vegetación. No forman parte de este mundo pero tampoco están muertos. Descansan en una especie de limbo que les permite tener efecto en nuestra realidad. Su presencia vigoriza el bosque y lo enriquece llenándolo de vida. Su ausencia deja tras de sí un paraje yermo y desolado. Pero este bosque es especial, guarda un gran secreto. Algo que ha impulsado a multitud de curiosos a lo largo de la historia para intentar descubrirlo. Y hasta ahora todos vagan en la bruma vigilando el tesoro del bosque.

La vista.
Lo fácil es quedarse con el blanco y negro. O añadirle gris. Sumarle la escala cromática y sólo tendrías la franja de lo visible cuando el espectro electromagnético es mucho más amplio. ¿Por qué quedarnos con lo fácil? ¿Por qué no un poco más? Querer más y a alguien con quien compartirlo sin que suene a demencia. Y bajo su consentimiento besarle un párpado por apetencia mientras dura la explicación sobre la magia de las radiaciones electromagnéticas. Del infrarrojo al gamma e imaginar esa realidad de poder verla. Pero si se limita todo a blancos y negros, entonces no hay magia. Todo se pierde, se disipa hasta volverse inexistente. Y no te besaría el párpado. Ni te miraría fijamente a los ojos mientras doy vueltas en círculos divagando ideas excéntricas y caóticas. No estaríamos en la misma habitación. Tampoco en la misma realidad.


P.S. Mi primera entrada de 2016. Feliz año de este nuestro bien entrado Junio. Quizás esto se me ha ido de las manos...

martes, 1 de diciembre de 2015

Monta Tanto.

Idea de Estado.
El Estado estaría formado por todos aquellos recursos destinados a la consecución del bienestar de las personas físicas que lo conforman. Un precepto ético establecido como valor del Estado es el deber de ser preservado y estimado, en mayor medida que la identidad territorial que lleva ligada. Ser una persona física dentro de un Estado significa pertenecer a un colectivo social que se protege de la individualidad privada de la que pueden formar parte y se retroalimenta de los servicios y prestaciones que ésta ofrece. Un Estado debe satisfacer los derechos fundamentales de sus miembros además de proveer servicios que engloban la administración, comunicación, cultura, educación, infraestructuras, justicia, sanidad y seguridad. Estas actividades contaran con una fracción de financiación vía impositiva a las rentas percibidas por el trabajo de las personas físicas, a los bienes de que dispongan las personas físicas y jurídicas, a la compra de productos de consumo que se comercialicen dentro del Estado y a la recaudación de la actividad productiva de las personas jurídicas diferenciando la estructura empresarial de pertenencia. El resto de la financiación la proporcionaría la propia actividad productiva del Estado. El Estado será propietario de cooperativas en los tres sectores económicos con el fin de poder garantizar la cobertura de las necesidades básicas de su población. El cumplimiento de los derechos o el acceso a los servicios por parte de una persona física perteneciente a un Estado en ningún caso puede verse perjudicada a la indisposición de recursos de cualquier índole. En caso de que estos preceptos no se cumplan, el territorio designado no puede llamarse Estado. Esta es mi respuesta a la pregunta, ¿cuántos Estados hay en el mundo conocido?

Belicismo capitalista.
Sin consuelo tras los llantos
de cadáveres en el suelo.
Cerrar los ojos del espanto
y no sentir más que miedo.
El sueño de perder tanto
en intereses que no creo.
Ser parte del mismo saco
de mudos, sordos y ciegos.
Llega el tiempo de la cólera
en que despertar consciencias
con miles de gritos de histeria
que desahucien al poder.
Llega el tiempo de la cólera
y la extenuación de la miseria
para millones de miradas
carentes de alternativa.
No quedan juegos, ni más trucos,
ni la confusión de una portada
porque en el tiempo de la cólera,
el privilegio de los iguales
es el respeto de saberse diferentes
y unir fuerzas en la lucha
contra la suerte de la historia.

El no saber ocupa lugar.
- Después de un fatigante peregrinaje, he alcanzado este templo en el que usted habita. Oráculo de infinita sabiduría, ilumina mi camino respondiendo a alguna de mis preguntas.
- Peregrino exhausto, sin duda durante su travesía ha pensado bien en las incertidumbres que necesitaba responder. Así pues, descanse sus piernas sentándose frente a mí. Responderé a tres de sus cuestiones, elija bien.
- Realmente, me sobrarían las dos primeras, su eminencia. Pero, no es mi intención despreciar su generosidad por lo que aquí va mi primera pregunta. ¿Hay vida después de ésta?
- Estimado peregrino, eso no es realmente lo que quiere saber. Su duda es si aprovechará esta vida como para que sea suficiente.
- ¿Y será suficiente?
- Lo sabrá antes de que llegue el común y fatal desenlace. Ha gastado dos de sus tres preguntas. Escoja bien la última.
- La cuestión que verdaderamente necesito conocer es si a lo largo de mi vida daré respuesta a cada una de mis preguntas.
- Jajaja. He de reconocer su inteligencia, peregrino. La respuesta es sí. Algunas de las respuestas serán inesperadas y otras tantas no valdrán la pena. No obstante, habrá de quedar satisfecho. Bien, habiendo respondido a sus preguntas puede dar por concluida su peregrinación y le animo a marchar en paz.
- Por el resurgimiento.
- Paz y honor, peregrino.


P.S. Todo es culpa de la actividad cerebral.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Pasaje Interminable.

Lágrima de nostalgia.
Cada mañana me despertaba queriendo verte. Hace mucho tiempo y tengo miedo de estar hablando con una persona completamente diferente, creyendo que es alguien que ya no existe. Esa seguramente sea la percepción pero en realidad sería justo pensar en esa distorsión como algo debido al paso del tiempo. Recordarte me hace sonreír sin darme cuenta. Oír tu voz saliendo de mi cabeza sabiendo que es una ilusión sin certeza de que ese sonido sea realmente tuyo porque ya ni me acuerdo. He escrito sobre ti, ¿sabes? Bailábamos y tú te desvanecías entre mis brazos sin que pudiera entender lo que pasaba. Al final eso fue todo, un baile en el que nos encontrábamos mientras todo giraba a nuestro alrededor pero para nosotros no pasaba el tiempo. Ahora son solo fogonazos desordenados que lucho por conservar. Me da miedo que algún día te engulla el olvido aunque sea consecuencia de mi felicidad. Siento nostalgia cuando me doy cuenta de que en algún momento te…

Prosaico y sin acepciones.
Se me agota el ingenio y me duele. El pensamiento es recurrente y gira sin descanso en un círculo vicioso. No sé decir tantas cosas si no es escribiendo. Aún así digo poco y quizás sea por eso que valgo más por lo que cuento que por lo que callo. Porque el cuento es corto. Soy visto en un destello en el que aparezco inconfundible. Me da por pensar que no valgo para vivir en sociedad. No soy capaz de verbalizar lo que siento, ni lo que me preocupa. Aún así creo sin tener certeza que sé valorar a las personas. Esto no quiere decir que se los haga saber o que me esfuerce por mantener contacto. Lo guardo de forma estúpida pero con una fuerza y un sentimiento incapaz de exteriorizar. Esto significa que no siento indiferencia hacia las personas que me rodean pero mi forma de actuar hace que parezca lo contrario. Con esto no busco excusarme, ni pretender que se entienda mi forma de ser, es una simple constatación de inoperancia social. No sé socializar. No puedo pretender entender a alguien ajeno cuando no me entiendo ni a mí mismo. No obstante, empatizo y soy capaz de racionalizar problemas ajenos, con mayor o menor acierto dependiendo de cuánto conozco a la persona. Mi medio de expresión son definitivamente las letras. Pero todo esto está tan amortizado. Ya no lo necesito, no me hace falta. Aprendí a guardar las lágrimas para cosas más importantes. Saber estar sereno en situaciones incómodas, siendo cínico conmigo mismo únicamente. (Si ese cinismo llega a extenderse en algún momento a otra persona por mis ya relatadas taras. No es mi intención pero soy culpable). Ahogar los gritos en las profundidades donde no se oigan, donde no se escapen, donde se asfixien. Ni me alivia, ni me reconforta. Aprendí a tratarme de otra forma. En algún momento fue terapéutico, ahora sí es indiferente. Nunca lo que escribo, sí el porqué.


P.S. Lucha de egos conmigo mismo. Tremendamente interesante.

jueves, 1 de octubre de 2015

Animadoras Desvestidas.

El misterio.
La nocturnidad de la calle desde una ventana es hipnótica. Ese estático dinamismo me atrapa desde la protección del hogar. La sensación es extraña, de alguna forma te ves perdido allá afuera en la noche y tienes la necesidad de encontrarte. Pero me rindo a la evidencia de estar al otro lado mientras una parte de mí se queda ahí perdido. No hay lugar para el equívoco ya que la escena no es la primera vez que se produce. La noche me engulle silenciosamente y sin darme cuenta estoy en el exterior. Me siento ligero, como levitando. Una suave y húmeda brisa me refresca. Disfruto de ese momento de soledad solemne pero sin pensar en ello, de una manera intuitiva y despreocupada. Ya no estoy perdido, de repente vuelvo en mí y me veo mirando por la ventana mientas la noche me traga.

Lágrima paranormal.
Te dejé esperando en Otoño, pero no como algo transitorio sino más bien estático. Como si el tiempo no pasara, como si estuvieras en un envoltorio de una dimensión atemporal. Sin alteración posible y ni una mueca en el pensamiento. Perdiendo los ojos en la inmensidad de un cielo que te absorbe y te hace sentir insignificante. La brisa fresca acaricia en ese instante tus ardientes mejillas. ¿Y ahora qué? Quizás me dejaré arrastrar por las olas del mar. Con suavidad, tranquilamente. Y una vez mecido por ellas y estando sereno, chocar contra la arena. Es extraño que contigo fuera capaz de llevarme mejor conmigo mismo. Una aleatoriedad previsible al no ser un fenómeno espontáneo. Y ese deseo o voluntad pese a ser recomendable no deja de ser egoísta. El ocaso corona el paisaje y deja en el aire un fino aroma envuelto en el flujo del tiempo.

Programa de iniciación.
- Qué extraño…
- Saludos, señor. Soy nadie, encantado de conocerle.
- ¿Dónde estamos?
- Querrá decir dónde está, ya que yo no estoy. Aún así, tampoco puede decirse que esté en alguna parte.
- Necesito una explicación.
- Lamento comunicarle que usted padece del estado permanente al que denominan muerte…
- No, si ya me notaba yo algo raro.
- …y que se encuentra en su destino para el resto de la eternidad, la nada.
- Pues, menudo panorama.
- Usted dejará de ser aquí por todo el tiempo, perdiendo así conciencia de sí mismo.
- ¿Y por qué tanta parafernalia?
- Este es el nuevo programa de iniciación a la muerte para principiantes, lo que pretende es que se tenga una transición de la vida a la muerte lo menos traumática posible.
- Pero si ya estoy muerto…
- Teniendo en cuenta que su existencia llega a su fin, tiene unos minutos por si quiere despedirse de sí mismo. Aunque he de advertirle que cuando eso pase, usted dejará de saber que alguna vez hubo existido.
- Despedirme, ¿de qué?
- Ése es el espíritu. Bienvenido a su eterna inexistencia.


P.S. Así mejor, así sí. Entrada 153, hubiera estado bien haberle hecho alguna referencia a la 150 y no te creas que no lo tenía planeado, pero oye, que eso.

martes, 22 de septiembre de 2015

Histeria Subversiva.

Oda Hipster.
La mayor locura
es afeitarse
a las tres y media
de la mañana.
Ver tu barba
y percatarte
que es soberbia
su espesura.
Mesarla
con las manos
en un instante
de duda.
Que sea ella
quien se aparte,
mostrando la piel
de tu cara,
en un lapso
de cordura
mientras caes
en la cama.
Y la barba,
despreciada,
ya no amortigua
el impacto
de tu cara
contra la almohada.

Mongol.
Hoy es ese día en el que tengo un conflicto conmigo mismo. En el que pienso que tenemos fecha de caducidad. En el que me gustaría no saber que soy ni he sido. Hoy pienso en lo que bajo mi percepción han sido mis equivocaciones y juego a imaginar lo que hubiera sido de haber actuado de manera diferente. Hasta que me doy cuenta del daño que eso me hace o de lo inútil que resulta su ejercicio. Aún así diría que estoy aprendiendo a vivir conmigo mismo. Me hace gracia, de una forma irónica, cuando se describe positivamente la manera en la que me expreso, ya sea hablando o escribiendo, porque son muchas las ocasiones en las que intento trasladar una idea que para mí es tan nítida y el resultado es abismalmente contradictorio que me encuentro en la disyuntiva de no saber si soy el que se expresa con maestría o el que falla en el intento. Hoy es un día de dudas y reafirmaciones. Cuestionar mi miedo a la gente cuando lo más probable es que me tenga miedo a mí mismo o a ése que lo hace todo tan bien. Al final me acabo convenciendo de que no soy esa persona. No me creo esas virtudes ni en términos relativos. Y pienso que la escritura es una balanza que me dará un equilibrio que destierre algunos de esos pensamientos. En cierta manera lo consigue aunque las recaídas se producen con mucha facilidad. Será esto otra prueba…

... de besugos.
- ¿Alguna vez has entrado en una habitación y te has dado cuenta de que el reloj de mesa pasó de estar en una esquina ladeado a estar más centrado y en una posición frontal?
- ¿Cómo?
- O un lápiz colocado paralelamente al lateral de la mesa que se encuentra inclinado.
- No.
- La sensación de que la habitación no está como antes.
- Pueden haberla limpiado.
- Sí, pero al final todo estaría en su lugar como al principio.
- Es posible que ya no lo recuerdes.
- Todo orden tiene un sentido, ¿de qué sirve si se olvida?
- No sé, a lo mejor no es importante.
- Orden delineado simétricamente armónico.
- Ya me doy cuenta…
- ¿Alguna vez has repetido asiento?
- Seguramente.
- Hasta sentirlo como una referencia y tener una sensación de pertenencia mutua.
- No, así no.
- Habíamos pasado ya por esto.
- Ah, sí.
- ¿Te sientes incómoda si traspasan tu espacio personal?
- Depende de lo loco que esté el que lo haga.
- ¿Eres escrupulosa con objetos que han usado terceros como cubiertos o vasos, tienes alguno favorito? ¿O te parece que tus manos estén siempre sucias?
- ¿A qué vienen tantas preguntas estúpidas?
- ¿Nunca has tenido la sensación de hacer o decir algo inoportuno pero que era sincero con lo que sentías en ese momento?
- Eso es completamente egoísta.
- Al menos no es tan malo como caminar sin pisar las juntas de las baldosas o algunas de ellas porque no te gusten. O tener que volver a mirar cosas que ya has hecho por no estar seguro de si lo hiciste.
- No, definitivamente lo anterior es mucho peor.
- ¿Sabes qué es lo malo de que algo no salga como planeabas? Ya sea porque surge algo inesperado o porque falla el plan?
- La decepción.
- No, que estabas hecho a la idea. Eras partícipe de ella, te habías acostumbrado y que cambie drásticamente no es algo a lo que puedas hacerte a la idea nuevamente sin margen de tiempo.
- No sé de qué me hablas.
- Te pondré un ejemplo. Tú me pides que me vuele la tapa de los sesos ahora mismo. Bien, pues lo molesto sería que no me dejas tiempo para hacerme a la idea. Si me dijeras que me volase la cabeza dentro de una semana, podría acostumbrarme a esa idea.
- Verdaderamente estás mal de la cabeza.
- Me obsesiona la idea de mirarte en la distancia sin que te des cuenta hasta que por fin lo haces y nuestras miradas se cruzan mientras me sonríes. Me asolan mil preguntas que no soy capaz de hacerte y me quedo callado, mirándote para no estropear ese momento.
- ¿Por qué?
- Porque nunca serás capaz de mirarte con ojos ajenos y encontrar esos pequeños matices maravillosos que idealizar y que tan solo esa forma de mirar puede conseguir. Y disfrutar con ello.
- Pues no es recíproco.
- Ni espero que así fuera.
- ¿Con eso te conformas?
- No, pero tampoco tengo alternativa.
- Tampoco lo es desistir.
- Eso es algo que aunque quisiera, no podría.




P.S. Este dibujo también define la entrada. Mira que hace tiempo que no publico y es lógico, porque para poner basura tan nauseabunda hace falta valor. Y más que por lo que está escrito es por cómo lo está, horrible. Salvo el poemita porque me hace gracieta. También es síntoma de lo pésimo de la entrada que me explaye tanto.