Sueños: Última Parte
La recordaba con nostalgia, o por lo menos eso era lo que reflejaba su rostro. Aún así, tenia muchas preguntas de las que necesitaba una respuesta.
- Pero habrá algún sitio al que no hayas ido abuelo, estoy seguro.
- A decir verdad, nunca fui a Grecia, y siempre quise conocer Atenas, pero ya estoy muy mayor, y no lo se sinceramente.
- Abuelo, sería genial poder ir contigo. Mi sueño es poder viajar como tú, y si el primer viaje fuera contigo, sería perfecto.
- ¿Y cómo se lo digo a tu padre?
- No tienes porqué decírselo
Y así es como acabó la conversación, con una pícara sonrisa en mi boca. Mi abuelo se fue rápidamente de la casa sin decir nada.
Una hora mas tarde llegó con dos billetes para Atenas para mañana. Yo hice mi maleta a escondidas de mis padres y el día siguiente muy temprano el abuelo le dijo a mi padre rápidamente que en dos horas nos íbamos a Atenas y que no nos lo impediría.
Cuando llegamos, unas horas después, cogimos un taxi para poder ir a la ciudad.
En cuanto llegamos a una de las plazas, me puse muy nervioso, era la primera vez que estaba en un sitio así, y más, fuera de España. Compramos una postal en la primera tienda de souvenirs que encontramos y la mandamos lo antes posible a su casa.
Pasamos varios días allí. Conocí muchísimos sitios y mucha de la antigua cultura griega. Pronto volvimos a casa. Mi padre estaba muy enfadado, porque nos fuimos mucho tiempo, pero se alegro mucho de verme.
Mi abuelo me dio la postal y fuimos a casa. Hice prometer a mi padre que me llevaría de viaje pronto, porque quería tener una habitación como la del abuelo.
___
Una semana después cumplió su promesa y fuimos a Londres. Compré una postal que mandé a casa del abuelo Gabriel. Fuimos al Big Ben, subimos a la noria, fuimos hasta “Abbey Road”, y conocimos sitios preciosos.
Unos días después volvimos a casa, y mi madrastra vino con una cara que parecía triste, pero yo veía felicidad en sus ojos en realidad.
- Tu padre ha muerto.
No podía creerlo. El abuelo... había muerto en menos de una semana. Fui corriendo a mi habitación y lloré sin parar hasta que fue de noche. Entonces miré por la ventana y v por fin vi las estrellas, vi la esperanza, de poder ser como él.
Al día siguiente, mi padre y yo fuimos al cementerio, hasta la lápida de mi abuelo. Después de la “despedida” de mi padre, dejé la postal que compramos en Atenas en la lápida. Estaba escrita y ponía:
“Nunca te olvidaré”

La recordaba con nostalgia, o por lo menos eso era lo que reflejaba su rostro. Aún así, tenia muchas preguntas de las que necesitaba una respuesta.
- Pero habrá algún sitio al que no hayas ido abuelo, estoy seguro.
- A decir verdad, nunca fui a Grecia, y siempre quise conocer Atenas, pero ya estoy muy mayor, y no lo se sinceramente.
- Abuelo, sería genial poder ir contigo. Mi sueño es poder viajar como tú, y si el primer viaje fuera contigo, sería perfecto.
- ¿Y cómo se lo digo a tu padre?
- No tienes porqué decírselo
Y así es como acabó la conversación, con una pícara sonrisa en mi boca. Mi abuelo se fue rápidamente de la casa sin decir nada.
Una hora mas tarde llegó con dos billetes para Atenas para mañana. Yo hice mi maleta a escondidas de mis padres y el día siguiente muy temprano el abuelo le dijo a mi padre rápidamente que en dos horas nos íbamos a Atenas y que no nos lo impediría.
Cuando llegamos, unas horas después, cogimos un taxi para poder ir a la ciudad.
En cuanto llegamos a una de las plazas, me puse muy nervioso, era la primera vez que estaba en un sitio así, y más, fuera de España. Compramos una postal en la primera tienda de souvenirs que encontramos y la mandamos lo antes posible a su casa.
Pasamos varios días allí. Conocí muchísimos sitios y mucha de la antigua cultura griega. Pronto volvimos a casa. Mi padre estaba muy enfadado, porque nos fuimos mucho tiempo, pero se alegro mucho de verme.
Mi abuelo me dio la postal y fuimos a casa. Hice prometer a mi padre que me llevaría de viaje pronto, porque quería tener una habitación como la del abuelo.
___
Una semana después cumplió su promesa y fuimos a Londres. Compré una postal que mandé a casa del abuelo Gabriel. Fuimos al Big Ben, subimos a la noria, fuimos hasta “Abbey Road”, y conocimos sitios preciosos.
Unos días después volvimos a casa, y mi madrastra vino con una cara que parecía triste, pero yo veía felicidad en sus ojos en realidad.
- Tu padre ha muerto.
No podía creerlo. El abuelo... había muerto en menos de una semana. Fui corriendo a mi habitación y lloré sin parar hasta que fue de noche. Entonces miré por la ventana y v por fin vi las estrellas, vi la esperanza, de poder ser como él.
Al día siguiente, mi padre y yo fuimos al cementerio, hasta la lápida de mi abuelo. Después de la “despedida” de mi padre, dejé la postal que compramos en Atenas en la lápida. Estaba escrita y ponía:
“Nunca te olvidaré”


