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lunes, 9 de enero de 2012

El viaje de las postales

Sueños: Última Parte


La recordaba con nostalgia, o por lo menos eso era lo que reflejaba su rostro. Aún así, tenia muchas preguntas de las que necesitaba una respuesta.


- Pero habrá algún sitio al que no hayas ido abuelo, estoy seguro.

- A decir verdad, nunca fui a Grecia, y siempre quise conocer Atenas, pero ya estoy muy mayor, y no lo se sinceramente.

- Abuelo, sería genial poder ir contigo. Mi sueño es poder viajar como tú, y si el primer viaje fuera contigo, sería perfecto.

- ¿Y cómo se lo digo a tu padre?

- No tienes porqué decírselo

Y así es como acabó la conversación, con una pícara sonrisa en mi boca. Mi abuelo se fue rápidamente de la casa sin decir nada.
Una hora mas tarde llegó con dos billetes para Atenas para mañana. Yo hice mi maleta a escondidas de mis padres y el día siguiente muy temprano el abuelo le dijo a mi padre rápidamente que en dos horas nos íbamos a Atenas y que no nos lo impediría.
Cuando llegamos, unas horas después, cogimos un taxi para poder ir a la ciudad.
En cuanto llegamos a una de las plazas, me puse muy nervioso, era la primera vez que estaba en un sitio así, y más, fuera de España. Compramos una postal en la primera tienda de souvenirs que encontramos y la mandamos lo antes posible a su casa.
Pasamos varios días allí. Conocí muchísimos sitios y mucha de la antigua cultura griega. Pronto volvimos a casa. Mi padre estaba muy enfadado, porque nos fuimos mucho tiempo, pero se alegro mucho de verme.
Mi abuelo me dio la postal y fuimos a casa. Hice prometer a mi padre que me llevaría de viaje pronto, porque quería tener una habitación como la del abuelo.
___

Una semana después cumplió su promesa y fuimos a Londres. Compré una postal que mandé a casa del abuelo Gabriel. Fuimos al Big Ben, subimos a la noria, fuimos hasta “Abbey Road”, y conocimos sitios preciosos.
Unos días después volvimos a casa, y mi madrastra vino con una cara que parecía triste, pero yo veía felicidad en sus ojos en realidad.

- Tu padre ha muerto.

No podía creerlo. El abuelo... había muerto en menos de una semana. Fui corriendo a mi habitación y lloré sin parar hasta que fue de noche. Entonces miré por la ventana y v por fin vi las estrellas, vi la esperanza, de poder ser como él.
Al día siguiente, mi padre y yo fuimos al cementerio, hasta la lápida de mi abuelo. Después de la “despedida” de mi padre, dejé la postal que compramos en Atenas en la lápida. Estaba escrita y ponía:

“Nunca te olvidaré”


sábado, 5 de marzo de 2011

23 años

Dentro de poco harán 16 años que estoy junto a ti. Pero tu hoy cumples 23 añitos. Como pasa el tiempo, ¿verdad? Parecía ayer, cuando tu tenias 13 años y yo 7 y nos peleábamos en la cama de nuestros padres, o un par de años después, cuando tu te habías comprado tu primer disco de los Red hot y me lo pusiste para que yo lo escuchara. Allí estábamos nosotros dos en tu habitación, con los cascos puestos, con una sonrisa en nuestra cara. Pero de eso ya han pasado muchos años.

Eres el mejor hermano que cualquier persona pudiera tener. Es muy difícil poder describirte, porque eres único. Tienes tantas virtudes, aunque también tengas defectos, que son pocos, pero te hacen ser quien eres. Para mi, eres más que cualquier mejor amigo, eres una de las personas mas importantes de mi vida, la que me guía, se enfada conmigo, me sonríe, la que pocas veces me abraza pero cuando lo hace, es el mejor abrazo que te pueden dar.
Tienes un corazón que no te cabe en el pecho, y en este blog, se que si miras muy adentro de lo que escribes cualquiera puede verlo.
Creo que soy la persona que mas orgullosa esta de tener a alguien como tu a su lado, soy muy afortunada y no se como algunas veces no me doy cuenta de ello.
Bueno tampoco quiero explayarme mucho así que….
Feliz cumpleaños. Te quiero.



PD:Bueno, esto es como una parte de mi regalo, y creo que era una muy buena idea hacer una entrada en nuestro blog y espero que te guste.
Para todos los lectores del blog, se que esto no es muy normal, pero también es para vosotros.
The dog days aren’t over…

miércoles, 30 de junio de 2010

El viaje de las postales

Sueños:Cuarta Parte

-Pero, ¿porqué?, podías haberte quedado con ella, ¿no?

-Bueno no era tan fácil, tenía que volver a ver a mi familia ya que llevaba más de un mes fuera de casa, y también quería saber si mi padre seguía vivo.

-Y te fuiste simplemente.

-Si, y me dolió muchísimo después de todo lo que había pasado con ella. Pero volví. Mi madre me abrazó como nunca lo había hecho. Después de todo eso volví a irme, y pasé un tiempo entre Alemania e Inglaterra, y la verdad es que aprendí bastante rápido el inglés.

-Pero,las postales, ¿se las mandabas a tu madre?

-Claro, cada vez que mandaba una, le escribía que estaba bien y se las enviaba para poder dejarla tranquila. Como decía, pase mucho tiempo en Inglaterra y conocí a mucha gente allí también, como Peter y Alice, con los que aún hablo. Unos meses mas tarde volví otra vez a casa. Mi padre había muerto un par de semanas antes, y mi madre esperó a que yo llegara para poder celebrar el entierro. Entonces pasé un tiempo en casa, hasta que ella lo superó. En ese tiempo conocí a tu abuela, pero aún no estaba enamorado de ella, así que me fui a seguir conociendo el mundo. Me fui a América del Sur, viajé por Argentina, Chile, Brasil y varios países más. Después de eso viaje por países asiáticos. Más tarde conocí como era de verdad Adela, y me enamore perdidamente de ella.

-¿Qué es lo que hizo que te enamoraras de ella, abuelo?

-Pues sobretodo que era alegre, y muy inteligente con unas ideas muy personales y duras para una mujer y más de aquellos tiempos, aparte de que su sonrisa era algo que me hipnotizaba.

-¿Y era guapa de joven?

-Pues si que lo era, era preciosa.

La recordaba con nostalgia, o por lo menos eso era lo que reflejaba su rostro. Aún así, tenia muchas preguntas de las que necesitaba una respuesta.



domingo, 23 de mayo de 2010

El viaje de las postales

Sueños:Tercera Parte

-Cuando yo era joven, poco antes de conocer a tu abuela, me fui de aquí por culpa de la guerra. Fue algo tan horrible, que yo no lo podía aguantar, aparte de que mi padre estaba en medio de todo, y no lo soportaba. No podía ver como personas de una misma patria batallaban entre ellos, rompiendo familias y dejando miles de muertos. Busqué algo de dinero para poder irme a Francia. Siempre fue mi sueño poder viajar por el mundo y conocer a personas y de diferentes sitios.

Estaba tan impresionado de que tuviera el mismo sueño que yo, que no paraba de mirarle con los ojos brillantes y sin perder ni una de las palabras que mi abuelo me decía.

-Estuve viajando con un hombre llamado Jacques que me recogió por la carretera cerca de Toulouse. Fuimos hasta París, donde el nació y me enseño Notre Dame, la Torre Eiffel que es donde me regaló esta postal. Después de pasar varios días con el, viajando por toda Francia, en la que aprendí algo de su idioma, me llevó hasta la frontera con Italia. Estuve a Turín y desde allí fui de autobús en autobús hasta Venecia, donde conocí a mi primer verdadero amor.

-¿Cómo se llamaba?

-Bianca. Era una chica de pelo largo y negro, con un cuerpo delgado y esbelto y unos ojos azules que hacían que me derritiera. Pasé una semana allí con ella. Cada noche navegábamos por los canales de Venecia cogidos de la mano. La segunda noche me besó por primera vez, realmente estaba enamorado de ella, pero tenía que irme.



domingo, 2 de mayo de 2010

El viaje de las postales


Sueños. Segunda Parte

Siempre estuvo cerrada, por lo menos las veces que yo había estado allí. La curiosidad me inundó y despacio me acerqué a la puerta. Puse la mano en el pomo, un poco nervioso, ya que el abuelo nunca me dejó que entrara en esta habitación. Lo giré muy despacio, mirando por que quicio de la puerta, donde apenas se veía un escritorio. Entonces abrí la puerta, pero solo se veía un par de sombras. Después de palpar un poco la pared encontré en interruptor y encendí la luz. Entré y era el paraíso. La pared estaba empapelada de postales de todo el mundo. Mi sueño en una habitación. Iba mirando postal por postal: Milán, París, Buenos Aires, Berlín, Montevideo, Helsinki, etc.
Escuché unos pasos que venían a la habitación, pero no les hice caso porque seguía ensimismado con las postales. Nunca pensé que mi abuelo tuviera un tesoro así. Ver todas estas postales con las fotos de tantos sitios, me daban aún más ganas de poder salir de este país. Me imaginaba en cada uno de esos sitios enfrente de los monumentos pero de pronto, escuché mi nombre.

- ¿Pablo?
- ¡Abuelo!
-¿Qué estas haciendo en esta habitación?
-Lo siento abuelo, yo solo quería saber...
-No te preocupes, no estoy enfadado, era mi habitación secreta, pero ahora puede ser un secreto de los dos. ¿Te gustan las postales?
-Son impresionantes, ¿cómo las conseguiste abuelo? Cuéntame la historia.
-Bueno es un poco larga así que mejor que nos sentemos.

Miraba a mi abuelo muy entusiasmado. Ambos nos sentamos en dos sillas que había junto al escritorio. Entonces mi abuelo empezó con la historia.



domingo, 25 de abril de 2010

El viaje de las postales

Sueños: Primera Parte

Mirando el cielo negruzco, sin ninguna estrella, sin ninguna esperanza, pensaba que en un futuro vería el mundo que me esperaría. Sitios bellos, interesantes y tristes también. Pero la angustia me invadía cuando recordaba que estaba encerrado en una jaula de cristal que no me dejaba salir al exterior. Aún así, debía dormir. mañana tendría que hacer un pequeño viaje hasta casa de mis abuelos, una de las cosas que más me gustaba hacer los domingos.

Estaba en la entrada de una de las casas más humildes de la ciudad. Allí vivía mi abuelo. Estaba viudo desde hace 8 años. Él estaba como siempre, tan alegre y amigable, aunque sabía que su hijo no venía con el mismo sentimiento. Mi padre desde que se casó con ella, dejó de comportarse bien con el abuelo. No soportaba que el ambiente que había entre ellos, y no podía ignorar las miradas que mi madrastra mandaba al abuelo. A ella nunca le gustó, porque él decía que mi padre se merecía algo mejor que una mujer superficial, a la que solo le importa lo que piensan los demás.

Yo iba caminando lentamente por un pasillo largo y estrecho que cruzaba toda la casa, mientras que Gabriel, mi abuelo, intentaba empezar una conversación amistosa. Aparte de la cocina y del salón, había dos habitaciones, la de mis abuelos y la de invitados, donde yo dormía. Pero había una puerta al final del pasillo que nunca había cruzado.