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sábado, 16 de octubre de 2010

El funeral de los Planetas.

Vía Láctea: ¡Ding, dong, ding! El servicio de información de la Vía Láctea les comunica que el funeral de la Tierra dará comienzo dentro de 675 años terrestres y tendrá lugar en el Sistema Solar. Les rogamos tengan precaución y procuren no surcar las inmediaciones del agujero negro, el tráfico espacial es denso y el tiempo para este fin de milenio se presenta bastante adverso debido a las numerosas precipitaciones de meteoritos, por lo que les aconsejamos que tengan sus atmósferas a máxima potencia. Gracias. ¡Ding, dong, ding!
(En el velatorio)
Marte: Si es que no somos nada…
Júpiter: No serás nada tú, yo soy bien grandote y hermoso.
Marte: No empieces con tonterías inmunda bola de gases.
Júpiter: Cállate anda, que yo al menos tengo satélites decentes.
Martes: Que cruz más grande, copón.
Venus: Dejadlo ya hombre, estamos aquí por la muerte de nuestro compañero.
Júpiter: Mira quién habla, si tú solo lo querías para mantener interacciones gravitatorias y electrostáticas.
Venus: Eso es mentira, que yo le quería mucho.
Marte: Sí, claro que lo querías, para las interacciones…
Venus: Iros a por polvo estelar los dos, si es que sois iguales.
Marte: Perdona, pero a mi no me compares con una pelota de gas.
Mercurio y Saturno: ¿No tenéis ningún respeto por nuestro compañero? Con la de buenos momentos que hemos pasado juntos, la de momentos inolvidables que jamás se repetirán.
Júpiter: Mira quiénes están aquí, el de los termómetros y el “fashion”, vacilando con su anillo.
Saturno: No responderé a tus patéticos intentos para hacerme partícipe de tu juego, así que vamos a ponernos serios y a darle nuestra última despedida a nuestro amigo.
Marte: Estoy de acuerdo con el “anillao”, vamos a comportarnos como planetas que somos.
Venus: Mirad, ahí están los dos que faltaban.
Urano: Buenas, siento el retraso, vengo aquí con el “señor de los mares”, ja ja ja.
Neptuno: Siempre con el mismo chistecito, pues yo paso de hacer rimas fáciles.
Saturno: En mala hora se me ocurrió echar a mi la solicitud para la plaza en el Sistema Solar, me han tocado todo los perturbados.
Venus: No te sulfures, ja ja ja. Sus discusiones de pareja siempre son iguales.
Urano: Es que no tienen sentido del humor.
Neptuno: Claro, no será que tú eres demasiado graciosilla.
Luna: Ains…
Marte: Hey Luna, ¿cómo lo llevas?
Luna: Pues muy mal, era mi mejor amigo.
Venus: Anímate hombre.
Luna: Aún recuerdo cuando orbitaba a su alrededor y me daba conversación.
Júpiter: Pero, ¿cómo ha sido?, tú que siempre estás a su lado.
Luna: Pues la verdad no tengo ni idea, el doctor le hizo la autopsia pero no fui capaz de ir a verla.
Júpiter: Pues yo tengo curiosidad.
Urano: Seguro que no se ha cuidado la atmósfera, que se pegaba unos chutes de CO2 que ni yo en mi juventud.
Neptuno: Tú que vas a saber, le habrá dado una subida del nivel del mar. Porque hace tiempo que me comentó que le daban bajadas muy fuertes de los casquetes polares.
Urano: No hables de casquetes no vaya a ser que sea lo único que hagas en un tiempo.
Neptuno: Pero churri…
Júpiter: Estoy cansado de sus peleas, Mercurio, ve a hablar con el doctor ya que lo tienes cerca y tráete el informe de la autopsia.
Mercurio: Siempre el más pequeño a hacer los recados.
Júpiter: Calla y ve ya, hostia.
Saturno: Tampoco te pongas tan agresivo con el chaval. Aunque yo creo que todo va a ser un infarto de núcleo.
Venus: Pero si tenía un núcleo muy calentito.
Marte: Mira como lo sabe y parecía tontita.
Venus: Tú lo que tienes es envidia…
(Mientras, Mercurio…)
Mercurio: Buenas doctor.
Sol: El chico de los termómetros, ¿qué te trae por aquí?
Mercurio: Qué broma más original…
Sol: ¿A que sí?, si es que soy muy chisposo, estoy que ardo.
Mercurio: Antes de que se desencadene por completo el festival del humor del Dr. Sol le tengo que decir que estoy aquí por el informe de la autopsia de la Tierra.
Sol: Un planeta muy desagradecido, nunca aceptó mis rayos UVA. Un bronceado no le hubiese venido mal. Aquí tienes muchacho, tu informe.
Mercurio: Gracias, ya nos veremos. (Que tipo más patético)
(De nuevo en el velatorio)
Venus: … porque eres lo más triste del sistema y nadie quiere estar contigo.
Marte: No te voy a insultar porque me lo tiene prohibido el autor pero en cuanto se acabe esto tendrás que ir buscándote un buen psicólogo.
Mercurio: Aquí traigo el informe.
Júpiter: Ya era hora, estaba cansado de escuchar a estos dos cansinos.
Saturno: Bueno grandullón, que dice el informe.
Júpiter: Pues el informe dice que te equivocas, ja ja ja.
Saturno: Ya veo para que querías el informe…
Júpiter: La parejita ha acertado, pero por lo visto es más complicado.
Marte: Que mas da, el caso es que la diño, no hay más misterio.
Júpiter: Sí, pero tenía curiosidad.
Venus: Estoy rodeada de idiotas.
Marte: Maldito autor y sus favoritismos, será mamón. Uff, que alivio, gracias majete.
Luna: Dejemos la fiesta en paz unos minutos y estemos un momento en silencio para honrar la memoria de nuestro amigo.
Plutón: Perdón por el retraso.
Marte: Tuvo que venir el cafre de turno a romper el momento en el que recordamos a nuestro compañero y le dedicamos un momento de silencio. No ves que nos queremos ir ya todos a nuestras órbitas y dejar esta pantomima cuanto antes, pero tienes que llegar y fastidiarlo todo. Anda y vuélvete para tu órbita y no te muevas nunca más, que eres la vergüenza de la profesión, no vales ni para planeta, cacho piedra. Maldito impostor, viviendo del cuento todos estos siglos y encima tienes la poca decencia de aparecer por aquí. Cada vez que te veo me dan ganas de mudarme de galaxia.
Venus: Sería de agradecer eso último.
Júpiter: Yo paso de seguir aquí, tengo partida de dominó con Ganímedes, Europa y Ío dentro de unos años y no quiero llegar tarde. Ahí os quedáis.
Urano: Nosotros también nos vamos, que con esto de acercarnos al Sol me ha entrado un calentón.
Neptuno: Yuju, hasta otra amigos.
Saturno: Acabo de acordarme que tengo que ir a probarme un anillo nuevo que me he comprado, adiós.
Venus: Yo me quedo con Luna aquí un ratito más.
Luna: Gracias, pero deberíamos irnos antes de que se haga más tarde. Ya volveremos en otro momento.
Venus: De acuerdo.
Mercurio: Me voy a la consulta del Dr. Sol que me ha entrado un dolor de cabeza de repente, horrible.
Marte: Yo me voy, pero no voy a poner ninguna excusa barata. Nos vemos.
Plutón: Bueno…
… y tú, Tierra, ¿qué te cuentas?





PD: Me parece que éste aún no lo había colgado. Pues eso, espero que guste. Ya ni me acuerdo de cómo es.

jueves, 6 de mayo de 2010

Dous no Deus e un na man.

El paracaidista.
Todo se convirtió en un juego para aquel paracaidista. Se había reído de su destino en varias ocasiones con anterioridad, pero era algo a lo que no daba importancia porque nunca creyó tenerlo. Necesitaba esa dosis de adrenalina que le proporcionaba el sumergirse súbitamente en la atmósfera. Cada mañana añoraba volver a caer desde el avión para sentir la libertad. Se sentía poderoso al cortar el viento con su cuerpo, ganando velocidad. Esa fracción de tiempo en la que duraba la caída era mágica. Podía contemplar la creación al mismo tiempo que se acercaba para darle un abrazo. Pero su ilusión se apago, era el momento de tirar de la anilla que lo devolvería a la realidad. Tiró con fuerza, nada ocurrió. La anilla era una manera suave de volver a la realidad. Exclamó una maldición, aunque al instante supo que permanecería para siempre en su placentera ilusión. ¡Qué ingenuo! La realidad le golpeó con toda su fuerza.

Mentiras y heridas.
Ahora sí que estaba realmente loco. Su mundo se desmoronaba a sus pies y veía como cada gota de lo que antes llamaba realidad se desfragmentaba de ese todo y se consumía fugazmente. No pudo controlar ese mundo de ilusiones que una vez creó y éste acabó siendo lo suficientemente grande y poderoso como para engullirle. Su mentira lo controlaba, su mentira vivía por él. Su ser estaba sedado y preso en una burbuja mental, mientras su parásito le gobernaba. Era inútil luchar porque no había posibilidad de victoria. Lloraba porque no creía que pudiera llegar a pasarle esto, porque pudo ponerle remedio, no lo hizo y estaba pagando las consecuencias, porque era preso de sí mismo. Su lamento cesó al ver que ya no había una solución posible, excepto la de aceptar su situación, sus errores y su castigo. En caso de conseguirlo, sería por fin libre.

Firmes.
En aquel poblado todos andaban doblados. El tronco de cada miembro del mismo, se curvaba hacia un lado. No había ninguna otra peculiaridad como conjunto, ya que individualmente cada uno es un mundo. Tenía una clara ventaja al recoger cualquier cosa del suelo, pero en aquel poblado no se llegaron a construir rascacielos. Se dice que en los comienzos de la tribu, uno de ellos al ver el arco iris intentó imitar su posición, olvidando todo lo demás así se quedó y en el pueblo hizo furor y se mantuvo como tradición. Con el paso del tiempo, las generaciones desarrollaron esa arqueada curiosidad anatómica. Siguió pasando el tiempo y el pueblo se expandió, en territorios vecinos no eran especialmente bienvenidos. El pueblo se veía frecuentemente envuelto en pequeñas batallas. A partir de aquel momento se apreció que los jóvenes iban perdiendo la curvatura vertebral. Había comenzado en el pueblo el servicio militar.


martes, 13 de abril de 2010

Lupas y regalices.

Ella.
La miraba y el resplandor de su rostro me cegó como al mirar directamente al sol, pero no le importaba porque podía imaginarlo perfectamente, conseguía delinear cada detalle con trazo fino y delicado. Escuchaba el sonido de sus pasos buscándole, sincronizado con el vaivén de sus caderas, y oía su risa. Ah, su risa, capaz de elevar mi moral al infinito del universo y devolverme a la realidad para poder seguir disfrutando de su compañía. La olía y su nariz se perdió en una espiral placentera de fragancias paradisíacas. Su perfume quedaba impregnado en su ropa dejando claro su encuentro. Le pidió que la besara y saboreo sus suaves labios del más dulce caramelo. Una descarga eléctrica que recarga la batería de su ya gastada vida. Finalmente extendió sus brazos para abrazarla con fuerza y se desvaneció, ¿sería una broma?, se giró para encontrarla, pero no estaba, desapareció. Sólo quedaban las acolchadas paredes de su diminuta habitación. Se arrodilló lastimoso, rogando poder verla de nuevo, para no dejarla escapar, para estar eternamente juntos.

La anti-sociedad.
La sociedad movida por la superficialidad y la envidia. Sociedad que calla rabiosa tus triunfos y los aplaude hipócritamente, sociedad que se ríe de tus fracasos y espera intensamente que vuelvas a tropezar. Sociedad que tiende a la uniformidad, que quiere que todos lleguemos a su concepción de perfección. Debemos acostumbrarnos a que la victoria es para los más guapos, pueden ser triunfadores con sólo proponérselo. Una sociedad alimentada por el espectáculo del deporte, de la televisión, de la moda, del cine y de la música, dónde nos manipulan y con una bonita apariencia nos someten y claman qué tenemos que ser y cómo, qué tenemos que tener, dónde tenemos que ir y qué tenemos que pensar para ser aceptados. Pero, ¿qué puta y jodida mierda es esto? ¿Hasta dónde van a llegar? Yo me niego, paso de ser lo que no soy para contentar a los demás, paso de tener que decir cosas que no comparto para caer bien a alguien, paso de tener que vestir de una determinada manera para que la gente confíe, paso de querer ser atractivo con el fin de atraer. Sociedad manejada por su estupidez y su miedo, una sociedad que cada vez vale menos, “insultable” , aborrecible y vomitiva. Discriminadora, insolidaria, prejuiciosa y cruel. Que mira para otro lado si lo que ve no le gusta. Esto es lo que vivimos, esto lo queremos y esto lo que tenemos. Maldita sociedad.

Controversia.
- Dime algo.
- Algo.
- ¿Qué?
- Nada.
- ¿Nada?
- Todo.
- ¿Todo?
- ¿Te parece poco?
- Me pareces raro.
- Mejor raro que malo.
- Peor que normal.
- ¿Qué es normal?
- Es complicado.
- Entonces no debe ser tan normal ser normal.
- Yo soy normal.
- De una normalidad, anormal.
- Sin insultar.
- Insultar es privilegio de quien puede.
- No te creas privilegiado.
- Creique y penseque, hermanos de tonteque.
- Te odio.
- Podría ser peor, podrías no quererme.
- No entiendes nada.
- Seguramente más que nada y menos que algo.
- Me aburres.
- ¿Y aún sigues aquí?
- No sé dónde ir.
- Haber empezado por ahí, vámonos.

"Ser ignorante es un problema con solución, ser ignorante y estar orgulloso de ello es la solución que escoge sociedad."





PD: Primo, te juro que es la última vez que lo hago, no me lo tengas en cuenta. Y lo que está escrito, menos.

domingo, 21 de marzo de 2010

Popurrí de antigüedades.

Locura de amor.
La miraba y el resplandor de su rostro me cegó como al mirar directamente al sol. No me importaba porque podía imaginarlo perfectamente. Conseguía delinear cada detalle con trazo fino y delicado. Escuchaba el sonido de sus pasos buscándole sincronizado con el vaivén de sus caderas y oía su risa. Ah, su risa, capaz de elevar mi moral al infinito del universo y devolverme a la realidad para poder seguir disfrutando de su compañía. La olía y su nariz se perdió en una espiral placentera de fragancias paradisíacas. Su perfume quedaba impregnado en su ropa dejando claro su encuentro. Le pidió que la besara y saboreo sus suaves labios del más dulce caramelo. Una descarga eléctrica que recarga la batería de su ya gastada vida. Finalmente extendió sus brazos para abrazarla con fuerza y se desvaneció. ¿Sería una broma? Se giró para encontrarla pero no estaba. Desapareció. Sólo quedaban las acolchadas paredes de su diminuta habitación. Se arrodilló lastimoso rogando poder verla de nuevo. Para no dejarla escapar, para estar eternamente juntos.
El Mostruo.
Tenía un monstruo por dentro. Alojado entre sus entrañas. Al principio no se dio cuenta. Era pequeño e insignificante. Lo alimentaba con su miedo, su tristeza, su odio, su ira y su desprecio. Guardaba estos sentimientos en un compartimiento secreto del corazón pero la criatura fue lo suficientemente hábil como para encontrar la manera de abrirlo con tesón y poder así alimentarse sin cesar. A medida que comía, crecía y lo hacía con grandes púas que por todos lados la herían. No era capaz de parar aquello porque esos sentimientos la invadían. No sabía cómo hacer para frenarlos o expulsarlos y por tanto los seguía guardando y alimentando a lo que tanto daño le producía. Temía que algún día querría salir. El dolor era insoportable y sería lo único que la aliviaría porque de otra forma moriría. Ya no sólo eran las púas sino que la sangre le ardía al verse envenenada. El antídoto posiblemente residía en la felicidad que aunque tardía, podría salvarla. No supo encontrar el antídoto y murió. Te preguntarás por qué sé que todo esto ocurrió. La respuesta es obvia. Porque ese mismo monstruo que tuvo ella, ahora lo tengo yo.
El Samurái, el Monje y yo.
Por el sendero cercado de cerezos en flor caminaba el samurái. Venía de una dura y larga batalla donde el suelo se teñía de rojo. Estaba cansado. La lucha dejó cicatrices en su piel que le recordarían los tiempos de guerra. Cruzaba el camino con paso lento pero tenaz. No sabía dónde acabaría y no le importaba. No se supo si llegó al final del camino pero se sabe con toda certeza que no volvió. ¿Qué encontraría allí?
Por el sendero cercado de cerezos en flor caminaba el monje. Su túnica blanca con capucha lo delataba. Mientras andaba se deleitaba con el paisaje y admiraba lo que la naturaleza le ofrecía. Era símbolo de quietud y parecía mimetizarse con el ambiente siendo totalmente imperturbable. Seguía recto, sin distracción. No se supo más de él.
Por fin me hallo caminando por el sendero cercado de cerezos en flor. La curiosidad me consumía. Tenía que saber qué hizo no retornar al monje y samurái. Supuse que sería algo tan plácido y relajante que debería valer la pena conocerlo. Podría existir la posibilidad de que al final se encontrase aquello a lo que llaman felicidad. Y aquí sigo caminando por el sendero. Llevo un largo rato, a ver si llego.

sábado, 20 de marzo de 2010

Los 4 jinetes del Apocalípsis.

La Victoria
en su hermoso caballo blanco cabalgaba. Engalanado con los mejores ropajes, ostentando las más valiosas joyas y con el aspecto más bello y refinado jamás visto. Huía, no podía dejar que lo atrapasen. Era demasiado peligroso. No se imaginaba las consecuencias que acarrearía para el mundo su captura y no quería pensar en ello. Sabía de la avaricia y codicia de las personas. El desenlace es impredecible aunque ninguno de ellos bueno. Corría deprisa porque sabía que lo perseguirían sin descanso. Todos querían obtener su poder y olvidar el fracaso de una vez por todas. Por desgracia para la humanidad aún seguiría siendo desdichada por un tiempo. Un día lo inevitable ocurrió y alguien la cazó. Sus temores se hicieron realidad y como consecuencia de ello la fortuna acompañaba siempre al mejor postor.

La Guerra
en su llameante caballo rojo cabalgaba. Protegida con su indestructible coraza negra y armado con su irrompible espada todo lo arrasaba. En su galopar estallaba la debacle. Todo ardía y se consumía. Era imbatible. Todos la temían por lo que nadie se atrevía a enfrentarse a ella. Su vorágine de destrucción engullía cada cosa a su paso y era imprevisible saber dónde y cuándo ocurriría. Nadie podía detenerla. Nadie podía vencerla. Era la perfección. Un día se cruzó en su camino con su único oponente. Acompañado de alguien a quien conocía bien. Sabía que su libertad había acabado porque su adversario contaba con el arma que la doblegaría y ésta era La Victoria. De repente se paró y asumió la derrota. Era inútil luchar. Su adversario consiguió domar a la indomable y desde entonces el final de cada batalla estaría fijado.

El Hambre
en su huesudo caballo negro cabalgaba. Era andrajoso y harapiento. Siempre portaba su balanza. Él era símbolo del equilibrio que mantenía la inmortalidad de nuestro mundo. Iba tranquilo. Nadie le molestaba. Las criaturas huían si percibían su presencia. No era un invitado deseado. Pero era obediente y acudía siempre a la llamada de su compañera. La llamada de su amada, La Guerra. Sabía que su presencia era necesaria en muchos de sus viajes y su deber era seguirla. Acompañarla en su deseo de destrucción. Mermando la entereza de los más fieros guerreros. Pero prefería ir despacio y cuando cabalgaba en solitario, viajaba a paso lento. En uno de sus viajes creyó ver un espejismo. Veía en la lejanía a un hombre pero no era eso lo que llamaba su atención. Al lado de éste había una figura familiar. Era su amada. Estaba quieta. Algo que sus ojos nunca habían visto antes. Se acercó a ellos y entonces el hombre comenzó a caminar. Su amada y otro caballero le siguieron. Sin mediar palabra él los imitó y desde entonces la desigualdad llegó a ese mundo y se prolongó por siglos.

La Muerte
en su espectral caballo verde cabalgaba. Su forma de esqueleto humano, su túnica negra y su infinita guadaña alertaban de su presencia. Él era el cierre del ciclo del universo. Era la pieza fundamental sobre lo que todo se sostenía. Él era el fin y el comienzo. Estaba en todas partes en todo momento pero prestaba mucha atención a dos de sus compañeros a los que llamaba “los eternos enamorados”. Guerra y Hambre. No viajaba. Se limitaba a estar allí donde su presencia era requerida. Odiaba molestar a quien no debía porque detestaba que hicieran lo mismo con él. Llevaba una eterna condena consigo y envidiaba el vigor de su compañera que le ayudaría a no necesitar descanso y la pereza de su compañero porque éste sí podía permitírselo. Un día sus dos compañeros lo llamaron a la vez. Era extraño y se le antojaba imposible. Acudió a la llamada y tres caballeros lo esperaban. Uno en un caballo blanco y los otros dos en caballos rojo y negro que reconocía a la perfección. Los cuatro se habían unido y una nueva era llegó. Las consecuencias de aquello han perdurado a través del tiempo y todavía ahora siguen vigentes y con la misma fuerza.


P.S. Releyendo el texto, me entró nostalgia y aquí os lo dejo.