Un día más iba al estante a ordenar sus sentimientos. Se acumulaban desparramados por las baldas. Mezclados unos con otros sin seguir un orden específico. Dificultaba poder encontrarlos cuando quería, así que no quedaba más remedio que hacer limpieza. Cada rato que tenía para sí mismo, procedía con la misma dinámica. Agrupaba los recuerdos en una esquina y los guardaba en el cajón para no perderlos. Después separaba el miedo, la angustia y la frustración. Se quedaba con un poco de cada uno y el resto a la basura. La reflexión la ponía en lo más alto, para alcanzarla cuando tuviera tiempo. La melancolía era un despertador encima del cajón de los recuerdos. Tenía una montaña de dudas que apiló y las puso abajo, casi en el suelo, le recordaban que debía pisar suelo firme. La ilusión eran globos atados al mueble, para salir volando de vez en cuando. Y por último la balda de la felicidad, esa mejor no tocarla, por si acaso…
La historia del Caballo Ero.
La historia del Caballo Ero, fiel compañero de un paladín ilustre. Aprendiz de sus enseñanzas, de su valentía y coraje. Admirador de su tesón y sus valores. Se ayudaban ante los dolores de la soledad. De vagar de aquí a allá. De no fijar destino en una ciudad. Pasaban por pueblos remotos salvando todos sus obstáculos. Contando a lugareños relatos sobre batallas y espectáculos. Conociendo personas por tan sólo un día. Crueles espinas que se clavaban en su monotonía. Nunca se separaban, compartiendo la condena. Ya que era dos caras de la misma moneda. El Caballo Ero tomaba el siguiente camino. Siempre con el mismo destino.
La botella.
Encerró en una botella un sueño y la arrojó al mar. La botella mecida por las olas se internó en la inmensidad. Cuando se alejó lo suficiente como para entrar en una zona calmada, la botella se hundió en el agua. Ganaba profundidad hasta que topó con el fondo. La botella, sin romperse por la presión, quedó enterrada en la arena. Quedaba patente que si había algo más fuerte que una idea, ésos eran los sueños. Seguía adentrándose inexorablemente hasta el núcleo, haciendo imposible que su pensamiento pudiera rescatarla. Pero una vez llegado al núcleo la botella estallaría, dando lugar a un cataclismo en su intelecto que recuperaría con incalculable fuerza el sueño perdido.

PD: Empecemos el mes.






