martes, 1 de diciembre de 2015

Monta Tanto.

Idea de Estado.
El Estado estaría formado por todos aquellos recursos destinados a la consecución del bienestar de las personas físicas que lo conforman. Un precepto ético establecido como valor del Estado es el deber de ser preservado y estimado, en mayor medida que la identidad territorial que lleva ligada. Ser una persona física dentro de un Estado significa pertenecer a un colectivo social que se protege de la individualidad privada de la que pueden formar parte y se retroalimenta de los servicios y prestaciones que ésta ofrece. Un Estado debe satisfacer los derechos fundamentales de sus miembros además de proveer servicios que engloban la administración, comunicación, cultura, educación, infraestructuras, justicia, sanidad y seguridad. Estas actividades contaran con una fracción de financiación vía impositiva a las rentas percibidas por el trabajo de las personas físicas, a los bienes de que dispongan las personas físicas y jurídicas, a la compra de productos de consumo que se comercialicen dentro del Estado y a la recaudación de la actividad productiva de las personas jurídicas diferenciando la estructura empresarial de pertenencia. El resto de la financiación la proporcionaría la propia actividad productiva del Estado. El Estado será propietario de cooperativas en los tres sectores económicos con el fin de poder garantizar la cobertura de las necesidades básicas de su población. El cumplimiento de los derechos o el acceso a los servicios por parte de una persona física perteneciente a un Estado en ningún caso puede verse perjudicada a la indisposición de recursos de cualquier índole. En caso de que estos preceptos no se cumplan, el territorio designado no puede llamarse Estado. Esta es mi respuesta a la pregunta, ¿cuántos Estados hay en el mundo conocido?

Belicismo capitalista.
Sin consuelo tras los llantos
de cadáveres en el suelo.
Cerrar los ojos del espanto
y no sentir más que miedo.
El sueño de perder tanto
en intereses que no creo.
Ser parte del mismo saco
de mudos, sordos y ciegos.
Llega el tiempo de la cólera
en que despertar consciencias
con miles de gritos de histeria
que desahucien al poder.
Llega el tiempo de la cólera
y la extenuación de la miseria
para millones de miradas
carentes de alternativa.
No quedan juegos, ni más trucos,
ni la confusión de una portada
porque en el tiempo de la cólera,
el privilegio de los iguales
es el respeto de saberse diferentes
y unir fuerzas en la lucha
contra la suerte de la historia.

El no saber ocupa lugar.
- Después de un fatigante peregrinaje, he alcanzado este templo en el que usted habita. Oráculo de infinita sabiduría, ilumina mi camino respondiendo a alguna de mis preguntas.
- Peregrino exhausto, sin duda durante su travesía ha pensado bien en las incertidumbres que necesitaba responder. Así pues, descanse sus piernas sentándose frente a mí. Responderé a tres de sus cuestiones, elija bien.
- Realmente, me sobrarían las dos primeras, su eminencia. Pero, no es mi intención despreciar su generosidad por lo que aquí va mi primera pregunta. ¿Hay vida después de ésta?
- Estimado peregrino, eso no es realmente lo que quiere saber. Su duda es si aprovechará esta vida como para que sea suficiente.
- ¿Y será suficiente?
- Lo sabrá antes de que llegue el común y fatal desenlace. Ha gastado dos de sus tres preguntas. Escoja bien la última.
- La cuestión que verdaderamente necesito conocer es si a lo largo de mi vida daré respuesta a cada una de mis preguntas.
- Jajaja. He de reconocer su inteligencia, peregrino. La respuesta es sí. Algunas de las respuestas serán inesperadas y otras tantas no valdrán la pena. No obstante, habrá de quedar satisfecho. Bien, habiendo respondido a sus preguntas puede dar por concluida su peregrinación y le animo a marchar en paz.
- Por el resurgimiento.
- Paz y honor, peregrino.


P.S. Todo es culpa de la actividad cerebral.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Pasaje Interminable.

Lágrima de nostalgia.
Cada mañana me despertaba queriendo verte. Hace mucho tiempo y tengo miedo de estar hablando con una persona completamente diferente, creyendo que es alguien que ya no existe. Esa seguramente sea la percepción pero en realidad sería justo pensar en esa distorsión como algo debido al paso del tiempo. Recordarte me hace sonreír sin darme cuenta. Oír tu voz saliendo de mi cabeza sabiendo que es una ilusión sin certeza de que ese sonido sea realmente tuyo porque ya ni me acuerdo. He escrito sobre ti, ¿sabes? Bailábamos y tú te desvanecías entre mis brazos sin que pudiera entender lo que pasaba. Al final eso fue todo, un baile en el que nos encontrábamos mientras todo giraba a nuestro alrededor pero para nosotros no pasaba el tiempo. Ahora son solo fogonazos desordenados que lucho por conservar. Me da miedo que algún día te engulla el olvido aunque sea consecuencia de mi felicidad. Siento nostalgia cuando me doy cuenta de que en algún momento te…

Prosaico y sin acepciones.
Se me agota el ingenio y me duele. El pensamiento es recurrente y gira sin descanso en un círculo vicioso. No sé decir tantas cosas si no es escribiendo. Aún así digo poco y quizás sea por eso que valgo más por lo que cuento que por lo que callo. Porque el cuento es corto. Soy visto en un destello en el que aparezco inconfundible. Me da por pensar que no valgo para vivir en sociedad. No soy capaz de verbalizar lo que siento, ni lo que me preocupa. Aún así creo sin tener certeza que sé valorar a las personas. Esto no quiere decir que se los haga saber o que me esfuerce por mantener contacto. Lo guardo de forma estúpida pero con una fuerza y un sentimiento incapaz de exteriorizar. Esto significa que no siento indiferencia hacia las personas que me rodean pero mi forma de actuar hace que parezca lo contrario. Con esto no busco excusarme, ni pretender que se entienda mi forma de ser, es una simple constatación de inoperancia social. No sé socializar. No puedo pretender entender a alguien ajeno cuando no me entiendo ni a mí mismo. No obstante, empatizo y soy capaz de racionalizar problemas ajenos, con mayor o menor acierto dependiendo de cuánto conozco a la persona. Mi medio de expresión son definitivamente las letras. Pero todo esto está tan amortizado. Ya no lo necesito, no me hace falta. Aprendí a guardar las lágrimas para cosas más importantes. Saber estar sereno en situaciones incómodas, siendo cínico conmigo mismo únicamente. (Si ese cinismo llega a extenderse en algún momento a otra persona por mis ya relatadas taras. No es mi intención pero soy culpable). Ahogar los gritos en las profundidades donde no se oigan, donde no se escapen, donde se asfixien. Ni me alivia, ni me reconforta. Aprendí a tratarme de otra forma. En algún momento fue terapéutico, ahora sí es indiferente. Nunca lo que escribo, sí el porqué.


P.S. Lucha de egos conmigo mismo. Tremendamente interesante.

jueves, 1 de octubre de 2015

Animadoras Desvestidas.

El misterio.
La nocturnidad de la calle desde una ventana es hipnótica. Ese estático dinamismo me atrapa desde la protección del hogar. La sensación es extraña, de alguna forma te ves perdido allá afuera en la noche y tienes la necesidad de encontrarte. Pero me rindo a la evidencia de estar al otro lado mientras una parte de mí se queda ahí perdido. No hay lugar para el equívoco ya que la escena no es la primera vez que se produce. La noche me engulle silenciosamente y sin darme cuenta estoy en el exterior. Me siento ligero, como levitando. Una suave y húmeda brisa me refresca. Disfruto de ese momento de soledad solemne pero sin pensar en ello, de una manera intuitiva y despreocupada. Ya no estoy perdido, de repente vuelvo en mí y me veo mirando por la ventana mientas la noche me traga.

Lágrima paranormal.
Te dejé esperando en Otoño, pero no como algo transitorio sino más bien estático. Como si el tiempo no pasara, como si estuvieras en un envoltorio de una dimensión atemporal. Sin alteración posible y ni una mueca en el pensamiento. Perdiendo los ojos en la inmensidad de un cielo que te absorbe y te hace sentir insignificante. La brisa fresca acaricia en ese instante tus ardientes mejillas. ¿Y ahora qué? Quizás me dejaré arrastrar por las olas del mar. Con suavidad, tranquilamente. Y una vez mecido por ellas y estando sereno, chocar contra la arena. Es extraño que contigo fuera capaz de llevarme mejor conmigo mismo. Una aleatoriedad previsible al no ser un fenómeno espontáneo. Y ese deseo o voluntad pese a ser recomendable no deja de ser egoísta. El ocaso corona el paisaje y deja en el aire un fino aroma envuelto en el flujo del tiempo.

Programa de iniciación.
- Qué extraño…
- Saludos, señor. Soy nadie, encantado de conocerle.
- ¿Dónde estamos?
- Querrá decir dónde está, ya que yo no estoy. Aún así, tampoco puede decirse que esté en alguna parte.
- Necesito una explicación.
- Lamento comunicarle que usted padece del estado permanente al que denominan muerte…
- No, si ya me notaba yo algo raro.
- …y que se encuentra en su destino para el resto de la eternidad, la nada.
- Pues, menudo panorama.
- Usted dejará de ser aquí por todo el tiempo, perdiendo así conciencia de sí mismo.
- ¿Y por qué tanta parafernalia?
- Este es el nuevo programa de iniciación a la muerte para principiantes, lo que pretende es que se tenga una transición de la vida a la muerte lo menos traumática posible.
- Pero si ya estoy muerto…
- Teniendo en cuenta que su existencia llega a su fin, tiene unos minutos por si quiere despedirse de sí mismo. Aunque he de advertirle que cuando eso pase, usted dejará de saber que alguna vez hubo existido.
- Despedirme, ¿de qué?
- Ése es el espíritu. Bienvenido a su eterna inexistencia.


P.S. Así mejor, así sí. Entrada 153, hubiera estado bien haberle hecho alguna referencia a la 150 y no te creas que no lo tenía planeado, pero oye, que eso.

martes, 22 de septiembre de 2015

Histeria Subversiva.

Oda Hipster.
La mayor locura
es afeitarse
a las tres y media
de la mañana.
Ver tu barba
y percatarte
que es soberbia
su espesura.
Mesarla
con las manos
en un instante
de duda.
Que sea ella
quien se aparte,
mostrando la piel
de tu cara,
en un lapso
de cordura
mientras caes
en la cama.
Y la barba,
despreciada,
ya no amortigua
el impacto
de tu cara
contra la almohada.

Mongol.
Hoy es ese día en el que tengo un conflicto conmigo mismo. En el que pienso que tenemos fecha de caducidad. En el que me gustaría no saber que soy ni he sido. Hoy pienso en lo que bajo mi percepción han sido mis equivocaciones y juego a imaginar lo que hubiera sido de haber actuado de manera diferente. Hasta que me doy cuenta del daño que eso me hace o de lo inútil que resulta su ejercicio. Aún así diría que estoy aprendiendo a vivir conmigo mismo. Me hace gracia, de una forma irónica, cuando se describe positivamente la manera en la que me expreso, ya sea hablando o escribiendo, porque son muchas las ocasiones en las que intento trasladar una idea que para mí es tan nítida y el resultado es abismalmente contradictorio que me encuentro en la disyuntiva de no saber si soy el que se expresa con maestría o el que falla en el intento. Hoy es un día de dudas y reafirmaciones. Cuestionar mi miedo a la gente cuando lo más probable es que me tenga miedo a mí mismo o a ése que lo hace todo tan bien. Al final me acabo convenciendo de que no soy esa persona. No me creo esas virtudes ni en términos relativos. Y pienso que la escritura es una balanza que me dará un equilibrio que destierre algunos de esos pensamientos. En cierta manera lo consigue aunque las recaídas se producen con mucha facilidad. Será esto otra prueba…

... de besugos.
- ¿Alguna vez has entrado en una habitación y te has dado cuenta de que el reloj de mesa pasó de estar en una esquina ladeado a estar más centrado y en una posición frontal?
- ¿Cómo?
- O un lápiz colocado paralelamente al lateral de la mesa que se encuentra inclinado.
- No.
- La sensación de que la habitación no está como antes.
- Pueden haberla limpiado.
- Sí, pero al final todo estaría en su lugar como al principio.
- Es posible que ya no lo recuerdes.
- Todo orden tiene un sentido, ¿de qué sirve si se olvida?
- No sé, a lo mejor no es importante.
- Orden delineado simétricamente armónico.
- Ya me doy cuenta…
- ¿Alguna vez has repetido asiento?
- Seguramente.
- Hasta sentirlo como una referencia y tener una sensación de pertenencia mutua.
- No, así no.
- Habíamos pasado ya por esto.
- Ah, sí.
- ¿Te sientes incómoda si traspasan tu espacio personal?
- Depende de lo loco que esté el que lo haga.
- ¿Eres escrupulosa con objetos que han usado terceros como cubiertos o vasos, tienes alguno favorito? ¿O te parece que tus manos estén siempre sucias?
- ¿A qué vienen tantas preguntas estúpidas?
- ¿Nunca has tenido la sensación de hacer o decir algo inoportuno pero que era sincero con lo que sentías en ese momento?
- Eso es completamente egoísta.
- Al menos no es tan malo como caminar sin pisar las juntas de las baldosas o algunas de ellas porque no te gusten. O tener que volver a mirar cosas que ya has hecho por no estar seguro de si lo hiciste.
- No, definitivamente lo anterior es mucho peor.
- ¿Sabes qué es lo malo de que algo no salga como planeabas? Ya sea porque surge algo inesperado o porque falla el plan?
- La decepción.
- No, que estabas hecho a la idea. Eras partícipe de ella, te habías acostumbrado y que cambie drásticamente no es algo a lo que puedas hacerte a la idea nuevamente sin margen de tiempo.
- No sé de qué me hablas.
- Te pondré un ejemplo. Tú me pides que me vuele la tapa de los sesos ahora mismo. Bien, pues lo molesto sería que no me dejas tiempo para hacerme a la idea. Si me dijeras que me volase la cabeza dentro de una semana, podría acostumbrarme a esa idea.
- Verdaderamente estás mal de la cabeza.
- Me obsesiona la idea de mirarte en la distancia sin que te des cuenta hasta que por fin lo haces y nuestras miradas se cruzan mientras me sonríes. Me asolan mil preguntas que no soy capaz de hacerte y me quedo callado, mirándote para no estropear ese momento.
- ¿Por qué?
- Porque nunca serás capaz de mirarte con ojos ajenos y encontrar esos pequeños matices maravillosos que idealizar y que tan solo esa forma de mirar puede conseguir. Y disfrutar con ello.
- Pues no es recíproco.
- Ni espero que así fuera.
- ¿Con eso te conformas?
- No, pero tampoco tengo alternativa.
- Tampoco lo es desistir.
- Eso es algo que aunque quisiera, no podría.




P.S. Este dibujo también define la entrada. Mira que hace tiempo que no publico y es lógico, porque para poner basura tan nauseabunda hace falta valor. Y más que por lo que está escrito es por cómo lo está, horrible. Salvo el poemita porque me hace gracieta. También es síntoma de lo pésimo de la entrada que me explaye tanto.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Título Mobiliario

"El proceso creativo" por John M. Osterloch.
Todo comienza con una profunda incisión en el parietal, lo suficientemente ancha como para introducir un par de dedos. Se extraen del interior unas pequeñas bolitas semejantes a perlas, que son ideas en su forma crisálida antes de completarse la metamorfosis. Éstas se incuban en un horno industrial previamente a la fase de moldeo. Luego, alimentan a la red eléctrica en un pulso de medio nanosegundo, formando parte de una batería debido a sus excelentes propiedades electromagnéticas. Por otro lado, se cortan varios esquejes de un árbol milenario precolombino, se rompen y se introducen en una mezcla aritmética de rimas asonantes y derivados naturales de alcohol etílico. Todo esto se centrifuga en una lavadora de cinco metros de diámetro de tambor, alimentada con las baterías citadas anteriormente a la que se le extrajeron las perlas que serán introducidas en el cajetín de la propia lavadora. Cuando el programa termina, la imagen proyectada sobre un panel blanco de la luz de un foco que atraviesa el tambor, se visualiza. Una vez que acaba, el visionado queda grabado en una película VHS. Se recoge el contenido de la centrifugadora y se unta sobre la película, se espera de dos minutos y medio a cuatro meses y veinte días para el término de la elaboración y vuelta a empezar. El proceso puede sufrir leves cambios de una preparación a otra o no guardar el más mínimo parecido.

A lo mejor...
A veces el presente se convierte en un fin, en lugar de ser la herramienta con la que cambiar el futuro. A veces el ser humano se mueve por fines individuales, en lugar de tomar parte en la sociedad. A veces dejamos que el miedo tome las decisiones, en lugar de apartarlo de ellas. A veces preferimos creer, en lugar de pensar y cuando se trata de ver, nuestra creencia niega aquello que la contradice. A veces es mejor conformarse con poco porque siendo consciente de la situación, es mejor que nada, en lugar de perseverar en el inconformismo. A veces es mejor rendirse a la evidencia en la que las ideas que persigues están equivocadas, en lugar de querer saber por qué o si lo están. A veces es mejor haber amado y haber perdido que nunca haber amado, en lugar de nunca haber amado. A veces me gustaría que siempre fuera nunca, en lugar de que jamás fuera siempre. Y siempre te diría que jamás fuera nunca.

Conjeturas.
-Plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo.
- No prestaba atención.
- Decía que, ya que se nos agotan los temas de conversación. Hablemos del sentido de la vida.
- No deberíamos correr ese riesgo.
- ¿Cuál es el sentido de la vida?
- Una película.
- No, la pregunta transcendental.
- Ah, vale. Entonces, resuelvo.
- Sorpréndeme.
- Bien, ya era hora de hacer una pregunta a la altura de mi categoría…
- Veamos si la respuesta también está a la altura.
- La respuesta se la da cada uno para sí y lo analizaré bajo la subjetividad de mi prisma. Ya sean algunas aceptadas socialmente como formar una familia, algo que requiere de una mezcla de generosidad y egoísmo que me parece difícil de juzgar pero, que sin duda debe hacerte sentir realizado al concebir vida en este mundo. Otra opción podría ser la consecución del éxito profesional tras esfuerzo y dedicación y por contrapartida el culto al hedonismo. Entregarte al prójimo, a la sociedad o al dinero y el materialismo. Podría ser la dedicación al estudio o a la pura inventiva y el juego de la creación. Al pensamiento y la reflexión o a la fe y las creencias. A las ciencias o a las drogas, armas y prostitución. A una espiral de violencia, al daño y el dolor profundo, la autodestrucción o la autocompasión. Aún así dejo algunos puntos de vista desprovistos.
- ¿Puedes hacer un resumen?
- Se dice que el sentido de la vida es buscar la felicidad.
- Eso podría considerarse como una majadería.
- Es una paradoja. El sentido de algo es buscar otra cosa. Sería como decir que el sentido de la felicidad es buscar la vida.
- Bueno, mirándolo desde ese lado…
- Y como no quiero tratar el tema en tercera persona, me mojaré hasta el pelo. Diré que me inclino a pensar que el sentido de la vida es ninguno. Que no hay sentido más allá de lo que hacemos y aún sabiéndolo, vivimos nuestra vida. Hay personas que por no encontrar ese sentido se suicidan, cuando el sentido se encuentra precisamente en lo que pierden. Quizás la vida sea un sentido en si mismo mientras dura y por eso no sea necesario buscarlo.
- Pero, ¿tú tienes estudios o algo como para hacer este tipo de aseveraciones? Un poco de documentación, por favor. Por mucho menos podrían imputarte.
- Tendré que pedir perdón por no ser un experto.
- No sería suficiente.
- Pues, que me corten la cabeza.
- ¡Que le corten la cabeza!




P.S. Que el dibujo hable por si mismo...

domingo, 5 de julio de 2015

Anticuentos III

Decibelios.
Volvía a recorrer esos bosques al comienzo de la primavera. Pronto necesitaría un lugar donde descansar y comprar provisiones, por lo que no hubo mucho tiempo para admirar el paisaje. Aún en el bosque, en el camino a la ciudad que se empezaba a vislumbrar había una pequeña choza al lado de lo que parecía ser un árbol metálico. En aquella casa vivía una mujer con su esposo. Mientras descansaba sentada, no paraba de mirar el árbol. Le pregunté por aquel extraño espécimen. Me dijo que desde que apareció escuchaba un ruido incesante en el oído derecho. Lo llamaba “el ruido del Universo”, ya que parecía el sonido de una maquinaria estelar, profundamente constante. Nunca había conocido algo igual, de manera que tomé algunas anotaciones del caso en mi diario, junto a tantas otras historias de mis viajes. La mañana siguiente comenzó con un extraño sonido que sacó al pueblo del sueño. Era el sonido de una marea metálica, similar al que se escucha después de zambullirse en el mar. Volví corriendo a la casa y para mi sorpresa todo había desaparecido. No quedaba rastro de la choza ni de la casa. Sólo un ruido que se disipaba.

Desenlace prematuro.
No solía hablar, su mente le parecía tan caótica que prefería evitar la posibilidad de contrariar a alguien. Hasta que un día empezó y ya no pudo parar. Tenía tanto que contar que le faltaba tiempo. Lo suyo acabó por ser un don con el que embelesaba a la mitad de quienes le escuchaban y atraía la atención de la otra mitad. Esa facilidad de palabra terminó por encumbrarle al éxito como orador. La gente hacía cola para escucharle allá por donde iban y algunos fantaseaban con la idea de intercambiar palabras brevemente. Una noche en un bar, se topó con una vertiginosa silueta coronada por una melena larguísima, que durante su discurso permaneció de espaldas dando la cara a la barra, removiendo su elixir. Él se acercó y cuando ella notó que se situaba justo detrás, se giró y le besó. El beso fue duradero, suave, sensual y lo más curioso fue que le dejó sin palabras, acabando esa mudez con su prometedora carrera. La historia acaba aquí. La pareja lo intentó por un tiempo, pero no funcionó. Él se fue a freír pollos a Arkansas, allí era dueño de una pequeña cabaña donde se aislaba de las tendencias de un mundo que no comprendía y ya no podía controlar. Ella alcanzó un puesto de alta dirección en una gran multinacional. Se casó y tuvo hijos, pero nunca encontró las palabras que robó aquella noche.

Desvanecimiento.
Estaba en ese cajón o mejor dicho, siempre había estado en ese cajón. Lo miró de arriba de abajo. Lo revolvió por completo, sacando todo su contenido y al dejarlo vacío, volver a colocarlo todo de nuevo. No aparecía. Era un auténtico desastre. ya que estaba a punto de perder una oportunidad única e irrepetible. Algo que se disolvería en el tiempo para extraviarse en el vacío de la nada. La angustia se acrecentaba y aunque el esfuerzo era titánico, tanto para encontrar lo que buscaba como para conservar la determinación de aquello que quería preservar. Se sentía impotente ante la inmediatez de la derrota y la desolación momentánea que ésta provocaría. Aunque durara sólo un instante era lo suficientemente terrorífico como para seguir buscando. Cuando la inercia se había apoderado del control de sus actos por la desesperación, lo encontró. Lo sostuvo en su mano incrédulo, pensando que no iba a ser capaz de encontrar ese bolígrafo. A fin de cuentas, todo fue en vano, ya que había olvidado lo que pretendía escribir.

Desenlace inicial.
Era el final feliz de un cuento, tomaba una pose pin-up con un maquillaje sutil que le favorecía. Cualquiera caía a sus pies y aunque se daba cuenta, no parecía darle mayor importancia. Siempre le invitaban a tomar algo con el pretexto de conversar, pero al final siempre le preguntaban cómo acabaría todo aquello. Era algo que le producía un enorme agravio y acababa rechazando a cada uno de los acompañantes que se le acercaban. La historia se repetía sin parar y el cansancio dio paso a la obsesión en la que era sólo parte de un todo. Podía oír en su imaginación la enunciación de esa misma pregunta una y mil veces en bucle. Un día caminando por la calle la ansiedad le hacía caminar con torpeza. La calle se movía a su paso y era difícil mantener el equilibrio. De repente, tropezó con un caballero y avergonzada, se disculpó. Lo que no esperaba era la respuesta de aquel hombre cuando al percatarse de su estado, le preguntaba cómo había comenzado todo esto. Al escucharle, un par de lágrimas mojaban su sonrisa.

miércoles, 1 de julio de 2015

Reuniones de Tiburones.

Ordenando el caos.
Vivimos sobre la premisa en la que existen valores correctos. Conductas ejemplares que hay que copiar. Eso permea conformando una moral, basada en los sentimientos. Por tanto, cualquier acto que provoque agravio y la experimentación de sentimientos nocivos pasa a ser repudiable. Bien es cierto que ese mismo acto puede carecer de connotaciones negativas para otra persona. Siendo así, asumimos la subjetividad para catalogar el bien y el mal. Damos posibilidad a que impere una moral que prevalece, unos sentimientos sobre otros en una demente irracionalidad donde no hay dos personas que sienten igual. Aparece el cinismo de la empatía, la hipocresía y la doble moral. Pues bien, esa es nuestra condena. Porque no podemos llegar a la ética. Sin saber pragmáticamente y conceptualmente la representación de bien y mal, no tenemos certeza. Vivimos subyugados a una moral impuesta, que no tiene por qué representar el bien y que nunca sabremos si lo hace. Somos vencedores o vencidos porque no podemos estar seguros de ser buenos o malos. En fin, si tienes tiempo, revisa tu estantería y al ordenarla, quizás, encuentres una respuesta.

El caballero Apo.
No pudo reprimir que una lágrima cayera por su mejilla al volver a leer la historia de aquel noble corcel. El mundo había cambiado mucho menos desde entonces y palabras como el honor y el valor quedaron fuera de contexto. El competitivo individualismo acababa con cualquier posibilidad de avance. Así llega el progreso. Esa era la contradicción de los nuevos tiempos. De repente, la televisión anunciaba una noticia de última hora. La Bolsa de cada país cerraba porque en todas ellas entró un jinete en el mismo momento proclamando el apocalipsis. El mundo se sumió en un completo caos que dio paso a la desglobalización. La gente atendía lo cotidiano, lo más próximo. Las grandes ciudades se disolvían y multitud de personas volvían a la tranquilidad de pequeños pueblos ante las calamidades que acontecerían. Vivían con lo necesario, pero experimentaban una felicidad placentera. Se dejó la ley a un lado, buscando la aceptación del uso de la lógica para llegar al bien común. A fin de cuentas, si se acababa su tiempo por lo menos pretender vivirlo con cierta armonía y decencia. Finalmente, nunca llegó el temido apocalipsis, pero la sombra de su cabalgadura encumbraron un final imprevisto.

El dilema de la botella.
El sueño de la botella fue que la vaciaran y el vidrio sonara hueco. Se difuminaba una carcajada histriónica en el fondo de la habitación. Un discurso se hilaba desenfrenado, sin posibilidad para retomar el control. Se repetían algunas frases, se repetían algunas frases. El paso era torpe y lento, incluso decadente. El ambiente se espesaba y rozaba lo extrasensorial. Se empapaba en sudor y se repetían algunas frases. Podía experimentarse la rotación y traslación terrestre en una situación mareante. Los problemas eran obviados y cada visión se positivaba. La fraternidad se erigía como pieza fundamental y se repetían algunas frases. Todo estaba bien, todo está bien y volvía de nuevo a la botella. Lo que fallaba en todo este planteamiento es que la botella ya estaba vacía antes de empezar el texto.




P.S. Pongámonos en antecedentes. Empecemos el mes.

lunes, 29 de junio de 2015

Setas Alucinógenas.

... con el mazo dando.
Sé que es tarde, no hace falta que digas nada. Aún escucho esos aullidos por la noche. ¿Sabes lo que es maldecirte durante años y luego correr por un campo de amapolas que no existe? Me pregunto cuánto he de mantenerme la mirada para reconocerme. Un día, sí, un día sin viento. Los halagos ya no me hacen efecto, podría decirse que soy inmune. Y alérgico a la gente, no a las personas. Me quedo dormido escribiendo y temo no acabar. Soy proclive a los soliloquios solitarios. Sería un eufemismo llamar a mi problema anacronismo. Si lo escribo es que ya no me importa. Es molesto repetirse. Lo que no está no me hace daño, hasta que me acuerdo. No me entiendo pero ya no me preocupa. Los errores roban el tiempo. Sé que es tarde para echarte de menos.

Parafilias.
Mirar una boca,
con los labios
vestidos de carmín,
durante horas.
Tocar un cuerpo estático,
mientras a intervalos
hay caricias
y se aprieta la carne.
Oler la piel,
que te envuelve
en su aroma
impregnando la mente.
Probar cada tramo
y repetir consentido
hasta quedar saciado.
Escuchar la respiración,
intuyendo algún gemido
y los latidos del corazón.
Sentir el momento,
disfrutando cada aliento,
creyendo que será eterno.

Infravivientes. Coágulo - Parte I
- Estamos en una isla desierto.
- Dirás desierta.
- No, desierto. Desierta no puede ser porque estamos los dos y es desierto porque sólo hay arena.
- Claro.
- Aunque hace unos días vi un cactus y se me apareció.
- ¿Quién se te apareció?
- El cactus. Decía que tenía mucho calor y si lo podía dar el mando del aire acondicionado.
- Un espejismo.
- No, luego pidió unos vasos. Dijo que el pondría el ron y después a vivir la vida. Más tarde, recibí una fuerte negativa ya que no había lugar donde colgar las hamacas.
- Es excéntrico.
- Lo sé, es como ser dominguero en sábado.
- Bueno, ¿qué te parece la isla?
- Es lo más parecido al limbo, no hay flujo.
- Pues a mí me molestan los mosquitos por la noche.
- Es peor en la ciudad, sin duda. Todos esos pequeños chupópteros gritando “Raid” mientras implosionan. Así no hay quien duerma.
- Por lo menos aquí estamos a salvo de las noticias.
- Eso sí que es una ventaja.
- Una isla 100% libre de periodismo del siglo XXI.
- Me estaban empezando a dar vergüenza ajena.
- Y eso que algunos sólo reconocen estar pasando por una crisis.
- Han pasado a mendigar titulares que repetir sin parar en un ejercicio cansino en el que otorgarle importancia y mayor trascendencia. Deja de haber diferencia entre información y opinión, cayéndose irreparablemente en el sensacionalismo.
- Te hago un “fact check”, te digo que eres un mentiroso y luego termino diciendo que “estos son los datos y suyas son las conclusiones”. Concluyo que eres un mentiroso, pero no podemos concluir por ti.
- La paradoja hipócrita.
- Es insultante cuando la real preocupación es la audiencia.
- A continuación, el tiempo.
- El viento continuará siendo condescendiente hasta primera hora de la mañana en la que empezarán a formarse soberbios tornados que acercarán unas nubes muy ofensivas mediada la tarde. No se esperan precipitaciones aunque podrán caer chubascos aislados y también airados de madrugada. Las temperaturas serán bipolarmente antárticas en todo el archipiélago.
- ¿En serio?
- Nos vamos a tostar al sol como todos los días.
- Demasiado bonito para ser verdad.
- Se nos agotan los temas.
- Sí, ya. Claro, porque bromas de cocos…
- Está muy visto.
- Y no quería hablar de periodismo pero…
- Ya está hecho.
- ¿Y la política...
- Si quieres que perdamos este halo de seriedad que tanto hemos trabajado.
- ¿Qué esperas de esta isla?
- No lo sé. ¿Eso es todo lo que se te ocurre?
- Ya que hemos captado la atención del lector ahora tenemos el privilegio de llevar la conversación a donde queramos. Yo no sabría si esperar algo.
- Esperaría que se moviera para ver si llegamos a algún sitio.
- Ya estamos en un lugar, la cuestión es aprovecharlo.
- ¿Cómo se hace eso?
- Buenos, pues, estamos hablando…
- Esto empieza a ser aburrido.
- Creo que es fundamental.
- Pues aquí te quedas y se lo explicas a las olas del mar.




P.S. Ya no sé ni qué poner.

miércoles, 17 de junio de 2015

Gran Fábula.

Fariseos.
Hermanos, nuestro tiempo de adoración llega a su fin. Han sido largos años de espera en los que la televisión ha difundido un dogma que seguimos como doctrina. Enseñaron que se pueden rescatar bancos por algo que pasaba con una prima. Las comisiones son el pan nuestro de cada día. Fomentaron la movilidad exterior e incurrieron en una regularización fiscal. Hoy es el día de nuestra revelación. El periodismo no es sensacionalista en busca de un titular con el que llamar la atención, ni parcial al desviar el foco de atención de asuntos relevantes. Ni siquiera comen de los rescatados. Que otras opciones no son posibles, no os dejéis contaminar por predicadores del caos. Lo público es ineficaz, la banca no tiene que estar controlada por políticos, el comunismo es utópico, el anarquismo es utópico. No sembraremos la calle de miedo, ni haremos cazas de brujas. Somos plurales y mayoritarios. Somos ejemplo a seguir y somos espejo de la sociedad. Por eso, hermanos, en este glorioso día de la revelación podemos decir que somos una gran mentira.

El nuevo.
Buscas algo por terminar, ¿no es así? Algo inacabado, que por algún motivo quedó varado en el tiempo. ¿Por qué ahora? ¿Acaso te sientes con fuerza o con la lucidez necesaria como para enfrentarlo? Es ingenuo pensar en la pretensión de compensar la agonía del tiempo con buenas palabras. Pero no te equivoques, sé que en tu cabeza ahora todo tiene sentido como si de resolver un rompecabezas se tratase. Y la realidad es que no hay ningún enigma y nunca lo ha habido. Sólo un esfuerzo innecesario de poner obstáculos por medio. No vuelves por cobardía y por desidia. Miedo a lo desconocido cuando es más dañino no saber. Y es preferible saltar al vacío que al suelo según tu razonamiento. Pero no te preocupes, que se acaba el monólogo y como cuaderno tuyo te digo que dejes de buscar. Que no hay textos por acabar en un afán por acabar uno nuevo. Te toca mover ficha en un tablero nuevo, pon las neuronas a funcionar. Escribe, que entre tanto desatino, un día, acertarás.

Al final, nada.
- ¿Y cómo acaba?
- Pues mal, ¿cómo va a acabar?
- Tus historias siempre acaban mal.
- No, no siempre.
- Bonito punto de vista…
- Fíjate que últimamente casi ni acaban.
- No sé qué es peor.
- Sí, yo sí lo sé.
- De alguna forma utilizas esas situaciones para reconfortarte, como un bálsamo.
- Probablemente, sea más como expiación.
- ¿Y no te das por satisfecho?
- Eso parece.
- Es un alivio.
- Es basura.
- La neutralidad que pervive es agotadora. Y a la vez ser consciente de lo anodinas que son cada una de las palabras que pronuncio. Estoy cansado de no sentir y no saber escribirlo. Que la asepsia me mate las ideas y las convierta en nada. ¿Qué pasa? Nada. No pasa nada. Y esa nada me engulle mientras se hace cada vez más grande. Sin aspavientos, en silencio, en calma. No me da la gana.
- ¿Y cómo acaba?
- No lo sé. Antes todo era visceral, todo estaba a flor de piel. La intensidad era fortísima. Todo era relevante y especial. Inevitablemente desembocaba en una ira fulgurante. La rabia toma el control y te lleva hacia delante porque dejaste el valor olvidado. Lo hace todo por ti, hasta que te das cuenta. Entonces, todo cambia y todo se relativiza.
- ¿Y luego?
- Luego, nada.




P.S. Mejor no acostumbrarse a este derroche de... lo que sea.

lunes, 15 de junio de 2015

Costa Clarividente.

Música y letra.
La música distorsiona el tiempo acelerándolo o ralentizándolo. No obstante, en ciertas ocasiones es el tiempo quien consigue distorsionar la duración de una pieza musical. Esa duración es algo medido, conocido, que podemos observar y comprobar. Pero cuando nos abstraemos, una canción puede durar para siempre o acabarse fugazmente casi cuando había comenzado. Esta puede ser una propiedad única y que se dé exclusivamente en dicha interacción con connotaciones simbiontes. Y es que algo ocurre con nuestra percepción bajo el embrujo de un sonido melódico que altera por completo nuestra dimensión temporal. Y aunque no te des cuenta, necesitas la música para escribir. Encuentras en esa armonía la inspiración de tus historias, tus reflexiones, tus preguntas y el sinsentido que con soberbia quieres poder explicar. Al final, quedan unas pocas frases que perdieron su música.

Me atas, con eme.
¿Me ves?
Ya no me ves.
¿Me ves?
No me ves.
Encaja la puerta,
no la cierres.
Con un poco de suerte
seguirá abierta.
¿Me miras?
No era a mí.
¿Me hablas?
No era a mí.
Conoces mi nombre,
me llamas por él.
Lo olvidas de golpe
y lo escribes en papel.
¿Me recuerdas?
Memoria hostil.
¿Me olvidas?
Mente gentil.
Compruebas la hora
y se ha hecho tarde.
No queda nadie
y la calle está sola.
¿Me crees?
Ya no me crees.
¿Me requieres?
No, ya no me, nunca.
Una fina línea
del delirio te separa.
Y aún no te libras
de preguntas muy raras.
¿Me importas?
Ya no importa.
Me apetece,
decir que me...

Línea 806.
- Necesito ayuda.
- Ha llamado al sitio correcto. Nuestro quiromante echará sus cartas sobre la bola de cristal para adivinar su futuro. Aunque debido a la esfericidad de la misma, esto sea algo estúpido porque al final las cartas se resbalan y acaban desparramadas por la mesa…
- Póngame con él y tómese algo, por favor. Que hay gente con problemas de verdad.
- Al habla el adivinador, ¿en qué puedo ayudarle?
- Necesito ayuda.
- Para eso estamos. Hágame su petición.
- ¿Estamos? ¿Cuántos son ahí? En cuanto a las peticiones, ¿eso es que puedo pedir deseos?
- Ehm, parece que es el típico personaje con severos problemas de comunicación. Cuénteme que le ocurre.
- Tengo un problema.
- Ya lo sabía.
- Claro, es usted quiropráctico de esos.
- No, sé que tiene problemas porque ha llamado. De lo contrario, dudo que se le hubiera ocurrido.
- Digo, ni yo me creo mi nivel de desesperación.
- Bien, display, por favor.
- No sé morirme.
- Me pregunta usted por salud, espere que le eche las cartas, un momento.
- No, no me ha entendido. Le digo que no sé morirme. Qué hacer, cómo actuar. Probablemente, no estaría a la altura.
- Ha salido la carta del loco…
- Tampoco sería buen acompañante. No entendería la necesidad de mi compañía por la falta de tiempo.
- Y aparece ahora el colgado…
- Preferiría no acudir a mi funeral, no me gustan las ceremonias protocolarias.
- Sota de copas, se me han mezclado las barajas.
- Me defraudaría llegar a un estado aquiescente cuando la indiferencia fuese total.
- Un comodín, no te lo pierdas.
- Lo peor sería no cumplir con las expectativas, eso no me lo perdonaría. Se supone que uno debe saber afrontar esa situación.
- Para dejarlo claro, es evidente que estamos a otro nivel. No alcanzo sus pretensiones.
- Definitivamente, no estoy preparado. Perderme para siempre de mi mismo. No es por narcisismo. Total, lo mismo da si te empiezas a acostumbrar o hace tiempo que te aburre. Es irónico como todo lo que nos envuelve es tremendamente transcendente durante tu tiempo y tan efímero después de él.
- La última carta, la muerte.
- ¿Eso qué quiere decir?
- Siguiente llamada, por favor.




P.S. Cuando me da por leer textos de tiempo atrás me da la sensación de que esto es de cara a la galería. Que lo que tenía ya lo he dado. Que lo de ahora es postureo. No suelo leer lo antiguo por lo mismo. Seguramente no será algo tan exagerado. Pero siento que he perdido frescura y que no va a volver. Podría entrar más en detalle, pero me da pereza.

viernes, 8 de mayo de 2015

Letrina Privada.

El anarquista.
Tira al cura del campanario
y reza por la mañana.
Abre más tarde el relicario
y recoge una hostia temprana.
Roba también el cepillo,
gástalo todo en manzanas.
Dáselo a un monaguillo
y que lo reparta entre las damas.
Recreando el pecado original,
echan a las parejas del piso.
Habiendo cometido un acto criminal
al pagar la letra a mes vencido.
Cortando agua, luz y gas,
volver esta prohibido.
Cobrando la mendicidad
del pan que tienen cautivo.
Es cuestión de educación
aprender a sumar
y así de mayor con devoción
poder portar una tarjeta black.
Y no es corrupción
pasar sobres sin sellar
o violar a una menor
si el Domingo vas a comulgar.
Sería lógico pensar
y además recomendable
¿criticar una cierta doble moral?
Como si fuese cuestionable...
Cruza la frontera de la humanidad
hasta que seas irreconocible.
Inventa un nuevo orden social,
no me jodas con imposibles.
Y que el orden sea ficción
y la ley la libertad
y la única verdad el amor
y un sueño de realidad.

Cuadro cínico, con ele.
- Como usted sabe bien, doctor, acudo en busca de su ayuda profesional para lidiar con mis flaquezas intelectuales y mis luchas internas de poder.
- Le agradezco que venga aunque le agradecería verdaderamente que viniera menos, ya que no se toma siquiera la molestia de pagar las horas de consulta privada.
- ¡Qué ocurrencias, doctor! Claro que me tomo la molestia, por eso no lo hago.
- Bien, ¿qué le trae por aquí?
- Esta vez no tiene nada que ver con mi problema con las turgencias.
- ¿Qué problema de turgencias?
- Ya decía que no vengo a hablar de eso.
- Nunca hemos hablado de un problema de turgencias.
- Ni vamos a empezar ahora tampoco.
- Siendo un tema que me interesa tanto.
- Es sobre una disfunción en la orientación temporal.
- ¿De qué proporción?
- A corto plazo.
- ¿Días?
- Incluso franjas horarias.
- ¿Quiere decir que en un mismo día es capaz de saber qué día es y confundirlo?
- Exacto.
- Es más grave de lo que pensaba. ¿Algunos síntomas paralelos?
- Déjà vu e interpretaciones oníricas de hechos reales.
- ¿Y cómo sabe que existen como tal?
- No lo sé hasta que compruebo lo sucedido.
- Como por ejemplo…
- El otro día descubrí que tenía una cuenta en un paraíso fiscal.
- ¿Y no me paga la consulta?
- Desconozco su origen y procedencia. De todas formas es irónico, preferiría estar en un paraíso a que lo esté mi dinero. No entiendo esa concepción.
- Habla como un político, viste como un político, incluso huele a político, eso explicaría la gravedad del caso.
- Créame en 1992 me indujeron un coma que duró hasta el 2012.
- De ahí las secuelas mentales, ¿a qué se debía ese coma inducido?
- Me aburría.
- ¿No se le ocurrió echar una cabezada en lugar de una decisión tan desproporcionada?
- He dicho que me aburría, doctor. Dormir implica una actividad y necesitaba la ausencia completa de consciencia.
- Bien puede marcharse. Tome esta receta, si alguna vez más se encuentra en esa situación son unos comprimidos de cianuro que sin duda le ayudarán a su propósito. Tómelos cada 24 horas. Siguiente…

Cuando haces pop, creyendo que es rock.
Deja la mente en blanco. Es imposible, comparable a querer escuchar el silencio. Para todo hay remedio y en este caso es el papel. Ese papel que te deja en blanco, permaneciendo de esa manera el mismo. Te deja en evidencia por inoperancia. Dando cabezadas en el intento de buscar la palabra con la que comenzar una nueva frase. Y al cerrar los ojos ya no la recuerdas y la mente se tiñe de negro inconsciente. Los ecos admiraban tu destreza y esa manera peculiar de hilar el argumento aunque fuese indescifrable. La maquinaria neuronal funciona surcando el aire en una abstracción permanente para una reflexión incompleta al estar delante de una hoja de papel. Deja la mente en blanco.




P.S. Podría parecer que me haya puesto a escribir en estos días, nada más lejos de la realidad. A saber cuanto hace que estaba esto por un cuaderno. Meter el papel en el ordenador y que se calque lo que está escrito lleva más tiempo de lo que pensaba.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Anticuentos II

La pareja perfecta.
La cordura es un bien escaso. Estaban juntos innecesariamente. Juntos para hacerse daño. Los gritos y peleas daban paso a períodos de silencios incómodos que desembocaban en más riñas. El amor era una palabra que carecía completamente de significado. Se detestaban hasta tal punto que no podían estar sin el otro. ¿Cómo iban a separarse de la única persona a la que sentían así? ¿Dónde iban a encontrar alguien igual? Esa manera de despreciarse, de resaltar los defectos del otro, las miradas de odio, los comentarios mordaces, las bromas pesadas, los golpes bajos, la indiferencia premeditada. Era tan perfecto, tan mágico. Tan claro y diáfano que no podían dejar que pasase desapercibido. Se detestaban como nadie más en el mundo y eso para ellos era suficientemente importante como para seguir juntos. Lo que buscaban era algo que nadie más les pudiera dar. Algo inequívoco en un mar de incertidumbre.

El cuentatiempos.
El cuentacuentos viajaba de un lugar a otro con sus historias a cuestas que intercambiaba por alojamiento y comida allí donde pasaba. Eran historias alegres de personajes humildes y finales felices. Al poco tiempo el cuentacuentos aprendió a utilizar como protagonistas a los oyentes de sus historias y veía perplejo como sus relatos se hacían realidad, llenando de júbilo y gozo a todos aquellos con los que interactuaba. Al ver cómo esto sucedía, pensó que podía ser él, protagonista de una historia y de esta manera poder beneficiarse de lo ocurrido en el transcurso de uno de sus cuentos. Así lo hizo y para su desgracia la recompensa fue una amnesia absoluta. Olvidó todos y cada uno de sus cuentos, su profesión, incluso su identidad. Olvidó su nombre, su origen y sabía reconocerse ante un espejo. Nadie volvería a disfrutar de sus relatos y las buenas consecuencias que éstos traían.

Ver, viendo, visto. Visionario.
O blanco o negro. Habiendo una variedad de tonos entre ellos en una escala de grises prácticamente infinita. Para qué quedarnos ahí pudiendo hacer uso de colores en la amplia gama que nos proporciona la combinación del arcoíris. Eso es lo establecido, pero lo realmente transgresor sería romper la escala cromática que es una ínfima fracción del espectro. Y aunque surquemos el infrarrojo en longitudes de onda mayores en busca de calor o viajemos del ultravioleta al X o al gamma en frecuencias extremas, abarcando por completo este espacio, aún es insuficiente. Porque lo realmente transgresor sería buscar lo desconocido para que al verlo, podamos llamarnos visionarios.

Insert coin.
Aquella mañana no despertó. Echa una moneda. Sirvió el desayuno con leche en mal estado. Echa una moneda. Salió a la calle y le atropelló el autobús. Echa una moneda. Llegó tarde al trabajo, le despidieron y se tiró del último piso. Echa una moneda. A la hora del almuerzo se ahogó con una aceituna. Echa una moneda. Eran las cinco de la tarde y se murió de aburrimiento. Echa una moneda. Metió un tenedor en un enchufe. Echa una moneda. Se cayó por las escaleras. Echa una moneda. Le quemaron en una hoguera. Echa una moneda. Se bebió un vaso de hipocloroso. Echa una moneda. ¡Que le corten la cabeza! Echa una moneda. Cumplió cadena perpetua. Echa una moneda. Volvió y la casa se le echó encima. Echa una moneda. No comía hacía año y medio. Echa una moneda. Se pegó un tiro al ver a su mujer acostándose con otro hombre. Echa una moneda. Se durmió para siempre. Game Over.

domingo, 15 de febrero de 2015

Marquetería Silvestre.

La cuenta macarra.
- Una vez vi a un mendigo durmiendo en la entrada de una sucursal bancaria y por la mañana cuando fueron a abrir, le quisieron vender participaciones preferentes.
- Pero, ¿cómo puedes burlarte así de miles de personas que lo están pasando mal?
- Eso mismo es lo que dijo el mendigo.
- En cualquier caso, no sé cómo hemos acabado hablando de esto.
- Qué preferirías ser, ¿genocida o masoquista?
- Masoquista.
- ¿Por qué?
- Por empatía, supongo.
- Reformularé la pregunta. Qué preferirías, ¿tener que ver todo el repertorio de Lina Morgan en bucle o pulsar el botón que active un ataque nuclear que acabe con dos tercios de la población mundial?
- Le daría al botón aunque fuese sólo tener que verlo durante un par de minutos.
- Es ese tipo de reflexiones que no necesita consulta con la almohada.
- Además se arreglaría el problema del mendigo.
- Hombre, aquí quien más quien menos querría ser como el pequeño Nicolás.
- ¿Conseguidor?
- No, agente secreto y deportista de élite.
- Ya, a veces me planteo si en los libros de historia del futuro las guerras púnicas figuren como si hubiesen sucedido en Madrid.
- Sí, Aníbal Granados atacaría Madrid en elefantes bajo comisión.
- Corrupción en Miami.
- En Miami, por la mañana la corrupción está generalizada, por la tarde nadie prodrá, podrá probar que no son inocentes y por la noche todo es falso, salvo alguna cosa.
- It’s very difficult todo esto.
- ¿Y cuánto dinero? ¿Y cuándo la cárcel?
- La segunda ya tal y en cuanto a la primera pues es que la indemnización que se pactó fue una indemnización en diferido y como fue una indemnización indifi, en diferido en forma, efectivamente, de simulación, de simulación, o de lo que hubiera sido en diferido en partes de una, de lo que antes era una retribución, tenía que tener la retención a la Seguridad Social.
- Realmente había venido buscando otra cosa. No es que tengamos mucho tiempo porque apenas nos estamos tomando un relaxing cup, ¿verdad? Pero tengo tantas cosas que decirte que no sabría por dónde empezar y…
- Fin de la cita.

Luciérnagas.
La memoria es tan necesaria,
tan honrosa y a la vez tan honrada
y a la que honrar
recordando el suceso
que siendo presa del olvido
hemos rescatado en nuestro recuerdo.
El orden, el caos, da igual,
lo importante es el sitio.
Sin la ubicación se pierde la esencia
y se cae en el ostracismo
y no hay nada tan devastador como eso.
Pese a llevar en mi interior
aquello que más quiero
sé que el final no es un misterio
y eso me hace presa del miedo.
En el tiempo todo es efímero,
en el tiempo todo es pasado,
en el tiempo habrá un futuro,
en el que nadie te haya recordado.

Entimema.
Cuenta tres palabras a la izquierda. Comienza a leer desordenado. Sin que el sentido importe. Sólo palabras sueltas. Inconexas. Paradójicamente se forma una historia. Y vuelan las suelas del este de Macedonia. Empujando la cumbre del trono en la charca. El sonido parte el espacio de un cuarto de siglo. Toman marcapasos que reptan en las cabezas de unos marcianos. Un limón besa la córnea viscosa que mece la fuente del deseo. Las siluetas manejan la ley del infortunio. Y vivir en la niebla del bucle electrónico. Más no sufres cuando atraviesas el fragor de la lujuria. Y cuentas las sillas en contra. Una fragancia se trenza en el escenario. Se rompe el absurdo. Realmente, ¿te estremeces al oír una canción? Entras como en una especie de posesión en la que te evades del mundo y el sonido te transporta a una realidad distinta en la que todo fluye y cobra un sentido inexplicable. Y, ¿por qué no?, mejor. Te hace sentir bien, te hace sentir vivo. Y eso cobra importancia cuando vivir pasa a ser un acto tan inconsciente como respirar. Cuenta tres palabras atrás. Y todo volverá a comenzar.




P.S. Que no quiere decir que esto esté bien. Ni con coreografía tampoco...

lunes, 26 de enero de 2015

Anticuentos I

Viaje de ida.
El plasma sanguíneo empezó a dar señal televisiva. Aparecía una chica guapísima que vestía una sonrisa que le quedaba estupendamente hasta que se la borraron de la cara. Una bomba y mil luces que explotaban por la mañana. El periódico envuelto en piedra atravesaba las ventanas. Los billetes catódicos compraban suerte en la ruleta. Unos botes de pastillas que no aparecen, que no existen, que al final resulta que son invisibles. La mente en blanco, el corazón en la mano y cientos volando. Y la esfera rodando tiñe de dorado la mierda que has pisado. Cuenta atrás al año pasado y ahí se quedaron. La mentira mil veces repetida ya no es verdad sino indiscutible y es que el disfraz es impresionante. Se hace cirugía estética y qué importa si es natural o artificial, lo indudable es que ahora impresiona aunque puede que mañana no haya nada y que la verdad sea por fin mentira, pero ahora realidad.

Viaje de vuelta.
Hay una mano que deja la droga encima de la mesa. Luces de neón que iluminan a los proxenetas antes de salir de la habitación. El cañón escupe balas que cruzan el tórax y salen diciendo adiós. De tinta carmesí se pintan ahora las paredes en los moteles sin pedigrí. Firmado con agujero humeante en la sien del verdugo de cadáveres andantes queriendo huir. Ser trofeo exultante en vitrinas translúcidas al ser pasto de la taxidermia. Y dibujando en el rostro la silueta de una sonrisa en el horror de un segundo que dio la vuelta a la cara. Y el dinero se trafica en casinos de trasplantes y gritos. Se quema las córneas para ignorar lo que había visto. Aunque la lengua trae más desgracias, cuando la clave está en seguir la máxima en la que el olvido es tu aliado.

Fracasa, Moraleja.
Moraleja era sin duda un tipo peculiar. Conocía los bajos fondos como la palma de su mano, el ambiente que se respiraba y cada esquina en la que el peligro acechaba. Frecuentaba los típicos bares de mala muerte en los que las historias fluían tanto como el alcohol, siendo prolíficas para sus investigaciones. Estaba enamorado de Rosalín, una bailarina de un club nocturno a la que acompañaba a su apartamento cada vez que terminaba su turno. Pero nunca avanzaba más allá de la entrada donde siempre la despedía. Desconocía si el sentimiento era recíproco, pero parecía que su compañía le agradaba. Una noche unos matones salieron a su paso. Moraleja defendió a Rosalín con su directo de derecha, pero no pudo evitar que le apuñalaran repetidamente en el costado. A Moraleja le esperaban varios meses de hospital y rehabilitación. Tendría secuelas de por vida que limitaban su capacidad para caminar. En cuanto a Rosalín, abandonó la ciudad y nunca más supo de ella. La mañana de la salida de Moraleja del hospital, éste se despertó y encontró una fotografía de Rosalín en la mesa al lado de la cama. Tenía la silueta en carmín de un beso en el reverso.

Triunfo yermo.
Se levantaba con energía cada mañana. Antes de salir de casa se miraban en el espejo para comprobar si iba guapa. Hoy tenía una entrevista de trabajo que consiguió sin muchos problemas. Esa noche saldría con su chica para celebrarlo. Sí, era lesbiana y estaba conforme con su cuerpo y su sexo. No había perdido un ápice de feminidad en su forma de actuar, no obstante, sentía una gran atracción por las personas de su mismo sexo, en aquel momento una mujer en particular. Esto tuvo como consecuencia que su familia se apartase de ella con el mayor de los desprecios. No entendía cómo su manera de sentir podía provocar tanto rechazo, pero aprendió a vivir con ello. Un mal día a su chica le visitó su ex novio. Escopeta en mano la abatió a bocajarro. Luego se metió el cañón en la boca y apretó el gatillo. Ella se quedó congelada para toda la vida cuando al volver del trabajo se encontró con lo sucedido. Se llamaba Silvia y le faltaba la vida.

lunes, 19 de enero de 2015

Disfraz Dance.

Satélite.
Miro la Luna y pienso en el espacio que nos separa. Esa distancia la hace parecer irreal. Y ahí está, brillando como un espejo de luz nacarada que refleja la verdadera luminosidad. A veces, me pierdo en mi pensamiento y no me encuentro. La Luna parece ser un cruel artificio en el cielo. Quizás porque se vislumbra su forma y esos característicos cráteres. Es curioso pero veo la Luna y siento que al mismo tiempo me estoy mirando desde ella. Flotando ingrávido y respirando aquello que la envuelve. Cae constantemente sobre la Tierra de manera infinita. En ocasiones se deja ver aún siendo de día más triste y apagada, sin ese resplandor casi místico con el que ilumina los anocheceres. Y no obstante, en ese instante, es real y verdadera sin ese halo de misterio, sin el hechizo y el embrujo, sin ese manto artificial. Al dormir cumplo con el pacto de regalarle mis sueños. Después de la luna roja hay una noche azul y faroles que iluminan en blanco, pero para poder dormir debe predominar el negro. Hay ocasiones en las que la busco en el cielo sin éxito. Si no la encuentras entras en la noche eterna. La oscuridad te atrapa y no te da tregua hasta que aparece. Perdido en el tiempo de la noche eterna.

El primer verso.
Ya no te quiero,
le susurra al sordo
el viento.
Ya no te quiero
y le sabe a poco,
el gesto.
Ya no te quiero
y cuando te toco
no tiemblo.
Ya no te quiero
y reniego de todos,
tus besos.
Ya no te quiero
y aún queda algo
que no entiendo.
Ver tu cara
ausente de mueca
y una mirada helada.
Sin oír palabras
salir de tu boca
que permanece cerrada.
Y cobijarme
en los escombros
de tu derrota.
En charcos de tristeza
gotea una marea
que agota mi paciencia.
Se agolpan palabras
que desbordan mi lengua
para decir con firmeza.
Nunca te quise
y estaría mintiendo
si supiese hacerlo.
Nunca te quise,
ni estando muy cerca
de dejarte tan lejos.
Nunca te quise,
ni derramo más lágrimas
aunque te eche de menos.
Nunca te quise,
sin saber si fue cierto
el primer verso.

Fashion victim.
Son las cuatro de la mañana y me estoy preparando café. Afuera se escucha un perro ladrando. Es tarde, muy tarde. Prosigue un silencio exasperante al acallarse los ladridos. Es pronto, muy pronto. La oscuridad de la noche envuelve mi ojo derecho, encerrando en él un profundo dolor. Y el ojo llora y con cada lágrima el dolor se agudiza estando latente en toda su superficie semiesférica. Doy vueltas tumbado en la cama y el ojo derrama una cortina que escapa del párpado, mojando la almohada. La postura es estoica, soportando la adversidad, sin muecas ni movimientos, mezclado con el cansancio al no poder dormir. La taza se rompe y el café surca la mesa hasta llegar al filo donde un fino chorro se precipita al vacío. Cruza el suelo saliendo perpendicularmente a través del ojo. El chorro se transformó en un túnel por el que viajaba bajo distintas dimensiones. Escuchaba algunas voces que se repetían, a veces creía que no había pasado, otras parecían sólo un sueño. Era difícil distinguir la realidad. La verdad era esquiva y traicionera cuando lo real se volvía confuso. El tiempo se cristalizaba y podía verse como en un espejo. Pensaba en despertarme y lo hacía en bucle, dejando que la imaginación se filtrara. Era tarde, muy tarde. El café retrocedía de su camino, volviendo a cruzar el ojo que seguía doliendo y derramando lágrimas hasta que se abrió por la mañana.




P.S. La primera entrada del año con escritos del año pasado, paradójico. Si te digo mainstream, tú me dices underground. Si te digo, corazón, tú me llamas gilipollas. Qué cosas...